¿Para qué quieren más lana?

Con la alternancia cambiaron las cosas, pero no hubo reformas.

Concertacesión es una palabra horrible. Al menos así recuerdo que se escuchaba a finales de los 80 cuando tachaban al PAN de negociar con un gobierno que era peor que El Chupacabras. Los panistas, decían, a cambio de que se les reconocieran por primera vez triunfos que les habían sido arrebatados por años, estaban dispuestos a votar, junto con el PRI y un gobierno salinista que había nacido ilegítimo, reformas tan importantes para México como la aprobación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, la reforma al artículo 27 de la Constitución para que el ejido pudiera ser propiedad privada y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Y eso era terrible.

Pero uno de los códigos del PAN es la responsabilidad. Sobre todo en los panistas de hace tiempo se puede ver casi tatuada una leyenda que dice: “Primero lo mejor para México”. Más allá de que pedir que no le roben a uno las elecciones es totalmente justo, los votos que el PAN ha dado desde que tiene presencia en los congresos ha sido bajo la convicción de que es algo bueno para el país.

Esto claramente contrasta con la actitud del PRI cuando se convirtió en oposición. A nosotros nos decían concertacesionadores, ¿y a ellos, cómo deberíamos llamarlos?

A partir de la alternancia, en el año 2000, las cosas cambiaron. Las reformas más importantes que quiso impulsar el gobierno de Fox, que en contraste con el de Salinas nació con una inmensa legitimidad, simplemente no sucedieron. Ahora vivíamos un gobierno dividido con un Congreso en el que el PAN no tenía mayoría y el PRI, que podía sumarse para conformarla, desde entonces no lo ha hecho.

Varias veces en la anterior Legislatura Federal, de la cual fui parte, voces de diputados de mi bancada alertaban que no debíamos ceder a los constantes chantajes del PRI que cobraban muy caro sus votos por aprobar reformas diluidas. Un ejemplo fue la reforma que pasó de ser energética a petrolera y que varias de las propuestas sustanciales, como la posibilidad de que permitir inversión privada en ciertos procesos, fueran eliminadas.

Luego, a cambio de aprobar la eliminación paulatina del subsidio a las gasolinas, el PRI exigió que una buena parte del dinero recuperado por ese concepto fuera directo a los estados.

Y así ha sido año con año. Entre 2006 y 2010 las transferencias federales pasaron de 763 mil 198 millones a un billón 22 mil millones de pesos, un incremento de 34%, y en los últimos diez años éste ha sido del 90%. En contraste, el promedio de recaudación propia de los estados es de 7.8%. Hay estados como Guerrero, Tlaxcala y Zacatecas cuya dependencia de lo que le transfiere el gobierno federal es de 97% de su presupuesto. Campeche, la tierra desde la que Humberto Moreira nos dijo hace unos días que ni le salgamos con que queremos la reforma política, la laboral o la de seguridad, hasta reformar la Ley de Coordinación Fiscal para “arrebatarles un poquito de todo lo que se llevan del dinero de los campechanos”, recauda sólo 8% de su presupuesto total. Es decir, que la Federación le regresa 92% de todo su gasto público.

Pero eso no es todo. A pesar de este importante incremento en las transferencias federales a los estados, también su nivel de endeudamiento ha crecido como nunca en la historia. El saldo total de las obligaciones financieras de los estados al 31 de marzo de 2011 ascendió a 363 mil 422 millones de pesos, 83% de lo que recibieron por parte del gobierno federal. Al respecto, veamos el comentario especial que hace la calificadora Moody´s sobre la perspectiva de los estados en México: “La perspectiva de los estados mexicanos permanece negativa debido a que esperamos que el desempeño financiero será débil, el riesgo de financiamiento seguirá creciendo y las prácticas administrativas y de gobierno interno continuarán frágiles… La falta de disciplina presupuestal y las presiones del gasto relacionadas a los ciclos electorales podrían agravar aún más el débil desempeño financiero”.

No es que esté mal el incremento que ha habido a los estados. Lo que sí es reprobable es el secuestro del desarrollo de México vía la obstrucción desde hace años de la agenda legislativa, ahora con un nuevo pretexto: el de darle más poder y dinero a los gobernadores sin que nos digan siquiera para qué lo quieren, sin que nos digan siquiera cómo se lo han gastado y si el gasto de este dinero fruto del trabajo de todos ha sido eficaz.

*Politóloga. Coordinadora Nacional de Diputados Locales del PAN Twitter: @Laura_Rojas__

Temas: