Las pruebas de nuestro tiempo
Ha sido irresponsable e ilegal el manejo del crédito por parte de la cábala de operadores.
Las últimas semanas han sido de prueba para todo el mundo. La validez de los parámetros que hace tiempo aseguran entendimientos internacionales está bajo escrutinio.
El estrepitoso colapso de la confianza en la economía estadunidense, tan quebradiza ante el veredicto de famosos calificadores, cayó como relámpago en los centros financieros y bursátiles, dejándolos sueltos, sin ancla ni punto de referencia, para adivinar perspectivas. Transmitida la noticia, bajó, nivel tras nivel, amenazando el bienestar de las pequeñas economías que en todo el mundo determinan la salud de las naciones.
Ha sido irresponsable y frecuentemente ilegal el manejo de las arterias del crédito por parte de la privilegiada cábala de operadores, dueños de las manivelas de control sobre el mar de recursos financieros bajo su arbitrio. Sus maniobras, al ser conocidas ahora por el usuario de la moderna comunicación social, fueron un ingrediente crítico de la indignación que estalla en varias ciudades de Europa.
Las inmorales operaciones financieras son expresión del esquema de producción vigente que contiene un componente autodestructivo al crear hondos pozos de pobreza, contrapuestas a élites que aprovechan la apertura y globalización para conquistar una ostentosa prosperidad.
Las clases medias que crecen en los países emergentes no han servido de puente entre los dos extremos sociales. Empeñadas en sus propias faenas cotidianas, y desbocadas en consumismo, fijan sus aspiraciones en las cimas de la comodidad personal de los privilegiados, sin tener tiempo para tenderle la mano a los desvalidos.
La ruptura social aparece en el ámbito político de todos los países donde, con escasas excepciones, sus profesionales usan sus carismas en provecho personal. Desvinculados de sus electores, los políticos y sus partidos dejan al garete los intereses nacionales y expuestos a las desordenadas fuerzas del momento. Los resultados están a la vista en términos de fastidio electoral y choques callejeros con visos anarquistas.
Tanto en los campos financiero y empresarial, como el político, la atención a las necesidades de las mayorías se da en términos de redituabilidad.
La ironía de este escenario es que los que abandonan su responsabilidad social se juzgan relevados y hasta legitimados por sus parámetros de éxito en términos de lo monetario o el poder. No ven alternativas. Les parece impensable un modelo nuevo.
Contrarios a tal visión, están las multitudes que se agolpan en los barrios londinenses, como hace pocos años lo hicieran en los de París y Los Ángeles, o el M-15 que se instala en la Puerta del Sol o en Barcelona, o como las revoluciones pacíficas que derrocaron a sus gobernantes en Túnez y Egipto. Sus caóticas demandas surgen de la desesperanza de no tener ocupación ni seguridad, ni inspiración ni dignidad ni más perspectiva que los recortes draconianos presupuestales que se les anuncian. Los desórdenes que por las mismas razones pueden estallar en las ciudades estadunidenses serán, me temo, sangrientas; ahí como lo hemos visto, la gente blande armas, muchas de gran calibre.
En México, el crimen organizado se añade a los temas anteriores. Hay que seguirlo extirpando con todos los medios a nuestro alcance. Su raíz surge de la pobreza que se combate con fuertes inversiones en programas sociales y de prevención, capacitación y apoyo a una vigorosa producción nacional que cree empleos.
No sólo a los tres sectores, financieros, empresarios y políticos, que aquí mencionamos, corresponde responder a las complejas pruebas del momento. Nos hace falta ética y realismo para articular, juntos, con los muchos elementos que tenemos, una nueva vía. Ante todo con fe en nuestras capacidades e inquebrantable optimismo.
*Consultor
