Cierto, el riesgo ha aumentado; es lo bueno
El análisis se ha complicado, pero no es imposible. Participar en los mercados no es un juego. Si así lo piensa, busque otro hobby.
Si bien la semana que hoy termina ha sido terrible en el sentido de la incertidumbre que prevalece en los mercados, tengo que reconocer que momentos como estos siempre ofrecen oportunidades, si bien hay que tener estómago y habilidad para participar en ello. Como ejemplo de la incertidumbre están las variaciones diarias de los índices en los mercados accionarios: en México el IPC varió de lunes a jueves, medido porcentualmente a diario, -5.6, +2.1, -0.5 y +4.3. El S&P 500 en Estados Unidos se comportó, en los mismos días, -6.7, +4.2, -4.4 y +4.6. Hoy supongo que subirán, pero decididamente esta mención es un atrevimiento de parte mía, pues algo que creo que queda claro es que con volatilidades del tamaño descrito es difícil intentar tener una apreciación más o menos correcta de lo que pueda suceder.
Pero como a esto de los mercados y la economía es a lo que me dedico, pues trato de ofrecer mi mejor aproximación a lo que, creo, puede ocurrir. Y el decir de “hoy subirán”, en estos momentos, trae consigo el riesgo de saber (que en estos casos es un eufemismo) cuál será el “sabor del día”. Es decir, en qué carambas se fijarán los mercados para orientar la dirección de los precios, pues en los días recientes nos hemos topado con un cambio de calificación a la deuda de Estados Unidos, con una acción de la Fed que fue tomada como positiva por los mercados, pero que al día siguiente fue borrada del mapa por un chisme relativo a una degradación de la calificación de la deuda soberana de Francia, que al ser desmentida provocó ayer una reacción positiva de los precios, apoyada también en que el dato de las solicitudes de apoyo al desempleo en Estados Unidos fue ligeramente menor a lo esperado.
Todo lo anterior matizado por la idea de que estamos próximos a una nueva recesión económica global, a que el oro rebasó los mil 800 dólares por onza, que todo el mundo está preocupado por los bancos globales (supongo que esto es la antesala de un nuevo estilo de bancos, caracterizados por un menor tamaño). Que aquí en México la inflación subió, pero sin desviarse de su tendencia bajista, que el tipo de cambio se movió hasta el rumbo de los 12.60 pesos por dólar, pero luego (ayer) corrigió hacia los 12.30, considerando que el 1° de agosto estaba alrededor de 11.70, que la actividad industrial en junio creció menos que en mayo (3.7% vs. 4.6%, en la comparación anual), aunque el sector de la construcción mejoró (de 3.7% en mayo a 4.6% en junio), pero el de manufactura se deterioró (de 6.8% en mayo a 4.6% en junio), continuando ambos con sus trayectorias recientes. Además de lo que pasa en la política nacional e internacional, en el combate al crimen organizado y en el futbol, por supuesto.
Con todo lo anterior, le invito a que haga análisis y tome decisiones de negocios, una de las cuales es invertir en los mercados, pues siempre he considerado que tal actividad es eso, una forma de hacer negocios, de hacer empresa (el empresario es alguien que toma riesgo) y rechazo —y hasta me enojo— a veces hasta con agresividad, la pregunta que muchos me hacen diciendo: ¿Así que tú juegas a la Bolsa? Generalmente respondo que esto no es un juego y que si quien pregunta lo considera como tal, le recomiendo busque otro hobby, pues invertir en mercados es caro y más para quien lo toma como juego.
Lo que escribí dos párrafos atrás y la invitación de hacer análisis y participar en los mercados lo puse así para hacer énfasis en la dificultad que en estos momentos existe y con la que se tiene que convivir en esto de hacer decisiones de negocios. Siempre es difícil, pero ahora es uno de esos tiempos en que la complejidad aumenta. Hace unos días (el martes 9 de agosto pasado) usé en el encabezado de esta columna la idea: “No falta mucho…”, aludiendo a que la caída de los mercados estaba cerca de terminar. El mercado se encargó de recordarme, como siempre, que hacer afirmaciones que pueden sonar como contundentes sólo sirve para no olvidar que uno es un ser falible.
Pero no hay remedio, uno tiene que imaginar y aventurar (de manera educada) lo que vendrá y a veces hay indicadores que hablan de ello, aunque no sean técnicos, fundamentales u ortodoxos. Anteayer un cliente “combativo” me llamó para decirme que veía las cosas muy difíciles. Es toda una señal. Suerte.
