Afirmación y cambio de opinión
El 6 de abril de 2010, el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio,nos concedió una entrevista a Lilian Hernández y a mí. Voy a hacer uso de aquel material para ilustrar la constancia en el juicio y el cambio de opinión del titular de la SEP.
Si no recuerdo mal, fue en la clase de ética, que llevé en la preparatoria, que leí o escuché del profesor que nada más los dogmáticos y los fanáticos nunca cambian de opinión. Mudar de lo que uno piensa cuando hay pruebas que lo refutan, razones que lo exigen o circunstancias que se modificaron puede ser una virtud, si se hace con ética y convicción.
El 6 de abril de 2010, el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, nos concedió una entrevista a Lilian Hernández y a mí.
Ella dejó constancia en la edición de Excélsior del día siguiente. Voy a hacer uso de aquel material para ilustrar la constancia en el juicio y el cambio de opinión del secretario Lujambio. Pido disculpas por las transcripciones extensas de sus respuestas, pero son cruciales para documentar los puntos.
Traía yo en mis apuntes ciertas preguntas sobre sus relaciones con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y su grupo dirigente; tras un breve diálogo él ratificó asuntos que había dicho en los días anteriores, fui directo al punto:
“¿Me permite una cita de Pablo Latapí? En su testamento, Finale prestissimo (Fondo de Cultura Económica, 2009, p. 38), él expresa: ‘El entramado de control corporativo sindical construido en 70 años de priismo que se ha vuelto factor fundamental y condición esencial para la gobernabilidad del país. En los nueve años de gobiernos panistas no sólo no se ha intentado desmantelar el poder sindical, sino que los gobiernos han reforzado sus alianzas con él’. La pregunta es ¿considera usted que el corporativismo es congruente con un gobierno democrático?”
Su respuesta: “Pregúntale a los austriacos o a los belgas, y vamos a ver cómo en la posguerra el corporativismo estuvo fuertemente vinculado con esquemas democráticos. Yo creo que lo importante es el compromiso público que asumen gobierno y sindicato para modificar al sistema educativo. Eso sí es una novedad de gobiernos panistas; no había habido un mecanismo, unos compromisos puntuales para apuntalar la calidad del sistema educativo, como se dio ahora con el gobierno del presidente Calderón. De modo que yo creo que sí es compatible en la medida en que todos nos exijamos y nos coloquemos todos en un contexto de exigencia, para apuntalar algo tan valioso para el país y para las familias mexicanas, que es la calidad de la educación de nuestros niños. Ese es el tema finalmente; si logramos apuntalar esa calidad en el esquema institucional x o y, pues habremos logrado un objetivo democrático que me parece fundamental”.
Me parece que esa postura es parte de la creencia fundamental de los gobiernos panistas. Más vale afirmar lo existente, aunque vaya en contra de los principios fundacionales de ese partido, que arriesgar a un cambio. Me pregunto si el secretario Lujambio, a pesar de los desengaños, un año y medio después considera que busca un objetivo democrático junto con el SNTE. Mi conjetura es que él respondería que sí.
Lilian Hernández fue más al asunto de la política: “Yo sé que faltan tres años, pero ¿sí se llega a ver como Presidente o no?”
AL: “Yo aspiro a ser un secretario de Educación que sea recordado como alguien que responsablemente coadyuvó para mejorar la calidad de la educación en México, esa es mi aspiración, es una tarea colosal. Modificar al sistema educativo, aquí y en cualquier parte del mundo, es una tarea muy compleja, estructural, en el sentido más amplio de la palabra. Y yo estoy consciente desde hace un año de la complejidad enorme, política, personal, digamos, de este trabajo, pero lo asumí con mucho entusiasmo, porque nada para alguien que ha dedicado muchos años de su vida a la administración pública, al servicio público, puede ver con más satisfacción que ocupar el escritorio de Vasconcelos y luchar por algo que es tan caro, tan importante, tan relevante para tantos millones de mis compatriotas; por lo tanto, mi ambición es esa”.
LH: “¿Pero se ve o no se ve?”
AL: “No me veo en esas condiciones, ni estoy pensando en ello, tengo mucho en qué pensar, desde el escritorio de José Vasconcelos”.
Hoy el secretario Lujambio nos da una muestra de que él si cambia de opinión. Acaso piense que el escritorio de Vasconcelos le queda chico, aspira a la silla grande, que está en el Palacio Nacional.
*Académico de la UAM
