Culpabilidad aceptada

No se trata de que andemos por la vida culpando al mundo por nuestros deslices.

¿Quién no ha cometido un desliz en su vida? Que levante la mano quien no haya estado en una relación que le provoque ganas de vomitar nada más de recordarla. Y es que no se trata de que andemos por la vida culpando al mundo por nuestros deslices... es que a la hora de culparnos somos unas salvajes que no nos perdonamos ni una.

A las mujeres nos han inculcado que la dignidad y los principios son accesorios que nos tenemos que colgar todos los días antes de ponernos perfume y, como no falta el negrito en el arroz, tampoco falta en el historial emocional de toda mujer una relación en la que la dignidad y los principios se quedaron por varios días encerrados en el cajón. El problema es que la jueza mental que toda fémina aloja en su cabeza es una bitch y no pasa por alto un solo detalle... ¿Cómo es eso? ¡Fácil! Échense para atrás y encontrarán una cantidad de culpas que almacenamos en nuestro archivo ultrasecreto de las relaciones que apestaron. Entonces intentamos despistar al enemigo diciendo: ¡odio a mi ex!, pero la realidad es que en este tipo de relaciones sicóticas no odiamos más al ex que a nosotras mismas. #YoConfieso que esta columna surge hoy martes 26 de abril a las 4:27am, cuando después de soñar con un ex (de este tipo) las náuseas me despiertan y no me dejan volver a dormir. Analizando lo que sucede, me doy cuenta de que esa rabia que se concentra en la barriga es por haber convertido en presos del cajón a los valores; el enojo no es con el pobre diablo que no nos supo valorar, o que abusó de nuestros sentimientos o lo que sea que haya hecho, sino con una misma que permitió vestir de rayas a la dignidad.

Esta bitch que tenemos por jueza es una desgraciada que se acuerda de todo, de palabras, de momentos que regresan a nuestra cabeza y... hasta ganas de vomitar dan. Sus expedientes están llenos de culpabilidades, de reproches y resentimientos; no hay nada más difícil de superar que lo que por gusto nos tragamos, cuando nos autoengañamos y justificamos todo, lo que seguramente todo el mundo nos dice, con tal de no tener un solo motivo para terminar con el lío amoroso en el que nos vamos sumergiendo.

Pienso que lo más importante no es intentar perdonar ni mucho menos enjuiciar al Cirilo mudo que espera sentado y encadenado a un estrado de fantasía. Las primeras que tenemos que pasar al estrado somos nosotras para dejarnos de atormentar por la mentada jueza que está hambrienta por hacernos sentir fatal; sin embargo, esta jueza solamente debemos escucharla por determinado tiempo; si no, se pasa a lo que se le conoce como “azote”. Es bueno escuchar a nuestra conciencia, es ahí cuando más nos conocemos, cuando nos damos cuenta de nuestros límites, y sobre todo de la habilidad que tenemos para enredarnos entre nuestras mentiras. Es buenísimo comprender en dónde están los errores más comunes, y con ello nuestros miedos, manías y faltas de armonía; no es malo acatar los gritos de la loca de la jueza, pero sí es malo no darnos cuenta hasta cuándo. Las culpas no se resuelven solas, se aceptan y punto, no podemos pasar la vida obstaculizándole el camino para que una historia salga del sistema, aunque haya sido la peor, seguramente algo aprendimos porque la única manera de aprender es dándole cuerda a la jueza para que nos recrimine lo que el alma no aguanta.

Para perdonar a alguien hay que empezar por perdonarnos a nosotras mismas, tirar a la basura lo que ya no sirva y dejar libres a los valores y la dignidad para dictar auto de formal prisión a esas situaciones que queremos desplazar.  Pend... no es el que comete la pend... sino el que la repite.

@AlasdeOrquidea

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