¡Tiburón a la vista!

Lo del Veracruz es una muestra más de que los gobiernos no deben intervenir económica ni administrativamente en el futbol

No cumplir con el reglamento, cualquiera que éste sea, y sin importar quién sea el infractor, debe tener consecuencias, las que el mismo establezca.

En esta ocasión todos lo tenían muy claro en Veracruz: de no ponerse al corriente en adeudos, sería castigado con la eliminación directa o la imposibilidad de jugar la fase final. La Federación ejecutó y los jarochos se han quedado sin liguilla, a pesar de contar con los suficientes méritos deportivos.

Pero bien valdría la pena reflexionar sobre el más afectado en este tema, e indudablemente es el jugador, quien no sólo no cobra su salario, sino que, además, se le limita en su actividad profesional, teniendo esto una consecuencia mucho mayor por la división en la que juega y por lo que busca cada elemento de cualquier club que no pertenezca a la Primera División. El futbolista es despojado de la posibilidad de renacer, porque eso significa lograr el ascenso para cualquiera: exhibirse en la pasarela más atractiva de nuestro país. Implica frustrar metas personales, deportivas y económicas de muchas familias por culpa de algunos.

Representa un avance que el órgano rector del futbol actúe en consecuencia, ya que en otros tiempos, y no muy lejanos, estos casos eran como el pan nuestro de cada día, pero pasaban inadvertidos; por lo mismo eran situaciones repetitivas. Y entendiendo que todo es perfectible, se deben buscar mecanismos que protejan al futbolista en el ámbito deportivo. Porque mantenerse en la División de Ascenso significa estar lejos de las cámaras, la televisión, representantes, y del gran ojo del los que buscan talento (cada vez menos). Porque es una realidad, los entrenadores no buscan opciones en ese llamado, por muchos, submundo. De hecho hay quienes ni siquiera busca en sus fuerzas básicas.

Y aunque el dueño pague o se haga efectivo el cobro de la fianza y queden saldadas las deudas económicas, hay una pérdida deportiva irreparable, ya que nadie les devuelve lo que legítimamente consiguieron en la cancha, a pesar de no recibir su salario.

Esta es una muestra más de que los gobiernos no deben intervenir económica ni administrativamente en el futbol. Todas las historias tienen casi siempre el mismo final, aunque, para desgracia del Veracruz, que ha escrito diversos capítulos de esta índole y que ha tenido más dueños que éxitos. Parece que el asunto no terminará con la descalificación o la venta del equipo, ya que está a la vista uno llamado Albinegros de Orizaba, que, dicen, muy pronto se convertirá en una nueva edición de Tiburones Rojos de Veracruz y sí, manejado por el gobierno.

Otra vez.

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