Responsabilidad social, ¿qué más?
La RSE exige transformar conciencias, ¿esto es sencillo?, no, ¿es gratuito?, tampoco, pero vale la pena
La crisis económica de 2008, la peor en siete décadas, sigue dejando secuelas a escala mundial. Siempre en una situación crítica, es necesario hacer un alto y reflexionar qué nos condujo ahí. Evidenció fallas graves en la política económica y tuvo una propagación muy rápida del sector financiero de EU a casi todo el mundo. No fue un accidente ni fortuito, fue fruto de un largo periodo de decadencia, como lo manifestó el economista Jeffrey Sachs.
La economía necesita una base de confianza y de credibilidad, para que los contratos se cumplan, para que las negociaciones se realicen y para que los mercados funcionen. En la crisis, aquéllas se trastocaron. Adela Cortina, de la Universidad de Valencia, expresa: “Es imposible promover la competitividad, la desregulación, el mercado libre, sin tener una base moral, porque ningún sistema económico resiste no tenerlo”.
Esto reafirma la necesidad de abordar a la empresa desde su triple línea de base: rentabilidad, apoyo comunitario y respeto ambiental; es decir, desde una gestión socialmente responsable. Empero, volver hacia la responsabilidad social, por sí sola no basta. No es adaptar la agenda empresarial a las nuevas demandas sociales, como dice Josep Lozano, catedrático del ESADE, peor aún “liderada con una mentalidad empresarial absolutamente convencional”. No consiste en entrar en la retórica de la responsabilidad social empresarial,RSE, porque esa es la lección aprendida, porque eso es lo que procede para tener aceptación, para ganar mercados y para ostentar un sello que nos da una calificación.
La RSE es mucho más que esto, significa responsabilidad, porque no puede quedar atrapada en una agenda, en un mero examen de los temas que cubre. Lozano define como el principal reto de la RSE: “Ir más allá de la RSE”. La verdadera apuesta de la RSE es por un empresario transformado. Así debe empezar, desde la alta dirección y permear hasta abajo del escalafón y debe trastocar todas las actividades de la organización e incluso hacia afuera de ésta, desde su gremio o asociación, desde el proveedor del proveedor hasta el cliente del cliente. Debe formar parte del ADN empresarial, de la estrategia, del accionar diario. De otra forma la RSE sólo será “de buenas acciones” aisladas a merced de la voluntad de quien las ejecuta y peor aún quedará confinada a ser un maquillaje o una simple mercadotecnia.
La RSE exige transformar conciencias, ¿esto es sencillo?, no, ¿es gratuito?, tampoco, ¿es un proceso finito?, no, es inacabable, pero vale la pena. Tan sencillo como decir que son las empresas que más se adhieren a este conjunto de principios, las que más probabilidades tienen de existencia. Las apuestas por la economía ficción, las salidas fáciles, las contabilidades creativas y el abuso a proveedores, el timo a los clientes acaban por fenecer como se ha evidenciado más que nunca en esta crisis.
La responsabilidad social va más allá de cumplir con lo legal, de ser transparentes. La RSE significa compromiso del empresario, empezando con él mismo. Es un reto, porque tiene que tocar lo más íntimo de un ser humano, su consciencia.
El mundo está ávido de más y mejores empresas, ésta es una inmejorable apuesta por la transformación social, por la búsqueda del desarrollo sustentable y la prosperidad económica. Hay muchos obstáculos, sin duda, pero no empezaremos a cambiar hasta que no lo hagamos, hasta que no decidamos el tipo de sociedad que deseamos construir, hasta que no adoptemos la RSE valiente, consciente y comprometidamente.
*Directora del IDEA, Universidad Anáhuac.
