La verdad no peca...
A nadie debe sorprender que, a una década de su fundación, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México no haya podido ser una opción viable para los habitantes de la capital.
En días pasados salieron a la luz pública declaraciones de la rectora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Esther Orozco, en las que, de forma valiente, haciendo a todas luces un verdadero acto de contrición, presentó un diagnóstico puntual de esa institución educativa.
En su análisis señaló que, al paso de diez años, el modelo educativo adoptado por la nueva casa de estudios de nuestra ciudad ha mostrado que no es efectivo como semillero de nuevos profesionistas, ya que del gran total de estudiantes que han pasado por las aulas de dicha universidad, más de 50% se mantiene como parte de la plantilla académica sin culminar su formación profesional.
La propia rectora reconoce que el método pedagógico aplicado por la UACM no es el adecuado, ya que “la principal responsabilidad del aprendizaje la tienen los alumnos. Los maestros y la institución los apoyan en su trabajo académico. Se requiere que los jóvenes estén comprometidos con sus estudios, ya que no hay mecanismos de coerción” para quien no cumple.
En ese mismo sentido, la rectora dejó ver que la planta de profesores no cumple al ciento por ciento sus asesorías y sus tutorías, ello debido a que, al ser un método con puertas abiertas, a veces tienen grupos muy pequeños porque no es obligación de los estudiantes acudir a clases.
Los maestros reconocen que la asistencia es por demás reducida, acuden a veces dos o tres alumnos y nunca son los mismos, por lo que es imposible dar un seguimiento pedagógico adecuado.
Pero a nadie debe sorprender que, a una década de su fundación, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México no haya podido ser una opción viable para los habitantes de la capital, pues aunque la verdad no peca, muchas veces incomoda. Por ello debemos recordar que su fundación fue producto de un capricho y ocurrencia mañanera del señor Andrés Manuel López Obrador.
Las intenciones del señor López, al fundar una nueva red de bachillerato y universidades en la capital, estaban lejos de dedicar los esfuerzos de esta institución a la cultura, investigación y formación de cuadros. Sólo buscaban ocupar dineros y plataformas para criticar al gobierno de la República y favorecer ciertos perfiles de izquierda entre los jóvenes capitalinos.
Hoy se pone de manifiesto que aquellos objetivos fundacionales, más que educativos, sólo estaban vinculados con fines de propaganda política en pro de causas ajenas al interés público.
