Piedras movedizas
En julio de 2010, tras conclusiones de médicos, la IAAF autorizó a Semenya a competir entre las mujeres.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Corría 1936. La granjera Hellen Herring Stephens, de Estados Unidos, campeona olímpica de los 100 metros lisos en los Juegos de Berlín, responde a un llamado de la comisión médica. Le notifican, con la delicadeza necesaria de la época, que Stanislawa Walasiezwicz, ganadora de la medalla de oro en Los Angeles 32, la acusa de ser hombre. De 18 años de edad, Helen Stephens conocida como El Relámpago de Fulton, en rápida decisión, se levanta la falda y se baja las bragas hasta los tobillos. “Miren, soy mujer”, dijo con la falda arriba de la cintura y las piernas abiertas. Se acomodó la ropa y se retiró.
Un año antes había derrotada a la Walasiewicz, en los campeonatos nacionales de los Estados Unidos en San Luis, Missouri. La polonesa que había adoptado la nacionalidad estadunidense compitió con el nombre de Stella Walsh. Fue la primera mujer que corrió en menos de 12 y 24 segundos los 100 y los 200 m lisos. En Berlín ocupó el segundo lugar para la medalla de plata después de Stephens, cuyo rostro mostraba rasgos masculinos. La Walasiewicz, también con ciertos rasgos varoniles, deslizó a la prensa carnada fresca y palpitante en el anzuelo: ella tiene testículos por eso corre tan rápido.
Circuló la versión de que el Führer Adolf Hitler tras la victoria de Stephens la llamó a su palco y la felicitó. Le pasó la mano por la espalda y la cintura; la deslizó, ariamente, por el glúteo izquierdo. “Tu deberías competir por Alemania”, le expresó. La invitó a que se tomara con él vacaciones por una semana. Stephens no aceptó; es lo que se dice. Es muy conocida la fotografía de ambos en el Wallechinsky.
4 de diciembre de 1980. Cleveland. Hay un tiroteo en un supermercado. Una bala alcanza a Walasiewicz. Muere a los 69 años. Estaba casada. La autopsia revela que tenía genitales masculinos. Sí, sí, sí, la acusadora era hombre. Sí, sí, sí, sigue apareciendo en las listas oficiales de resultados olímpicos.
Durante la guerra fría el bloque de Occidente, tras los descalabros ante Rusia y la República Democrática Alemana, se rumoró que las nadadoras y gimnastas eran preñadas por sus entrenadores, adquirían más fuerzas y resistencia al estar embarazadas. Tras sus victorias se obligaba a las deportistas a abortar. Aunque la idea anidó en los medios de comunicación, nunca se demostró que eso fuese cierto.
En el Mundial de Berlín la victoria de la sudafricana Semenya Caster levantó dudas acerca de su feminidad. The Daily Telegraph publicó que tiene una anomalía cromosómica y testículos internos. En julio de 2010 tras las conclusiones de un grupo de médicos la IAAF autorizó a Semenya a competir entre las mujeres.18 meses después de Berlín la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo), emite reglas que entrarán en vigor y se darán a conocer en amplitud el próximo 1 de mayo de 2011.
Una de ellas dice: una mujer con hiperandrogenismo será elegible para competir contra mujeres siempre que sus niveles de testosterona en suero estén por debajo del rango de los hombres. Se puedan anticipar serios conflictos. Algunos médicos nos informan que el stress eleva los niveles de testosterona, que los asiáticos tienen niveles por debajo del índice 4 y que si se dopan alcanzarían los niveles normales. Es un tema en el que se camina en piedras movedizas.