El envidioso mexicano

Tenemos fama y no son pocos los que la fomentan, cada vez que ven a un mexicano sobresalir. Hablo de la envidia. Sin distraernos con los personajes por lo simpáticos o antipáticos que nos puedan resultar, el tema no pierde vigencia; de hecho cobra fuerza cada vez que ...

Tenemos fama y no son pocos los que la fomentan, cada vez que ven a un mexicano sobresalir. Hablo de la envidia.

Sin distraernos con los personajes por lo simpáticos o antipáticos que nos puedan resultar, el tema no pierde vigencia; de hecho cobra fuerza cada vez que encontramos en escena a un mexicano triunfando o al menos intentar hacerlo.

Tampoco se trata de perder objetividad y regalar alabanzas en cada sitio donde encontremos un paisano. Pero el ejercicio de reconocer el talento podría resultar mucho más sencillo si nos desprendemos por un solo momento de la carga histórica y malas costumbres que tienen que ver con el descrédito automático.

Y por qué si hay un surcoreano brillando en el Manchester United, no puede haber un mexicano.

¿Por qué un español pudo llegar a brillar en Formula 1, y cuando se presenta un mexicano nos gobierna la incredulidad?

Y lo mismo sucedió cuando vimos a una mexicana caminar por los campos de la LPGA; o cuando fuimos testigos de las primeras carreras de una velocista, ¿una velocista mexicana? ¡imposible! Ninguna tardó en presentarse como Lorena Ochoa y Ana Gabriela Guevara con un acumulado histórico de triunfos para el deporte mexicano. Lo peor del caso es que aún erigiéndose como las mejores del mundo hubo quien se atrevió a señalar.

La historia se ha repetido y repetido y repetido. Y no se trata de cerrar los ojos e imaginarse que México es potencia deportiva. Para eso debe existir capacitación, buenos entrenadores y que la cultura del deporte sea eso en nuestro país: una cultura.

Y es que cada vez que anota Javier Hernández con el Manchester United, y uno lo celebra, se genera una irremediable ola de descalificaciones: “lo están inflando”; “aún no gana nada”; “dejen en paz al jugador que lo van a marear”; “qué importa si no vamos a ser campeones del mundo”; de todo tipo, hasta la inverosímil: “suerte de principiante”.

Evidentemente aún falta mucha historia con Chicharito y nadie puede establecer que será el mejor delantero mexicano de toda la historia, pero de eso a desacreditar su capacidad y lo que hasta hoy ha hecho en Europa, me parece francamente ridículo.

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