Brújula perdida
La actual cobertura de la educación superior no es la que cabría esperar de un país con el grado de desarrollo que tiene México.
Esta semana que termina, las autoridades de la Secretaría de Educación Pública, con motivo de la celebración de los 90 años de la misma, tomaron como tema central el de los valores y para ello se les ocurrió invitar al ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, responsable de invadir otro país, y su ejército de asesinar estudiantes mexicanos. Así de grande es la sensibilidad de las autoridades y su particular visión de lo que son los valores y la ética.
Y ello es posible porque en esa Secretaría de Estado la brújula está perdida. Por lo visto, para ellos lo más importante es hacer actos a los que asista la esposa del Presidente, que les garantiza la foto, y andar por los estados promoviendo libros propios y a la menor pregunta de los periodistas, afirmar que se está listo para ser candidato.
Eso sí, para la labores de la Secretaría tiene poco tiempo. Un ejemplo de ello es que desde que el secretario tomó posesión, ha estado tan ocupado que no ha asistido a ninguna Asamblea de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), ni ha estado en alguna reunión de sus consejos.
Esta misma semana el subsecretario de Educación Superior dio una conferencia interesante, que creemos sería muy conveniente que su jefe la pudiera leer. Algunos de los datos mencionados son tan importantes que llaman a la reflexión.
Un primer dato es que la población de jóvenes empezará a decaer a partir del año que viene, con lo cual las estimaciones de cobertura que hace SEP serán mejores, por el sólo hecho de que habrá un menor número de jóvenes en los años que se deben cursar los estudios.
Otro dato interesante es el referente a la proporción de jóvenes que indican cuáles son, a su juicio, los principales problemas que les aquejan, destacando fundamentalmente las drogas y el alcohol, la falta de trabajo, los problemas del país y la falta de oportunidades para estudiar. Dentro de los problemas que se mencionan, el referente a la falta de valores y creencias es de los más bajos.
Otro dato de importancia es el número de jóvenes que no estudia ni trabaja, situación en la que se encuentra uno de cada cuatro jóvenes en 19 entidades de la República.
En uno de los temas centrales de su trabajo, el subsecretario indica que la actual cobertura de la educación superior no es la que cabría esperar de un país con el grado de desarrollo que tiene México, ni de las expectativas y aspiraciones de los mexicanos y que es muy baja, en relación con países más avanzados, donde se sitúa en cero por ciento. En países comparables con el nuestro, tenemos que Argentina tiene una cobertura del 68 y Chile de 55 por ciento. En cambio, en nuestro país no llega a 30 por ciento.
Para finalizar su intervención, señala cuatro escenarios para incrementar la cobertura. Destaca la propuesta realizada por la ANUIES, de alcanzar una meta de cobertura de 48% en 2020, para lo cual se necesitaría tener un incremento de seis mil millones de pesos anualmente. El subsecretario también indica la posibilidad de llegar en 2020 a 60% de cobertura, es decir, alcanzar la cifra que tienen hoy Chile y Argentina, para lo cual habría que destinar anualmente diez mil millones de pesos.
Esta última propuesta sería excelente y más si contara con el aval de la SEP. Lo que resulta extraño es que seguramente no la conoce el gobierno, pues esta misma semana la Secretaría de Hacienda y Crédito Público envió a la Cámara de Diputados el Anteproyecto de Presupuesto para 2012 y el gobierno propone un incremento en términos reales de cero por ciento para las universidades federales.
No creo que sea necesario, como dice el secretario de Educación, según los medios de comunicación, “poner de moda la formación de valores”. No es un problema efímero, es obligatorio y más tratándose de servidores públicos federales. Escribir y decir discursos sobre la importancia de la educación superior y después no apoyarla en la realidad es, simple y sencillamente, una falta de congruencia.
