Lo dado y lo construido (V)

Supermujer: Obsesión= Nº. 2 La fortaleza, la laboriosidad y la sabiduría de las mujeres sigue siendoel recurso más desaprovechado de la humanidad. Simplemente no podemos darnos el lujo de esperar otros 100 años para liberar todo ese potencial. Michelle ...

Supermujer: Obsesión= Nº. 2 

La fortaleza, la  laboriosidad y la sabiduría de las mujeres sigue siendo

el recurso más desaprovechado de la humanidad. Simplemente no podemos

darnos el lujo de esperar otros 100 años para liberar todo ese potencial.

Michelle Bachelet

 

Hace cien años, en 1911, la mujer dio un paso decisivo para defender sus derechos laborales y desempeñar un papel más activo en su vida y en el futuro de sus países. Un siglo después, su participación en el mundo económico es incuestionable, tanto como la discriminación que por su género padecen. 

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a escala mundial en 2010 la tasa de desempleo femenino fue superior a la masculina. Su trabajo continuó siendo el peor remunerado y más vulnerable y, al mismo tiempo, se vio afectado su acceso a la información, a la educación y al desarrollo2. La situación económica que ha golpeado al mundo recientemente se ceba doblemente con la mujer, de nuevo por ser mujer y por ser parte del mundo y sus dinámicas.

Parece ser que las decisiones se siguen tomando con base en el género y no en capacidades; negarlo es mentir y vivirlo es padecer la realidad. En nuestro país se mantienen costumbres de liderazgo masculino en muchas esferas. Se sabe que en México la diferencia salarial entre un hombre y una mujer que ocupan el mismo puesto, están igualmente cualificados y laboran el mismo número de horas es de 12.6%; esta diferencia se amplía hasta 30% y 40% en puestos de gerencia y dirección; 32.8% de hogares en nuestro país es mantenido únicamente por mujeres.

El problema de la discriminación laboral que enfrentan las mujeres existe en todos los niveles, sin embargo se acrecienta en los puestos de mayor jerarquía y toma de decisiones; para las mujeres hoy, muchas veces, exigir un pago justo por su desempeño se resuelve con un cese súbito. Las mujeres siguen prestando sus servicios de excelencia a la sombra del éxito, del reconocimiento y las remuneraciones.

Porque sucede con naturalidad que los jefes suelen ser jefes y no jefas, y que se encuentran rodeados de un harem cualificado de alto rendimiento a las que se les llama asistente, analista o cualquier otro título con el prefijo sub. Así, algún jefe colocado desde el nepotismo —aunque no todos— se convierte en el ídolo de la alta dirección, en la panacea de la creatividad y rentabilidad de la empresa y vuelve henchido de ego y con el bono escondido a su harem a exigir más y mejores resultados, ¡y que no aparezca una inconforme! —que las hay— que pregunte con conocimiento de causa sobre un ajuste de sueldo, crecimiento profesional y menos un ascenso porque será sacrificada de tajo o enviarla a otra área argumentando que su “liderazgo genera conflicto”, claro está, por el mismo salario o menor.

Y todo eso, sea dicho, dependiendo del atractivo físico de la partícipe, porque de contar con él, aunque sea medianamente, primero se agota la lisonja de los encantos masculinos de quién ejerce la autoridad. Ésa es la realidad —no de todos y no de todas, insisto— de la mayoría.

Las mujeres siguen siendo generalmente, el ejército de trabajo rudo en las empresas, respaldando al conquistador. Ahí, casi siempre, como producto de consumo. Las políticas internas de contratación tienen sus reservas y lineamientos bien claros y, sí, es verdad que hoy existe acceso de las mujeres a la mayoría de los empleos, sin embargo el pago por su desempeño siempre es menor. De nada vale enmascarar la realidad, diciendo que existen en las empresas públicas y privadas cuotas de 30% de empleo femenino si ninguna de ellas llegará, por decreto, a sentarse en la mesa de Consejo o en la Alta Dirección.

El tan nombrado techo de cristal ha dejado de ser un fenómeno novedoso. Ya no se habla de él, no porque no exista, sino porque no hemos podido vencerlo y la amenaza nos hace ceder al impulso. En el entendido están las mujeres de empresa que no les han cedido el lugar que ocupan por su condición; lo tienen tan claro como saber que si su puesto lo ocupase un hombre ganaría más y no tendría que exponerse a ver el cielo y lo más alto a través de un cristal que termina por empañarse en la espera. Porque el techo de cristal existe, pero no para todos.

La discriminación laboral va más allá de lo dado, sigue arraigado en el pensamiento y la sicología global del poder masculino, en lo construido por las sociedades. Podremos seguir negando a conveniencia, basados en la lógica estereotipada, en el temor a ser superados, o simplemente por ignorancia o ego. Mientras, las empresas que han seleccionado conforme a las capacidades, los números y la importancia de la riqueza que ofrece la diversidad se hacen cada vez más sólidas y rentables.

Según los expertos3 las empresas que han implementado programas de equidad de género han aumentado considerablemente su productividad y posicionamiento en el mercado hasta en 25%, debido a que este tipo de lineamientos mejoran las relaciones con el entorno en imagen corporativa, mejor gestión del conocimiento a través de la mejora de activos intangibles y un aumento de la motivación y el compromiso laboral de los colaboradores.

Naciones Unidas, a través de ONU Mujeres y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, lo sabe y desde hace un año promueve la firma de los siete principios para el empoderamiento de las mujeres, titulado La igualdad es buen negocio, iniciativa de responsabilidad cívica empresarial más grande del mundo, que cuenta con la participación de siete mil empresas y otros agentes presentes en más de 135 países. 4

La igualdad es buen negocio no apoya la política de que contratar mujeres sea sinónimo de reducción de nómina y honorarios, como bien refleja la realidad, sino que estos principios buscan de manera contundente y global ayudar a las empresas a modificar sus actuales políticas y prácticas —o crear nuevas — para alcanzar el empoderamiento de las mujeres.

En México estas iniciativas se encuentran señaladas en el Plan Nacional de Desarrollo, en la Constitución, en las modificaciones a la Ley del Trabajo, en las políticas y reglamentos de la administración pública y en un sinfín de lineamientos de observancia nacional, sin que por ello las cuotas de poder sean abiertas a la equidad de género y al sinfín de oportunidades de crecimiento que la diversidad tiene por ofrecer.

Es preciso que las empresas mexicanas públicas y privadas se abran a éstas, así como se han abierto a las nuevas tecnologías, al ahorro de energía o a programas de responsabilidad social. La equidad de género es un recurso más para crecer como empresa, sociedad y nación. Lo más interesante es que esta decisión está al alcance de todos y al mismo tiempo de unos pocos que alcen la voz y decidan en su posición de poder, cambiar sus políticas internas…

De no hacerlo, las mujeres seguirán chocando contra ese techo cada vez más viejo, inútil y atestado de manos productivas que sólo han dejado su huella ahí, implícita en el frustrado sueño de ser lo que por derecho les corresponde.

* Egresada de la Maestría de Periodismo de la Universidad Anáhuac México Sur. Licenciada

en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Maestra en Ingeniería en Imagen Pública.

Con estudios de Posgrado en el Programa Universitario de Estudios de Género. PUEG/UNAM.

Twitter: @paolaboullosa / Email: paolaboullosa@hotmail.com

1 Este título hace referencia a la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, 1949, de dónde nace su famosa frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

² Observatorio de la OIT sobre la crisis mundial del empleo. https://www.ilo.org/global/lang--es/

³ Agencia Suiza para el Desarrollo y La Cooperación/ONU/OIT/OMS.

4 Los siete principios son: 1) Promover la equidad de género desde la dirección al más alto nivel. 2) Tratar a todos los hombres y mujeres de forma equitativa en el trabajo, respetar y defender los derechos humanos y la no discriminación. 3) Velar por la salud, la seguridad y el bienestar de todos los trabajadores y trabajadoras. 4) Promover la educación, la formación y el desarrollo profesional de las mujeres. 5) Llevar a cabo prácticas de desarrollo empresarial, cadena de suministro y marketing en favor del empoderamiento de las mujeres. 6) Promover la igualdad mediante iniciativas comunitarias y cabildeo. 7) Evaluar y difundir los progresos realizados en favor de la igualdad de género. Fuente: https://www.unwomen.org/es/.

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