Perú, bajo reserva

Al igual que hace cinco años es previsible que tenga que haber una segunda ronda electoral rumbo a la Presidencia.

Mañana se celebrarán elecciones presidenciales en la hermana república de Perú. Contienden fuertemente para esta posición cinco candidatos principalmente.

Las organizaciones políticas más destacadas han desplazado a los partidos minoritarios para centrar, casi simétricamente, las preferencias electorales hacia un puñado de agrupaciones políticas.

Tres candidatos y sus respectivas plataformas electorales han mantenido un liderazgo constante y sostenido en esta elección: Perú Posible, con el ex presidente Alejandro Toledo como candidato y con un nivel de aceptación de alrededor de 20%; Gana Perú, liderado por el ex golpista militar Ollanta Humala, también con un porcentaje de aceptación similar; y Fuerza 2011, la agrupación política de la familia Fujimori, que ha postulado a Keiko como su candidata presidencial y que arroja también preferencia cercanas a los 20 puntos porcentuales.

A estas candidaturas les han seguido de cerca y en franco ascenso otros dos contendientes: la Alianza por la Solidaridad Nacional, encabezada por el ex alcalde de Lima, Luis Castañeda; y la Alianza por el Gran Cambio, que postula al ex ministro de Asuntos Económicos Pedro Pablo Kuczynski, identificado con la promoción de políticas neoliberales. Estos dos candidatos ya rondan también los mismos niveles de aceptación que los otros.

En el primer análisis sobre esta elección, destaca por supuesto la ausencia de un candidato oficialista.

El APRA, partido del actual mandatario, Alan García, se ha diluido completamente en las preferencias electorales después de las divisiones internas que provocaron la renuncia de su candidata, Mercedes Aráoz.

Así, a pesar del boom económico que ha tenido Perú, con crecimiento sostenido y niveles de inversión directa históricos, el actual mandatario desperdiciará el capital político de su gobierno al no tener un sucesor que haya recibido el apoyo popular y estructural suficiente. Perú goza de un sistema electoral con segunda vuelta. Esto le permite al mandatario electo sostener su administración con la legitimidad que otorga tener más de la mitad de los sufragios emitidos en la elección.

Al igual que hace cinco años, es previsible que tenga que haber una segunda ronda electoral. Y, al igual que entonces, es muy probable que los votos de los simpatizantes progresistas más radiales le den su apoyo a Ollanta Humala. Lo que haría también que volviera a contender por la Presidencia en aquellas mismas circunstancias.

Los electores, así como los otros candidatos, saben muy bien que la persona que obtenga el otro boleto a la segunda vuelta tiene muchas posibilidades de agrupar ahí los votos de los sectores moderados y conservadores. Lo que implicaría una nueva derrota para la izquierda más extremista.

Es por eso que ninguno de los posibles segundos lugares ha cedido un ápice en la contienda y los electores se enfrentan entonces a la disyuntiva de dirigir su voto al mejor de entre estos para que logre el otro espacio a la siguiente elección.

El riesgo de esto está en que la alternativa que surja de aquí sea igual de mala, aunque inversamente proporcional, a Humala. Es decir, la señorita Keiko Fujimori.

Ante este escenario, vale la pena citar al laureado Vargas Llosa, que hace unas semanas se pronunció sobre esta posibilidad aseverando que en este caso sus compatriotas tendrían que elegir, entre el cáncer o el sida…

Afortunadamente existen otras tres alternativas lo suficientemente responsables para dar la batalla y mejorar las expectativas.

Esperemos que alguna de éstas triunfe y Perú continúe creciendo sistemáticamente.

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