Cuando tenemos para carne, es día de vigilia

Sin embargo, ¿quiénes son los países que sacarán el mayor provecho de este nuevo ciclo expansivo?

El dicho popular que sirve de título a esta colaboración, refleja bien el viejo dilema de nuestra economía: Dadas sus limitaciones estructurales, le es imposible sacar provecho pleno de los períodos expansivos de la economía de Estados Unidos así como de los que experimentan las de nuestros principales socios comerciales.

Hoy, cuando todo indica que la mayoría de los países han dejado atrás lo peor de la recesión, se nota cierta euforia y plena disposición para aprovechar al máximo la recuperación de la demanda con lo que se crearían empleos, se elevaría el consumo y daría comienzo, otra vez, un nuevo ciclo de expansión económica.

Sin embargo, ¿quiénes son los países que sacarán el mayor provecho de este nuevo ciclo expansivo? ¿Quiénes son los que teniendo para carne, la podrán comer pues no será vigilia?

La respuesta es fácil de entender: Los que hayan hecho la tarea; los que la hayan hecho antes de la recesión y los que la hayan aprovechado para profundizar en las reformas previas y mejorar algunos aspectos que la recesión exhibió como limitantes del desarrollo y el crecimiento.

Si bien todo el mundo sabe los nombres de los países que sin duda aprovecharán al máximo las oportunidades que la nueva expansión vendrá a significar —la República Popular China, India, Corea, Taiwán, Brasil, Chile, Sudáfrica y decenas más—, también deben conocer los nombres de los que estarán impedidos de aprovecharlas por sus limitaciones estructurales al no haber “hecho la tarea” en su debida oportunidad o, posiblemente no están en condiciones de aprovecharlas al máximo.

Una vez que la expansión esté consolidada —si los conflictos actuales en el mundo árabe logran ser procesados y Japón (en pocos meses) logra superar lo peor de la tragedia que enfrentó—, serán evidentes los daños a consecuencia de “no haber hecho la tarea”.

¿Dónde estaremos? ¿Cuáles serán las tasas de crecimiento de nuestra economía, una vez que el mundo esté otra vez en la senda del crecimiento? ¿Estaremos, como ha sido la regla estos últimos decenios, una vez más en los niveles que Arturo Damn ha calificado con gran acierto, de mediocres?

Por el contrario, ¿lograremos escalar para llegar a las alturas que para otras economías es el piso pero para nosotros es techo inalcanzable? ¿Quién, en su sano juicio, esperaría que la economía mexicana pudiere crecer —sin reformas— a los niveles de India y China?

La realidad, terca, juega un papel muy útil en este aspecto; sirve para moderar los sueños guajiros de los demagogos al situarlos en su verdadero nivel. Aun cuando éste y aquel gobernante gocen al afirmar que la recuperación está presente, ellos y los agentes económicos saben bien que al “no haber hecho la tarea”, poco cabe esperar en materia de crecimiento, creación de empleos, otorgamiento de créditos, consumo e inversión.

En México, no sería la primera decepción que sufriéremos al no ser capaces de aprovechar al máximo un nuevo período expansivo; no obstante ser expertos en esto de las decepciones, nada hicimos por reducir nuestras limitantes estructurales, y tampoco aprovechamos la profunda recesión que apenas dejamos atrás para llevar a cabo reformas siempre pospuestas.

¿Qué dirán mañana los que hoy afirman que ya alcanzamos —aun cuando no sea verdad—, los niveles previos a la recesión? ¿Por qué no mencionan que perdimos miserablemente dos años y medio, y creció peligrosamente el rezago acumulado?

¿Acaso somos tan ingenuos que les creemos todo?

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