¿Reconoceremos que nos excedimos? ¿Empezaremos, ya, a corregir?

En 2000, el país registró 97.5 millones de habitantes, casi 30 millones por debajo de la proyección optimista de 30 años antes.

En la colaboración anterior escribí: “Al caer en ese triunfalismo que hace perder la objetividad, el Presidente dejó de lado el impacto profundamente negativo de un indicador —el Índice de Fertilidad— debido a su caída brutal registrada estos treinta años.”

Uno esperaría —de quien conoce estos temas como el doctor Sojo—, un tratamiento serio, que fuere más allá de las diez palabras que le dedicó en su colaboración en El Universal: “Se ratifican la disminución de la Tasa Global de Fecundidad… ”. También, habría sido útil algo más claro que lo señalado en párrafo posterior.

En éste, con una redacción confusa por lo parcial de su argumentación, deja ver la conveniencia de reducir la TGF en los 125 municipios de menor índice de desarrollo humano porque, dice, en ellos la Tasa Global de Fecundidad es de cuatro hijos por mujer sin mencionar la otra cara de la moneda: la brutal caída que ha registrado este índice pues al desagregar los datos veremos que en todos las entidades prácticamente estamos por debajo de la tasa de reposición —2.1— con tendencia a la baja.

Una conducta muy socorrida entre nosotros, es la propensión a posponer —no a tomar medidas hoy para evitar problemas mañana— la simple discusión de los mismos. Esta conducta se evidencia también en el Informe Semanal de la Secretaría de Hacienda que va del 28 de marzo al 1 de abril donde, ni por accidente, mencionan el efecto negativo que tiene la caída de la TGF que documentan los datos definitivos del Censo 2010 dados a conocer.

Para tener una idea clara de la magnitud del problema que enfrentamos, transcribo dos párrafos del documento del Consejo Nacional de Población: La situación Demográfica en México 2009 que en su página 23 establece: “Los datos prospectivos no eran halagadores. Se estimaron distintas proyecciones de acuerdo con cuatro hipótesis que contemplaban diferentes escenarios demográficos; la más baja de ellas establecía que para el año 2000 la población del país llegaría a 126.1 millones, en tanto que la más alta estimaba 153 millones.”

“El principal componente del cambio demográfico era la fecundidad, pues la mortalidad y la migración eran poco significativas. Por lo anterior, durante aquella administración gubernamental se decidió reorientar la política de población para controlar el crecimiento demográfico. En 1974 se aprobó un paquete de reformas a la Ley General de Población, que se proponía reducir el crecimiento poblacional a 1% para el año 2000; enfatizando en la promoción y distribución de métodos de planificación familiar.”

Para darnos cuenta del exceso cometido, sólo diré que para 2000, el país registró 97.5 millones de habitantes, casi 30 millones por debajo de la proyección optimista de 30 años antes. No hay duda; se nos pasó la mano.

Hoy, con un crecimiento de la población del 1.4 y una fecundidad del 1.7, veamos la realidad que muestra el Censo 2010 frente a los problemas que enfrentan varios países europeos y Japón por no haber podido alcanzar —durante años— la tasa de reposición de 2.1 hijos por mujer que aquí, como dije, es hoy de 1.7.

¿Por qué nadie plantea el problema que esto significa? ¿Por corrección política? ¿Tan irresponsables somos? ¿Lo es el doctor Sojo? No lo creo; ¿lo analizará entonces?

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