¡Ya basta!

Con profundo pesar y afectoa Claudia Sicilia y su familia. Todas las vidas perdidas bajo la ola de violencia e impunidad que azota a México son heridas abiertas en un cuerpo social en franca descomposición. El dolor y la indignación no parecen conmover al poder ...

Con profundo pesar y afecto

a Claudia Sicilia y su familia.

Todas las vidas perdidas bajo la ola de violencia e impunidad que azota a México son heridas abiertas en un cuerpo social en franca descomposición. El dolor y la indignación no parecen conmover al poder público ni sacudir la conciencia ciudadana más allá del miedo y la esperanza —vaya esperanza— de no sufrir en carne propia la laceración irreparable que produce la pérdida de un familiar. El estado de Morelos se ha convertido en uno más de los territorios de la barbarie. Siete vidas más segadas en forma brutal. Los sueños truncados de unos jóvenes universitarios. La impotencia de la inteligencia y la sensibilidad humanas. Un gran poeta, Javier Sicilia, dejará las letras y su voz, desde la más profunda tristeza que puede sufrir un hombre, dará rostros a las víctimas, por encima de las cifras, y exigirá justicia por el asesinato de su hijo Juan Francisco. ¡Ya basta! Fue el grito de la desolación y la rabia este fin de semana en las calles de Cuernavaca.

Hace unos días la CNDH informó que, entre 2006 y 2010, fueron registradas casi nueve mil muertes de personas no identificadas por las autoridades, y más de cinco mil “extraviadas o ausentes”. Unos días antes el grupo de trabajo sobre desapariciones forzadas de la ONU reportó que, durante el mismo periodo, tres mil mexicanos fueron secuestrados por agentes gubernamentales o con apoyo de éstos. Ahora, tras este abominable crimen en Morelos, la Procuraduría de Justicia del Estado libró órdenes de aprehensión contra agentes o ex agentes policiacos sospechosos de estar involucrados en los asesinatos. ¿En manos de quién estamos?

La descomposición producida por la corrupción y la impunidad no es responsabilidad de un solo gobierno. La fragilidad de las leyes y la vulnerabilidad de los derechos de las personas son distorsiones profundamente arraigadas, cuyas raíces se hunden en décadas de autoritarismo y desprecio por las más elementales exigencias de un genuino orden constitucional, donde la integridad y dignidad de cada persona deben ser respetadas sin excepción. Pero lo cierto es que la guerra contra el narco, en los términos en que fue entablada, ha estado muy lejos de la inteligencia imprescindible para combatir con eficacia al crimen organizado y, sobre todo, prevenir y superar las adicciones en el marco de una política social y de salud integrales, que debería ser la prioridad del gobierno mexicano. Y ha estado lejos, también, de la observancia obligada de los principios que deben regir en una democracia constitucional. La violencia en las guerras no distingue y ofrece licencia para la violación impune de los derechos humanos. Lo ocurrido en Morelos nos los recuerda dramáticamente. Es hora de que se levanten todas las voces. 

 * Socio consultor de Consultiva

 abegne.guerra@gmail.com

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