Kino y la colonización del noroeste

La mayoría de los mexicanos ha oído de pasada su nombre porque está asociado al lugar de nacimiento de Luis Donaldo Colosio, pero dudo que sepan o siquiera se interroguen que significa eso de “Magdalena de Kino”. Dudo también que los libros de texto gratuito lo ...

La mayoría de los mexicanos ha oído de pasada su nombre porque está asociado al lugar de nacimiento de Luis Donaldo Colosio, pero dudo que sepan o siquiera se interroguen que significa eso de “Magdalena de Kino”. Dudo también que los libros de texto gratuito lo mencionen. Pero su vida fue tan fértil y dejó herencia tan trascendente que sor Juana Inés de la Cruz le dedicó un soneto, el sabio alemán Alexander von Humboldt estudió acuciosamente sus escritos y Carlos Sigüenza y Góngora le hizo algunas correcciones pertinentes. Hay estatuas que lo celebran en Tucson y Phoenix, Arizona, en el Capitolio en Washington D. C., en Trento, Italia, la región donde nació, en Hermosillo y, por supuesto, hay un mausoleo en Magdalena, Sonora, ciudad en la que falleció un 15 de marzo hace 300 años y donde se encontraron sus restos en 1966.

La cultura centralista que agobia a la nación ignoró por completo ese aniversario. Sólo cuentan las celebraciones santificadas en la historia oficial y aquello que afecta a los mexicanos de otras regiones no trasciende: no hubo sello postal, tampoco mensaje del presidente Calderón o del secretario de Educación, ni reedición de sus  libros y cartas. Todo quedó en celebraciones muy regionales, por cierto con una nutrida delegación venida desde Trento, Italia. Y se perdió la oportunidad para que mexicanos de otras regiones conozcan a la figura que impulsó la ganadería en gran escala en el noroeste, que probablemente trajo la uva zinfandel a la región, que luchó para que las tribus de la Alta Pimería cultivaran, además del maíz y el frijol, el trigo, que es el alma de las deliciosas “tortillas de harina” cuyo consumo se ha extendido, ése sí, a casi todo el país. Eusebio Francisco Kino, fue un padre jesuita con gran talento organizador y emprendedor,  explorador, cartógrafo, cosmógrafo, descubridor, astrónomo, ranchero, matemático y con un espíritu generoso y liberal que le permitió ganarse la confianza de las numerosas tribus de la región.

Eusebio Francisco Kino llegó a México porque perdió una apuesta pues quería ser misionero en China. Debido a peripecias en la navegación para zarpar desde España, tuvo la oportunidad de observar a finales de 1980 y principios de 1981, el paso del Gran Cometa por los cielos de Cádiz. Nuestra Juana Inés de la Cruz dedica un hermoso soneto a las crónicas de Kino sobre el Gran Cometa que inicia así: “Aunque es clara del cielo la luz pura, clara la luna y clara las estrellas…”

Kino, una castellanización de Chini, que aparece en su acta de bautizo, llegó a México en 1981 persuadido por sus maestros austriacos de que la California Baja era una península.  Pero cedió a la creencia prevaleciente de que era una isla, tal vez “la mayor del orbe”, hasta que entre 1700 y 1702 diversas evidencias lo hicieron convencerse de que se trataba de una península. Uno de los elementos de la solución a ese misterio fue el haber encontrado en la zona de la confluencia de los río Gila y Colorado, antes de la desembocadura de este último en el que hoy llamamos Mar de Cortés, unas hermosas “conchas azules”, las conchas del abulón, iguales a las que en 1685 le habían traído los indios yumas desde la costa californiana en el Pacífico. Ese hallazgo lo hace volver a la hipótesis de que “existe un camino por tierra para llegar a California”. En 1702, al descender en balsa por el río Colorado hasta llegar a la desembocadura, exclama: “California no es una isla sino una península”.

El padre Kino fundó 24 misiones y “visitas” o capillas y se empeñó en hacerlas “sustentables”, es decir, en crear una base económica que permitiera la continuidad de estos asentamientos.

La cristianización de las tribus ópatas, pimas, xiximis, yumas, guaycuros, seris, etcétera, incluyó, además de la palabra de Cristo, la transmisión de artes, oficios y técnicas para el cultivo de granos, hortalizas, frutos y ganadería a gran escala, productos que todavía se cultivan en esa región de tierras semidesérticas.

Una excelente biografía del sacerdote jesuita es la de Herbert Eugene Bolton, Los Confines de la Cristiandad: Biografía de Eusebio Francisco Kino. Para brindar virtualmente por Kino, nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

  *Analista política

 ceciliasotog@gmail.com

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