Pleito de comadres

La seriedad y la sensatez no parecen o no son atributos centrales de la clase política mexicana. Más aún, se podría decir que buena parte de esa clase política —de todos los partidos y niveles de gobierno—, se distingue por la chacota, la irresponsabilidad y el valemadrismo. Y claro, por su gusto al boquiflojismo.

Viene a cuento, porque de tanto en tanto, líderes partidistas, santones del poder, legisladores, mesiánicos y hasta gobernantes —desde Presidentes de la República, hasta presidentes municipales—, nos regalan penosas peleas verbales, disputas estériles y excesos discursivos que ya nuestros mayores motejaban alegremente como “pleitos de comadre”.

Lo preocupante del caso —y más allá del derecho que tiene cada político o gobernante, del partido que se quiera, de hacer el ridículo—, es que a las señoras y señores de la política parece importarles un pito que sus peleas se producen —en la mayoría de los casos—, en medio de una de las mayores tragedias que vive el país.

Es decir, que cuando vivimos cerca de una sicosis colectiva a causa de la crisis de inseguridad, violencia y crimen —percepción que parece generalizarse, ya que la violencia ha producido más de 30 mil muertos en la guerra contra las bandas criminales, de los cuales casi diez mil cuerpos no han sido identificados, además de producir cientos de víctimas colaterales, entre niños, jóvenes y huérfanos—, los hombres y las mujeres de la clase política juegan al escupitajo verbal al rostro del otro, a la engañifa infantil, al insulto aniñado. Escándalos todos, harto rentables.

Los bufones del poder.

¿Qué pasó?. ¿Ese es el resultado de la democracia, la alternancia, la pluralidad..? ¿Por llegar a ese estado de cosas pelearon cientos de mujeres y hombres mexicanos?; ¿Por esa chacota, ese valemadrismo, esos boquiflojos e irresponsables dieron la vida mujeres y hombres que dejaron trozos de su existencia en busca de la democracia durante décadas de la segunda mitad del siglo pasado..? ¿Eso nos merecemos como sociedad?.

Resulta que ante tragedias como el desempleo galopante, la falta de oportunidades para los jóvenes, la explosión del fenómeno nini; ante el deterioro de la educación  y los valores, ante el crecimiento de distintas variables de la pobreza,  la respuesta de los políticos es —grotesca burla a la condición de los mexicanos pobres—, la chacota, la irresponsabilidad  y el valemadrismo.

¿Tienen dudas?. Los ejemplos están a los ojos de todos. 

No es la primera ocasión que esos prohombres de la democracia, la sensatez y la seriedad, llamados Humberto Moreira Valdés, Juan Molinar Horcasitas, Heriberto Félix Guerra y Javier Lozano Alarcón… entre otros, exhiben ante el respetable “el vulgarcito” que llevan dentro, muestran que los domina el valemadrista y la irresponsabilidad. 

La historia comenzó hace pocos días, cuando en conferencia de prensa, el nuevo jefe nacional del PRI, Humberto Moreira , ofreció su versión sobre la pérdida del poder adquisitivo del salario —con un ejercicio didáctico con huevos, leche, arroz,  carne y tortillas—, y concluyó que el poder de compra durante los gobiernos del PRI era mayor que en las gestiones del Partido Acción Nacional.

El PAN y el circo.

En medio de chascarrillos, Moreira  reiteró lo que será su estrategia discursiva —político electoral—, en 2011 y 2012; el desempleo, el hambre, el poder adquisitivo del salario y, como resultado, las insuficientes políticas sociales para combatir esos flagelos.

Está claro que Moreira   buscó machucar al titular de Sedesol, quien además de ser el jefe de las políticas sociales y asistenciales del gobierno de Calderón, es precandidato presidencial y, por si hiciera falta, un imprescindible estratega electoral.

Pero resulta que “se juntaron el hambre y las ganas de comer”, ya que cuando el líder nacional del PRI le envía un buscapiés a Félix Guerra, al mismo tiempo, desde la casa presidencial se había dado el banderazo de salida para los presidenciables —ya andan en abierta campaña, desde Ernesto Cordero, pasando por Alonso Lujambio, Javier Lozano, Josefina Vázquez Mota y, claro, el titular de la Sedesol—, y sin dudarlo, Heriberto Félix acudió a Coahuila, para cuestionar las políticas sociales, de empleo y asistenciales del gobernador Moreira. Y claro, le envió un mensaje para debatir sobre las cifras de uno y otro.

Moreira y Félix se retaron para una encerrona en Sedesol, pero a pesar de ser un “pacto de caballeros”, nunca se dio el encuentro. Uno, Heriberto, dice que el otro, Humberto, lo dejó plantado, que por tanto es un “rajón”, mientras que el segundo, el líder del PRI, dijo que él nunca falta a su palabra, que el titular de la Sedesol no le confirmó la cita.

Lo cierto es que a ninguno de los dos —tanto al secretario de Desarrollo Social, como al jefe nacional del PRI—, les importa un pito el debate sobre ese tema, y menos  aclarar “paradas”. En el fondo, juegan el juego del momento; el uso del poder mediático para posicionarse en la carrera presidencial. ¿Y el hambre, y los pobres, y los desempleados, y los ninis”..? Pues esos que esperen, porque a nadie le importan. Pero el “numerito”, “el pleito de comadres” no había terminado.

Moreira, el indio.

El viernes reapareció Juan Molinar Horcasitas —ex director del IMSS y ex secretario Comunicaciones—, quien habló de todo, incluido del jefe nacional del PRI, a quien motejó como “Madaleno” —comediante que personificaba a un indígena ingenuo—, por su exhibición “de la supuesta” inflación en los gobiernos del PAN. En el fondo, Molinar insultó el origen de Moreira .

Por eso la reacción del jefe del PRI fue extrema. Dijo que no debatiría “con un asesino”—Molinar  era director del IMSS cuando en el incendio de la guardería murieron 59 niños—, y amenazó: “en su momento ajustaremos cuentas”. ¿Qué quiere decir eso? ¿Acaso Moreira amenazó con encarcelar a Molinar, una vez que el PRI regrese al poder? Tampoco fue todo. Moreira no se detuvo y se fue contra Javier Lozano y contra Heriberto Félix. Del primero, dijo que no era más que “el porro” del Presidente, y del segundo, que “muestra una posición lastimosa”.

Es probable que tenga razón  Moreira, pero también es cierto que “el pleito de comadres” no resuelve nada, no sirve de nada a los pobres, los desposeídos y los desempleados. Y es que en tiempos político-electorales a ninguna de las partes le importan los pobres. Buscan descalificar al otro porque el pleito de comadres vende desprestigios y compra votos. Al tiempo.

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