La educación tenochca (primera de dos partes)

En los Telpochcalli se formaban excelentes guerreros que se distinguían por su caráctery por el conocimiento de las formas rituales

Un centro de la educación tenochca era el Telpochcalli, de tepochtli, hombre joven, y calli, casa. Literalmente la casa de los jóvenes. Estos centros estaban dedicados al dios Texcatlipoca, cada uno de los veinte calpulli —barrio— mayor tenía un Telpochcalli, estos eran centros de educación y tenían como objetivo primordial formar excelentes guerreros que se distinguieran por su carácter, cortesía y por el conocimiento de las formas rituales.

Para los aztecas era necesaria una educación que desarrollara, al lado de una gran resistencia física, las aptitudes bélicas, pues su pasado les había enseñado que tenían que hacer frente a las agresiones del exterior y, después, mantener su política de expansión territorial y control de otras provincias.

El móvil de la guerra no era simplemente religioso, pretendía obtener ventajas materiales, conquistas, tributos, y una continua expansión de fronteras. Los aztecas llevaban también en la conciencia un sentido religioso de la guerra, especialmente como una institución permanente: la guerra florida.

El Sol era concebido como un guerrero por excelencia, que tenía que luchar todos los días con sus hermanos, los poderes de la noche, representados por las estrellas.

Si el Sol no venciera en esta lucha diaria, los poderes nocturnos se apoderarían del mundo; estrellas y planetas bajarían a la tierra y al desaparecer el Sol, los astros nocturnos devorarían a los hombres y acabaría el mundo, cuando fuera derrotado el Sol.

Cada prisionero que el azteca tomaba y sacrificaba al Sol, era una estrella que había sido capturada. Su corazón sería ofrecido al águila divina para alimentarla y ayudarla a seguir en el combate. Esta no era sólo una lucha cósmica entre dos fuerzas que se disputan el dominio del mundo, era sobre todo una lucha ética, un combate entre las fuerzas oscuras del mal y las luminosas fuerzas del bien, representadas por el Sol.

Por eso era tan importante, dentro del sistema institucional mexica tener una jerarquía bien estructurada, basada en acciones bélicas, cuyo fin consistía en obtener el alimento para la fuente inicial y final de la vida: el Sol.

La preparación de estos guerreros se realizaba en el Telpochcalli. Fray Bernardino de Sahagún, en el libro XVII de su Historia General de las Cosas de la Nueva España indica cómo iban ascendiendo en la escala jerárquica los jóvenes en el Telpochcalli: “Se criaban y eran muchos, porque cada barrio de la ciudad tenía Telpochcalli.”

Los Telpochcalli eran colegios de enseñanza militar y cívica al mismo tiempo, que incorporaban al Estado y a la sociedad a quienes en ella se educaban, y que al propio tiempo que los jerarquizaban, los disciplinaban, despertaban su deseo por alcanzar honores y ascensos, fomentaban sus aspiraciones para obtenerlos, estableciendo una especie de servicio civil fundado en el mérito, a la vez que daban fundamento al orgullo de servir al pueblo.

Para adiestrar a los muchachos que ingresaban a estos centros se les sometía a trabajos rigurosos y a los deberes ordinarios del culto. El uso de las armas era uno de los aspectos más destacados de la enseñanza. La educación estaba bajo la dirección especial de hombres expertos a los que denominaban telpochtlatoque, oradores de la juventud, y teachcauhtin, hermanos mayores. No sólo tenían que atender la educación física de sus discípulos, sino también el desarrollo intelectual de ellos.

La educación en estos centros era principalmente para los macehualtin o gente del pueblo llano. El maestro era el ejemplo, el ideal que el alumno tenía como meta. El mentor personificaba el valor, la destreza, la experiencia, la cultura y el saber. Al basar la educación en las experiencias personales, estas se volvían más compartidas tanto para el maestro como para el alumno. Asimismo, la mayor madurez de la experiencia que tiene el maestro en cuanto a educador, le permitía valorar los conocimientos, fortaleza y devoción que iba manifestando el joven.

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