En la UACM, una rectora que no rige

A Esther Orozco le sobran reconocimientos, pero le faltan conocimientos para dirigir una universidad

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

La Universidad Autónoma de la Ciudad de México tiene diez años de vida. Es una casa de estudios joven en la que se han puesto en práctica ideas en muchos sentidos revolucionarias y por eso mismo no se le puede medir con la misma vara que a la enseñanza tradicional.

Eso no lo entiende doña Esther Orozco, quien llegó a la rectoría de la UACM en 2010, después de 20 años de trabajo científico en el Politécnico, habiendo publicado casi un centenar de artículos científicos y una docena de capítulos en libros, con una permanencia de 16 años en el Sistema Nacional de Investigadores y premios como el Miguel Otero, que concede la Secretaría de Salud, el Dr. J. Rosenkranz, que otorga Sintex, la Medalla Pasteur de la UNESCO y la distinción de investigadora internacional del Instituto Howard Hughes de Estados Unidos, además de la Medalla al Mérito de la Asamblea Legislativa del DF.

Como se verá, a doña Esther le sobran reconocimientos, pero le faltan conocimientos para dirigir una universidad. Si los tuviera, sabría que fue nombrada rectora para resolver los muchos problemas que seguramente tiene la UACM, no para quejarse de ellos en forma tal que desprestigia a la institución y concita hacia ella el desprecio social. Es inadmisible que tan alta funcionaria tache a la Universidad a su cargo de “pantano sin reglas”, que afirme que “no ha dado como resultado la formación de estudiantes” y que, en suma, es un fraude educativo.

La buena señora, que saltó del trabajo de laboratorio a los cargos públicos, dice que en la UACM se ha fomentado en los jóvenes la cultura de la irresponsabilidad y la no rendición de cuentas y se declara derrotada ante sus intentos de desarrollar proyectos, cosa que le resulta muy complicada. Se queja de que en esa Universidad no hay jerarquía y la institución, dice, carece de estructura porque “nadie responde ni se hace responsable”, pues los procedimientos y la normatividad no están concluidos, lo que impide revisar los programas. Eso sí, experta como es en colgarse medallas, no omite que “a pesar de las trabas” se han realizado avances, como la construcción del plantel Cuautepec. Menos mal…

La doctora Orozco afirma que la Universidad que dirige carece de “criterios de productividad, eficiencia, evaluación y calidad”, tal como se le exige a una fábrica de embutidos. Son los criterios tecnocráticos que desde hace varias décadas se ha pretendido implantar en todas las universidades públicas. No es casual que la multilaureada académica desate su campaña ahora, cuando la universidad que dirige está en la mira del secretario de Educación del gobierno capitalino y cuando la ALDF, que le niega recursos suficientes, pretendía modificar la Ley Orgánica de la UACM mediante el típico sabadazo, sin consultar a la comunidad directamente afectada.

Para doña Esther, que cuenta con el apoyo entusiasta de los panistas, hubiera sido más cómodo llegar a una universidad patito, de esas que cobran mucho y enseñan poco, pese a lo cual tienen un alto índice de aprobados y sus títulos, esos sí, son papeles fraudulentos que envían a los muchachos al fracaso profesional, cuando no directamente al desempleo.

Esther Orozco no puede alegar demencia. Ella participó directamente en la elaboración del proyecto que originó la creación de la UACM, perteneció nueve años al consejo asesor de la institución y el año pasado fue nombrada rectora para resolver problemas, no para crearlos, que es precisamente lo que está haciendo. Por irresponsable, debe renunciar y, si no lo hace, tendrá que ser destituida.

        *Periodista y autor de Milenios de México

            hum_mus@hotmail.com

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