Lula o el líder mexicano de izquierda

Insistió en crear alianzas comerciales con otras regiones como Oriente Medio, África y Asia, tomando decisiones políticas que, en su caso, pusieron en riesgo su patrimonio y su credibilidad política

Hace unos días, el ex presidente Lula da Silva recomendó a los banqueros de México confiar en los pobres y prestarles dinero, porque el pueblo suele pagar sus deudas más que aquellas personas con altos ingresos, ya que su único patrimonio es su reputación, y de ésta depende el crédito, la última posibilidad de intentar la construcción de un mejor futuro. Lula recomendó a los dueños del dinero hacer negocios con los empresarios brasileños y latinoamericanos porque de otra manera las inversiones se iban a ir a China. Insistió en crear alianzas comerciales con otras regiones como Medio Oriente, África y Asia, tomando decisiones políticas que, en su caso, pusieron en riesgo su patrimonio y su credibilidad política.

Subrayó la importancia de crear una empresa multinacional entre Pemex y Petrobras, sin tener miedo a las alianzas con la iniciativa privada y atreverse a explorar petróleo en otras regiones del mundo con mercados más competitivos, para hacer más productivas y rentables a las empresas latinoamericanas. Recordó que en 1997 Petrobras rompió su monopolio y se convirtió en una empresa mixta con 38% de su capital en manos del Estado y el resto en manos privadas. Así, Petrobras logró la mayor capitalización de la historia, al obtener 70 mil millones de dólares en la Bolsa de valores de Brasil que incrementaron su patrimonio de cinco mil a 215 mil millones de dólares. Aunque Petrobras es mixta, en ella prevalecen los intereses estratégicos del país, por lo que el gobierno participa en las decisiones. Después de 30 años de no construir refinerías, Petrobras es autosuficiente en la producción de gas natural. Brasil, por si fuera poco, arma un tren de alta velocidad de seis mil kilómetros y está por concluirse la instalación de tres gigantescas hidroeléctricas. Lo anterior, se ha logrado gracias a que no se le tiene miedo a la iniciativa privada, sino que se establecen las reglas de juego para todos los sectores. Invitó a los empresarios a suscribir alianzas osadas y atrevidas y mirar más hacia abajo del continente.

Lula consideró que la violencia en México se debe a que los pobres fueron ignorados durante muchos años, situación que debería haberse revertido desde hace mucho tiempo. Aclaró que la violencia deriva de la pobreza y que, mientras el gobierno no resuelva el problema de la pobreza, cualquier lucha será infructuosa. Durante sus dos periodos como presidente del Brasil fue posible rescatar a 28 millones de la pobreza extrema y elevar a 36 millones a la clase media del país, a lo que se suma la bancarización de 45 millones de personas. Declaró que lo más difícil en Brasil fue elevar la autoestima de las personas. Lula rompió varios tabúes, uno que no era posible impulsar las exportaciones y tener al mismo tiempo un crecimiento fuerte de mercado, de la misma manera que fue factible aumentar los salarios sin incrementar la inflación. Ambas premisas resultaron falsas.

¿Dónde está el líder mexicano, ya no se diga de izquierda o de derecha o del extremo centro, que tenga la visión de un estadista como Lula y que aplique en la práctica su ideología con habilidad política? En México los banqueros no confían en los pobres ni son sujetos de crédito ni creen en su sentido del honor ni en su capacidad de pago. Mientras la banca mexicana no le preste a los pobres no ayudarán a sacar a las masas de la miseria y por ende la violencia y la efervescencia social se dispararán hasta el infinito. Nuestros políticos son responsables de haber puesto el sistema nacional de pagos en manos extranjeras. El presidente Lula desconoce que México es el país de lo irreversible y que cuenta con una muy escasa capacidad de transformación, dado que nuestros líderes, como los curas, viven aterrados con cualquier idea que implique cambio y la pérdida de sus lucrativas posiciones. ¿A quién no le gustaría que Pemex rompiera su monopolio, se convirtiera en una empresa mixta con 38% de su capital en manos del Estado, el resto en manos privadas, de modo que pudiera colocar en un día 70 mil millones de dólares en las bolsas de valores del mundo e incrementar su patrimonio hasta llegar a los 400 mil millones de dólares? ¿Acaso no nos morimos de envidia al saber que Petrobras construye simultáneamente cinco refinerías y además es autosuficiente en la producción de gas natural, cuando nosotros ni siquiera hemos podido comprar el terreno en Hidalgo para instalar una sola refinería e importamos 60% del gas de Estados Unidos, en el entendido de que este país, a su vez, lo importa del Canadá? Importamos gas importado: ¡Qué barbaridad! ¿Quién no se muere de envidia al saber que Brasil construye seis mil kilómetros de vías férreas para trenes de alta velocidad, como acontece en Japón y en Europa, en tanto que en México, de hecho, ya no existen los ferrocarriles desde que Tata Lázaro, el gran destructor de la economía mexicana, los expropió en 1937? ¿No nos mueve el piso que Brasil haya podido rescatar a 28 millones de personas de la pobreza extrema en tan sólo ocho años?

El gobierno de Lula es la evidencia de que sí se puede, mientras la popularidad de López Obrador crece para convertirnos en una segunda Venezuela. Horror, horror que bueno que ya se fue Lula. ¿Por qué vino para abrirnos los ojos? Estábamos tan felices en la oscuridad.

        *Escritor

            fmartinmoreno@yahoo.com

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