Más presupuesto a las universidades públicas

El gran reto para México es, hoy por hoy, recuperar la concordia social y el crecimiento económico sin colapsarse...

José Vasconcelos afirmaba: “Las revoluciones contemporáneas quieren a los sabios y quieren a los artistas, pero a condición de que el saber y el arte sirvan para mejorar la condición de los  hombres”. Educar es, para Vasconcelos, develar, desenvolver y desarrollar todas las capacidades de los mexicanos, devolviéndoles la confianza en sí mismos y el amor por lo suyo. “Los educadores de nuestra raza —decía— deben tener en cuenta que el fin capital de la educación es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía sobrante en el bien de los demás”. Sin embargo, la concreción de los postulados pedagógicos de Vasconcelos deberá de ocurrir en el México de hoy en la arena mundial de la más implacable globalización. Una globalización que, en pocas palabras, consiste en que todos compiten con todos, en todo, en todas partes y al mismo tiempo.

Afrontar con éxito esta compleja coyuntura nos obliga a actualizar el pensamiento de Jaime Torres Bodet, que escribió: “Los talleres en que se forma el alma de un pueblo son los hogares y las escuelas. Siempre hemos creído y valorado que un pueblo con educación de calidad tendrá acceso a la justicia, a la libertad, a la democracia y al bienestar social. Los medios de comunicación merecen especial atención dentro del papel educativo, porque propician un enlace de comunicación con los educandos, asimismo, los profesores tienen acceso a nuevos y novedosos mecanismos de capacitación. Nuevos lineamientos legales deberán ser explorados para el mejor desempeño de estas funciones”.

Según Vasconcelos, “la única manera de levantar la enseñanza es identificándola con un sistema filosófico. Adaptar la enseñanza a un concepto dado de vida es el objeto de la pedagogía”. El principal objetivo de la filosofía elaborada por Vasconcelos es rescatar la estirpe mexicana, el modo propio y específico del ser y hacer mexicano, para consolidar la propia unidad e identidad nacional. Si queremos hacer al fin realidad la aspiración imbricada en la filosofía pedagógica de Vasconcelos, el gran reto para México es, hoy por hoy, recuperar la concordia social y el crecimiento económico sin colapsarse y convertirse en un Estado fallido, al tiempo que se educa masivamente a los mexicanos todavía excluidos de los beneficios de la civilización mundial.

Esto comienza con brindarles oportunidades efectivas para colocarse a la altura de la conciencia planetaria y darles  la oportunidad de ser ciudadanos del mundo.

Sin embargo, es necesario comprender que este reto sólo podrá confrontarlo con éxito la nación mexicana en la medida en que profundice su transformación en una auténtica sociedad abierta y la vida política del país evolucione de la partidocracia oligárquica a una plena democracia que devuelva el poder a la ciudadanía.

Si México ha de ser la cuna de esos seres humanos libres y capaces de bastarse a sí mismos, que postula la pedagogía de Vasconcelos, se hace indispensable facilitar el acceso a la educación y, por ende, a la riqueza y al bienestar social, a los millones de mexicanos que aún están excluidos de ella.

Y, en México, por razones históricas y estructurales de sobra conocidas, sólo la universidad pública tiene las condiciones y las capacidades para acometer este reto. Con la concurrencia, quizá, de aquellas instituciones privadas de educación superior que decidan ser más que fabricas masivas de “profesionistas”, para ser verdaderas universidades. No sólo reproductoras, sino esencialmente productoras de conocimiento.

Y ninguna tarea debería tener mayor prioridad de aquí en delante que la de garantizar que ni un solo joven mexicano se vea excluido de la oportunidad de recibir educación superior de calidad. No hay excusa alguna que lo justifique. Cada joven “rechazado”, cada nini, es una vergüenza nacional y una semilla de violencia.

Si los partidos y los candidatos aspiran a obtener el voto de los jóvenes, están a tiempo para comprometerse públicamente con la suficiencia presupuestal a las universidades públicas, de modo que no haya más “rechazados”. Hacer esto de manera rápida y eficaz es el primer paso para detonar la reactivación económica y la reintegración social duradera de México.

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