Liderazgo de las mujeres para la democracia de ciudadanía**

No ha pasado más de un siglo desde que las mujeres de esta región carecían de derechos civiles y políticos. Construir un nuevo paradigma de la democracia, que tenga en su centro las aspiraciones de libertad, igualdad, autonomía y autodeterminación de las mujeres, es ...

No ha pasado más de un siglo desde que las mujeres de esta región carecían de derechos civiles y políticos. Construir un nuevo paradigma de la democracia, que tenga en su centro las aspiraciones de libertad, igualdad, autonomía y autodeterminación de las mujeres, es el reto.

Hay avance en su condición ciudadana: mayores niveles de escolaridad (2010, Pousadela, I.) y de inserción laboral (Pousadela, I. Género y democracia); mayor autonomía reproductiva y económica; mejores legislaciones para la igualdad de género (García, 2010); y un mejoramiento en el acceso a la propiedad, a la tierra, al crédito, a la tecnología (ONU 2009; Deere). Se han creado instrumentos jurídicos: la Convención de Belem do Para (1994) y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979). Estos tratados son vinculantes y han redefinido la relación del sistema democrático y de sus instituciones con las mujeres, ampliando el marco de derechos humanos conocidos (https://www.un.org/womenwatch/daw/cedaw/text/convention.htm).

Fue la movilización de mujeres sufragistas en América Latina, del Caribe, de Estados Unidos y de Canadá, lo que abrió un proceso que hizo posible que hoy tengamos mandatarias gobernando a 42% de la población de la zona (CEPAL, 2011). Hoy, las constituciones de estos países consagran la igualdad de derechos entre las mujeres y los hombres. Sin embargo, los cambios en la práctica cotidiana (económica y política) distan mucho del logro de la igualdad y la paridad en la representación de las mujeres. La desigualdad y la baja representación política de ellas en los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, y en la dirección de los partidos políticos, es un indicador crítico de los déficits de democracia y del Estado de derecho.

Sólo en cuatro países (Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Nicaragua) existen gabinetes paritarios (CEPAL, 2011). En el Poder Judicial las mujeres ocupan 19% del total de los cargos en los máximos tribunales. Los países del Caribe son la excepción, ya que están cercanos a la paridad. La participación de las mujeres y sus agendas se encuentra fuertemente limitada por la persistente exclusión en la dirección de los partidos políticos y de las posiciones prioritarias en las listas para las candidaturas electorales.

El acoso a mujeres en la política indica las fuertes resistencias y discriminación (Machicao, Ximena) (2004, “El acoso político: un tema urgente que enfrentar”). Esta violencia impide el ejercicio de sus derechos políticos. Los prejuicios y la resistencia hacia las mujeres en los partidos son obstáculos para la construcción de una democracia de ciudadanía.

Es una regla fundamental de un Estado democrático, la igualdad. Tenemos el desafío de hacernos cargo de las aspiraciones de libertad, de igualdad, autonomía y autodeterminación de más de la mitad de la población de la zona, que son mujeres. No hay verdadera democracia sin igualdad. Queremos avanzar, no sólo por el objetivo democrático, sino también porque sólo así podrá reinar la paz, la seguridad, el desarrollo, la justicia y la gobernabilidad democrática en las Américas.

        *Secretario general de la OEA

            **Síntesis: Discurso de Inauguración

            del Foro Hemisférico. OEA: abril de 2011.

Temas: