Monedita de oro

Hablar de Octavio Paz sin caer en lugares comunes es sumamente difícil.

Paz sí es monedita de oro. Hace 13 años Octavio Paz entró a la eternidad, y lo podemos afirmar con toda la certeza que diseñó para ese vocablo un experto en eternidades: Jorge Luis Borges. El argentino decía que “nadie puede preocuparse por la eternidad, porque no depende de uno, sino de todos los demás que deberán recordarnos”. Y resulta que nuestro Nobel de Literatura no construyó la eternidad que habría de ganarse, sino la logró con su interpretación de la mexicanidad, con la continuación de los trabajos de muchos intelectuales mexicanos a lo largo de los siglos, en busca del alma nacional.

Pero hablar de Octavio Paz, sin caer en lugares comunes, es sumamente difícil, mucho se ha dicho y más se dirá en estos días próximos a su aniversario luctuoso. Lo que hoy llama la atención es la forma en que estamos honrando la memoria de nuestros grandes de la cultura: la emisión de billetes y monedas con la efigie de intelectuales y artistas.

Durante décadas, los francos franceses fueron señeros en esta conducta: sus billetes honraron la memoria de personajes como Antoine de Saint-Exupèry, Marie Curie, Debussy y Voltaire. Independientemente de quiénes sean los elegidos para este homenaje cotidiano, hay un mensaje en el que todos estamos de acuerdo: nuestro país lo que requiere son hoy héroes de la inteligencia, el arte y la cultura. Es verdad que tenemos un pasado glorioso pleno de hechos de digna memoria, pero también lo es que aquello que ha formado el sustrato sobre el que hemos levantado la República es un trabajo cultural de enormes dimensiones y de muchas generaciones.

Hasta hoy, Diego Rivera y Frida Kahlo inauguraron el panteón monetario de nuestros héroes culturales. Los billetes, al reproducir obras originales, son auténticas obras de arte. Ahora la moneda de 20 pesos traerá acuñada la imagen de Paz, un mensaje que no puede pasar inadvertido: más cultura, menos armas; más educación, menos enfrentamiento. Nuestro imaginario gusta dibujarnos como un pueblo de valientes siempre, osados hasta la imprudencia y arriesgados a toda costa. La emisión de billetes y monedas con estas nuevas imágenes nos ofrece, a nosotros mismos, la visión de un pueblo sensible, dotado para el arte, civilizado y con un pasado que se perpetúa en nuestra vida cultural contemporánea.

Durante muchos años hemos construido esa imagen “al grito de guerra”. Sin olvidarla, porque es parte de nuestra identidad, sería bueno también que pensáramos un mañana en el susurro de paz de la creación artística, que podamos ver en billetes y monedas a Alfonso Reyes, Juan O’Gorman, Fernández de Lizardi, para que así, sor Juana, única mujer y única intelectual por muchos años en los billetes, se vea acompañada en ese enorme panteón de belleza, inteligencia y creatividad que por siglos hemos construido los mexicanos.

        *Profesor de la Facultad de Derecho.       UNAM

            fserranomigallon@yahoo.com.mx

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