Plena ocupación y paz social

Los síntomas de violencia y la multiplicación de poderes fácticos, antagónicos a las instituciones legítimas, tienen hondas raíces económicas y sociales.

La compleja coyuntura que hoy atraviesa México va mucho más allá de un problema de seguridad que pueda resolverse exclusivamente mediante el uso de la fuerza pública. Es difícil creer que la violencia se eliminará sólo con más violencia. Los síntomas de violencia y la multiplicación de poderes fácticos, antagónicos a las instituciones legítimas, tienen hondas raíces económicas y sociales: la acumulación de más de década y media de crecimiento económico insuficiente para hacer del crecimiento demográfico un bono social, en vez de un pasivo; el incremento de un escalofriante rezago educativo, tanto cuantitativo como cualitativo; el ahondamiento de disparidades sociales y regionales ya abismales y el entrampamiento de una transición democrática que en aras de la pluralidad y la alternancia ha llevado a postergar indefinidamente las reformas estructurales indispensables para culminar el proceso de modernización emprendido y dar una respuesta eficaz a los retos globales.

La suma e interacción de éstas y otras condiciones históricas han producido la desocupación masiva, sobre todo entre los jóvenes; el empobrecimiento de comunidades y regiones enteras; la emigración forzada por el hambre y la desintegración de las familias y de las estructuras solidarias de soporte social. La ausencia persistente de dinamismo económico también es factor clave en la creciente erosión institucional y, sobre todo, la desesperanza en la que los poderes fácticos, criminales o no, encuentran el caldo de cultivo para sus actividades, que vulneran al Estado de derecho y perturban la paz social. Sin una respuesta eficaz y convincente a estas causas subyacentes, el mantenimiento de un estado de guerra interna no declarada, no sólo parece ser incapaz de restablecer la seguridad pública y la confianza de la sociedad, sino que conlleva el riesgo de ahondar más aún el deterioro institucional y el desgaste del ya frágil tejido social.

Alcanzar y mantener una economía de plena ocupación es indispensable para hacer un aprovechamiento social óptimo del acervo nacional de capital humano y para dar al crecimiento un carácter incluyente. Quienes quedan excluidos de la ocupación, quedan también excluidos de participar de manera directa en las retribuciones crecientes que el crecimiento aporta a quienes contribuyen a producirlo. Esta exclusión conlleva un deterioro creciente del capital humano acumulado por los excluidos, en tanto la desocupación trae consigo la pérdida de destrezas y la obsolescencia de las habilidades y de los conocimientos adquiridos.

De esta manera, una economía sin plena ocupación lleva implícito un perverso mecanismo de empobrecimiento e inequidad, que termina por deteriorar el tejido social y crear las condiciones en que la inseguridad y la violencia se enseñorean. Alcanzar y mantener una economía de plena ocupación significa que la política macroeconómica no sólo deberá asegurar la estabilidad, sino que deberá asegurarla de manera congruente con la meta de plena ocupación. En presencia de un mercado interno deprimido a consecuencia de muchos años de crecimiento insuficiente, las retribuciones reales al aporte productivo humano y los costos reales de los demás factores productivos deben traducirse en precios reales que permitan a los bienes y servicios mexicanos competir sin desventaja en los mercados globales. En consecuencia, es indispensable evitar los procesos inflacionarios cuidando, sobre todo, no incurrir en déficits significativos en las finanzas públicas. Sin embargo, es igualmente crucial velar por que la política monetaria sea eficaz con el fin de impedir que la acumulación de reservas, necesarias para preservar la estabilidad, y los flujos de inversión foránea, indispensables con miras a mantener el crecimiento, conduzcan a una apreciación excesiva del tipo de cambio real, lo que mermaría la dinámica exportadora e impediría la plena ocupación.

Para rescatar a México del estancamiento y el riesgo de la desintegración nacional se necesitan buenas ideas y oportunidades con el objetivo de convertirlas en innovaciones globalmente exitosas, audacia y espacios para innovar en una sociedad abierta. Para “redistribuir el ingreso” de manera eficiente y duradera, la única fórmula eficaz es redistribuir las capacidades productivas esenciales hoy por hoy: educación bilingüe, destrezas digitales, financiamiento, y acceso competitivo a internet. Hacer esto de manera rápida y eficaz es el primer paso para detonar la reactivación económica y restaurar la integración social duradera en México. Logremos la plena ocupación y la paz social se dará por añadidura.

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