El deterioro del Distrito Federal
La oposición, los medios de comunicación y los analistas son muy observadores y críticos respecto del desempeño del gobierno federal. Sin embargo, se ha sido muy complaciente con el Gobierno del Distrito Federal. Sin quererlo, la “guerra contra el narcotráfico” del ...

Raúl Contreras Bustamante
Corolario
La oposición, los medios de comunicación y los analistas son muy observadores y críticos respecto del desempeño del gobierno federal. Sin embargo, se ha sido muy complaciente con el Gobierno del Distrito Federal.
Sin quererlo, la “guerra contra el narcotráfico” del presidente Calderón y su óptica limitada al tema electoral, han sido los dos grandes temas que han atraído la atención y, bajo su sombra, la situación política de la capital de la República ha permanecido oculta y disfrazada.
En 1997, tomó posesión el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas como el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal electo, desde 1824, fecha en que se decreta su institución. En el mismo tenor, el próximo primero de octubre, se cumplirán 11 años de que tomaron la dirección de las demarcaciones territoriales o delegaciones los primeros jefes elegidos mediante votación directa.
Las preguntas que debemos formularnos son: ¿En estos 13 años de gobiernos electos, ha mejorado la calidad de vida de la ciudad y de sus habitantes? ¿La alternancia en el gobierno ha producido instituciones de gobierno mejores? ¿La participación ciudadana encontró mejores canales de comunicación y defensa de sus intereses?
Veamos. La Ciudad está plagada de cientos de “giros negros” que han proliferado en los últimos tiempos. El uso del suelo está totalmente despedazado, ya no hay ninguna zona con vocación determinada y se han autorizado comercios en zonas residenciales, grandes edificios en áreas de desarrollo controlado, permisos de construcción de edificios donde hay escasez de agua y estacionamientos, por citar algunos casos.
Las marchas y los plantones no sólo no se han controlado ni reglamentado, sino se toleran. Las obras suntuarias y las acciones populistas se ponen en marcha sin contrapeso ciudadano y la ciudad está llena de baches; sin señalizaciones; con semáforos arcaicos y descoordinados; sucia y falta de mantenimiento en general.
El gobierno defiende al Metrobús que, sin desconocer sus beneficios populares, no deja de ser una obra horrible, con instalaciones mal planeadas y con balizamientos de pésima calidad, que han desgraciado avenidas hermosas y tradicionales, con la consecuencia del rechazo, de los vecinos que padecen la maldición, de que les haya tocado un trazo por su colonia.
Cuando los jefes delegacionales son de un partido de oposición, jamás son recibidos por Marcelo Ebrard en acuerdo y —salvo honrosas excepciones— son ausentes y desconocidos. ¿Usted, amigo lector capitalino, sabe de verdad el nombre del suyo?
La verdad sea dicha, el gobierno de la ciudad opera con una estructura de gobierno casi idéntica a la que operaba en el antiguo Departamento del DF, pero con prácticas políticas centralizadoras peores y con un enorme crecimiento del gasto burocrático.
La participación ciudadana es casi nula, hay incrementos brutales en el predial, el agua y demás derechos que se cobran y, si bien no se han producido demasiados incidentes de la crueldad y la violencia como en otras entidades, la ciudadanía ha venido padeciendo una incidencia siempre creciente en el número de delitos que a diario se cometen.
Lo que si es un éxito es que el Gobierno del DF es un trampolín para buscar la Presidencia de la República. Cárdenas y Andrés Manuel, no concluyeron su perido y, por lo que se ve, Marcelo seguirá sus pasos. ¿Y la Ciudad? Bien, gracias.
*Doctor en derecho y profesor de la UNAM