“El perro del mal…”
La intolerancia de Javier Corral frente a las críticas apareció ayer en la rueda de prensa que ofreció en San Lázaro, luego de ser señalado como responsable del nuevo atorón de la Ley de Seguridad Nacional. El egocéntrico diputado no escondió su irritación por ...

Francisco Garfias
Arsenal
La intolerancia de Javier Corral frente a las críticas apareció ayer en la rueda de prensa que ofreció en San Lázaro, luego de ser señalado como responsable del nuevo atorón de la Ley de Seguridad Nacional.
El egocéntrico diputado no escondió su irritación por la balconeada que, en este espacio, le dieron algunos de sus compañeros de bancada. No les gusta su protagonismo y mucho menos sus maniobras.
Javier aprovechó la pregunta que le hicimos sobre la urgencia de dar marco jurídico a la intervención de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narco, para descargar su ira contra este reportero. Calificó de “insidioso” lo aparecido aquí bajo el título de “Corral vs. Josefina”. La columna hablaba de las públicas diferencias que el legislador de Chihuahua ha mantenido con Josefina Vázquez Mota, en asuntos torales, como la Ley de Seguridad Nacional o en el tema de los consejeros electorales.
Pero también de sus ambiciones de ganar el liderazgo en su bancada, aun a costa de torpedear los acuerdos comprometidos por Josefina Vázquez Mota. La historia la construimos basados en testimonios que recogimos entre algunos compañeros de bancada de Corral, que no están de acuerdo con su conducta y hablaron a condición de no ser citados.
-¡Dime nombres! ¡Dame uno! ¡Con eso me basta! —exigía, casi a gritos, el enfurecido diputado, apenas bajó del estrado, donde ofreció la conferencia, junto con representantes de la sociedad civil.
-No te los voy a dar, respondimos.
-Ya ves cómo eres mentiroso, repuso.
El hombre no se cansa de presumir su conocimiento de los medios. No ignora entonces que el off the record se respeta. Y no fue uno, sino tres de sus compañeros, los que coincidieron, palabras más, palabras menos, en las críticas al legislador de Chihuahua. “Es talentoso, pero lo pierde su soberbia”, nos dijo ayer otra diputada del PAN.
Javier parece no darse cuenta de que le falta mucho para alcanzar el liderazgo que cree tener. No concibe que sus compañeros lo puedan criticar por sus actitudes individualistas. “Son inventos”, dice.
La calentura subió. Los calificativos, también. ¡Eres un prepotente, no soportas que se te enmiende la plana!, nos dijo, ya fuera de sus casillas. ¡El prepotente eres tú! ¡Mentiroso y soberbio!, reviramos.
Era demasiado para sus aires de grandeza. ¡No me puedes hablar en ese tono!, advirtió, muy exaltado. “¡Tú tampoco..!, replicamos. Javier dice que nos va a revirar públicamente cada que escribamos una “insidia”. Lo penoso, para él, es que no son “inventos”. Cada palabra, cada línea escrita en la columna de ayer, se apoya en versiones recogidas entre diputados del PAN. Lo saben las fuentes. Lo sé yo. Corral puede replicar cuantas veces quiera. Eso no va a cambiar la percepción que de él tienen algunos de sus compañeros. Puede decir misa. Nosotros estamos tranquilos.
Por lo demás, el título de la columna tiene que ver con palabras del propio Corral. El diputado del PAN dijo en tribuna —y también frente a los reporteros— que lo quieren hacer “el perro del mal” de las Fuerzas Armadas, por la postura que ha asumido en contra de las modificaciones a la polémica Ley de Seguridad Nacional. Jura que esta ley, tal como quedó, promueve un “Estado policiaco”.
Sucedió hace dos semanas. En la casa del diputado del Verde Pablo Escudero, ubicada en el sur de la ciudad, Roberto Gil, secretario particular del presidente Calderón, cenó con Josefina Vázquez Mota, Manlio Fabio Beltrones y Escudero.
Fue un encuentro muy importante para la reforma política que acababa de aprobar el Senado. Gil llevaba instrucciones del número uno para negociar un acuerdo. Manlio la quería. Se juntaron voluntades.
Durante más de cuatro horas (salieron de madrugada) se revisaron diferencias y consensos, hasta que se configuró el acuerdo. El gobierno federal y su partido renunciaron a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales; a cambio, Manlio a su pretensión de que el gabinete sea ratificado por el Senado.
Las puertas se abrieron a una reforma que, por fin, empodera a los ciudadanos; permite la reelección de diputados, senadores y alcaldes; entre otras muchas cosas.
El dictamen está en esa congeladora que es la Cámara de Diputados. Los augurios no son buenos. “¿Por qué vamos a aprobar en fast track la reforma de un grupo de senadores y del presidente de la República?, preguntaba, la mañana de ayer, César Augusto Santiago. El diputado del PRI hizo notar que son cambios de gran calado que no pueden ser revisados, discutidos y aprobados en los tres días que le quedan al periodo de sesiones. Apenas da tiempo de leerla, dijo. “Yo no estoy de acuerdo, por ejemplo, con la reelección, tenemos que discutirlo”, recalcó.
Ya lo dijo Porfirio Muñoz Ledo: el ping pong entre el Senado y los diputados, entre los aspirantes presidenciales, Manlio y Peña, ha detenido las reformas estructurales.