Como el chinito: nomás milando
La irrupción de China al mundo moderno ha vuelto los ojos a este país que se abrió al orbe
China ha ejercido un influjo en México. Su influencia ha incorporado algunas de nuestras expresiones coloquiales: “Está en chino” es algo incomprensible, misterioso, inexpugnable... Si un bateador da un homerun, significa que la bola llegó “hasta China”. “Tortura china” es parte del lenguaje penal. La referencia a los “espías chinos” es conocida. Los mexicanos llegamos a considerar como “chinitos” a todos aquellos que, aunque no sean estrictamente chinos, tienen piel amarilla y ojos rasgados. Agravio inmerecido a los admirables japoneses. Habría que preguntarle a un lingüista por la expresión “pelo chino”, esto es hirsuto. Conocemos la tradición de la “China Poblana” que no tiene nada que ver con China.
La irrupción de China al mundo moderno ha vuelto los ojos a este país que se abrió al orbe con la intención de conquistarlo. Su amenaza no tiene fronteras.
La preocupación no es exclusivamente mexicana. Pekín ha puesto de cabeza al mundo. Estados Unidos reaccionó. El gobierno de Obama ha alertado sobre el riesgo político de no seguir las reglas internacionales, particularmente en materia de propiedad intelectual, derechos de autor y acceso indiscriminado a los mercados y la competencia desleal y ruinosa.
El presidente Hu Jintao visitó Estados Unidos. Anunció con Obama exportaciones de Estados Unidos a China del orden de 45 mil millones de pesos. Esto significa 235 mil empleos en Estados Unidos. Por lo pronto Hu anunció estar dispuesto a ceder en uno de los temas que genera el mayor conflicto con Estados Unidos, como es utilizar tecnologías pirata sin registros internacionales. Hu se comprometió a que las dependencias del gobierno chino sean auditadas para verificar sus registros sobre software.
Google tiene en marcha un proyecto para crear una biblioteca virtual. Esta idea generó en Estados Unidos un problema porque los autores y editores demandaron a Google por violar las leyes de derechos de autor. Finalmente se llegó a un acuerdo. No obstante, en China, Google siguió escaneando libros chinos. La organización china Written Works Copyright Society denunció que Google había almacenado en línea 17 mil 922 trabajos de 570 dueños de los derechos. Wang Shen, una autora china, demandó a Google por haber puesto en línea su libro sin autorización. La autora de Amor Ácido propició la negociación de la organización editorial china con Google.
La Suprema Corte de China ha tomado algunas medidas, lo que muestra que no pretenden desafiar abiertamente al sistema global. Una de las medidas es simple, pero por algo se empieza: quienes utilicen desarrollos protegidos por derechos de autor deberán mostrar al menos que tienen permiso.
Tal vez por ello los chinos que producen masivamente joyas, no han dejado de fabricar réplicas del anillo que el príncipe William le entregó a su novia Kate y que perteneció a su madre, la princesa Diana. Pero han tenido cuidado en que el anillo que se vende por todo el mundo tenga características que permitan diferenciarlo si se presentara una demanda de la Corona Británica. El anillo de Lady D valuado en 50 mil dólares se vende en réplicas a un dólar. Nadie nota la diferencia.
Más allá del anillo de compromiso, la primera plana la ocupa el escándalo francés sobre supuestos espías chinos que pretendían robar tecnología automotriz a la Renault. El gobierno francés ha negado esta versión, pero los rumores y especulaciones indican que podría estarse en presencia de una guerra económica entre Francia y China. Los espías chinos serían en todo caso funcionarios del gobierno chino. En México, lo más escandaloso ha sido otorgar la ciudadanía mexicana a Zenhli Ye Gon (¿copelas o cuello?), el chinito de Las Lomas. El asunto de Renault en Francia debe alertarnos para evitar el riesgo de la industria automotriz mexicana, ligada a Estados Unidos, Japón y Alemania. Hace muchos años la política migratoria mexicana era restrictiva de la nacionalidad china. Sucede que ahora se han liberado controles. Habría que cuidar que no vengan espías chinos.
En todo caso, si vienen, que se queden como el chinito: nomás milando.
