Se llama censura

Si la rectora de la UACM no tiene razón en sus evaluaciones y conclusiones habría que demostrarlo

Cuando se tiene la certeza de estar del lado políticamente correcto (el que está de moda, claro) se pueden decir y escribir barbaridades e ilegalidades como prohibir el derecho a la libertad de expresión a quienes no piensan como uno, sin exponerse a que una organización no gubernamental nacional o extranjera, una comisión defensora de derechos humanos o un legislador asalte la tribuna para denunciar la flagrante violación a las garantías individuales consagradas por la Constitución y los tratados internacionales.

El pasado miércoles 13, el Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) publicó un desplegado en el que, dice textual, “ordena a la Rectora (Esther Orozco Orozco) que, antes de emitir cualquier comunicado público referente a la Universidad, lo someta a la consideración de la Comisión de Difusión, Extensión y Cooperación Universitaria del Consejo Universitario, para sus observaciones y aprobación”.

Y líneas más adelante, el desplegado de ese Consejo, firmado por 30 consejeros académicos, 25 consejeros estudiantiles y seis representantes del sector administrativo, técnico y manual (en el caso de los consejeros estudiantiles y académicos se establece que también hay consejeras y académicas con el “as” en paréntesis para que, supongo, quede claro que no se viola equidad de género, aunque no ocurre lo mismo con los representantes), “propone” —el documento está dirigido a la “Comunidad Universitaria” (con mayúsculas)  y a la “opinión pública” (con minúsculas)— nada más y nada menos “el retiro inmediato del pronunciamiento de la Dra. Esther Orozco de la página web de la UACM, emitido el 4 de abril de 2011” (que se comentó aquí el domingo pasado).

Ese “ordena” y ese “propone” del Consejo Universitario de la UACM se llaman en español más o menos correcto: censura previa y censura contra la libre expresión de una ciudadana, quien ha cometido la osadía de cuestionar, evaluar, criticar y exponer el estado que guarda esa institución educativa, fundada hace diez años por decreto del Gobierno del Distrito Federal que encabezaba entonces Andrés Manuel López Obrador. Hay que recordar que la rectora, además de reconocida científica tanto en México como en el  mundo, también ha sido candidata del PRD, es decir, no es, que se sepa, ni panista ni priista.

Los miembros de ese Consejo Universitario exponen que éste “reconoce a todas los voces de la comunidad y no denuesta a nadie” y añade que “una auténtica universidad no debe buscar la uniformidad; por el contrario, debe fomentar la diversidad, la discusión y el diálogo”, aunque todo parece indicar que esas voces diversas, diferentes, disientes, como la de su rectora, no son bienvenidas.

Es cierto —aquí mismo se escribió sobre ello— que la doctora Orozco hizo severas críticas a la UACM sustentadas en evaluaciones internas. Las cifras, los datos duros, que expuso en ese documento ahora denostado y que se propone eliminar de la pagina web, la llevaron a considerar que se está cometiendo un “fraude educativo” con los más de diez mil estudiantes que asisten a la institución.

Si no tiene razón en sus evaluaciones y conclusiones habría que demostrarlo… con cifras, datos duros, evaluaciones y auditorías. Hasta ahora, la rectora de la UACM sólo ha sido descalificada con discursos, escritos y opiniones, pero nadie ha desmentido sus datos. Y si bien sus críticos, aun los más feroces, no habían llegado a tanto, el Consejo Universitario de su institución “ordena” censura previa  y “propone” censurar lo ya difundido. ¿Habrá organización no gubernamental, defensor de derechos civiles, diputado o senador que defiendan las garantías de la rectora de la UACM o los defendibles sólo son los que piensan igual que uno?

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