Pasarela panista: fortalezas y debilidades
Virtualmente borrada del escenario electoral de 2012 la posibilidad de ir en alianza con el PRD, Acción Nacional se apresta a buscar sólo algo que comúnmente le es negado a las fuerzas políticas gobernantes del mundo democrático: un tercer periodo al frente del ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Virtualmente borrada del escenario electoral de 2012 la posibilidad de ir en alianza con el PRD, Acción Nacional se apresta a buscar sólo algo que comúnmente le es negado a las fuerzas políticas gobernantes del mundo democrático: un tercer periodo al frente del país.
Por el momento, el PAN es el único partido cuyo candidato presidencial aún no aparece en el horizonte. Y a menos de que se repita la fórmula aplicada en el Estado de México —donde dos de los aspirantes declinaron en favor de un tercero, para ungirlo como “candidato de unidad”, muy a la usanza del PRI—, los panistas deberán ir a una elección interna que, de entrada, se presenta como un arma de doble filo.
Una primaria panista —como la que ganó Felipe Calderón en 2005, contra todos los pronósticos— será un factor diferenciador del PAN respecto del PRI y la izquierda, donde las candidaturas presidenciales están más que definidas.
El PAN puede aprovechar muy bien esa circunstancia, pues tendrá la oportunidad de mostrarse como el único partido que no teme a practicar la democracia interna, y puede usar a su favor el factor incertidumbre, muy apetitoso para los medios y los observadores de la política, así como una mayor visibilidad en lo que se toma esa decisión.
Sin embargo, una primaria también puede volverse contra Acción Nacional si la ambición de poder lleva a los panistas a cometer trampas como las de la reciente asamblea para renovar a su dirigencia en la delegación Benito Juárez o echar mano de los recursos del gobierno para favorecer a alguno de los precandidatos.
La primera batalla que librarán quienes finalmente decidan anotarse en la contienda será en torno de si ésta se abre a los miembros adherentes del partido (1.4 millones) o si se limita a los miembros activos (287 mil). Esa proporción de casi 5 a 1 era la contraria hace seis años y, ya entonces, un factor importante en la elección interna era quién controlaba el ingreso de los adherentes. Se dice que en 2005 desaparecieron misteriosamente las formas para afiliarse, por ejemplo.
Si el PAN sale unido, sin impugnaciones, de su competencia interna, el candidato o candidata oficial a la Presidencia habrá dado un paso importantísimo para hacerse de una de las dos posiciones que hay de facto en toda contienda por Los Pinos.
Como he comentado aquí en otras ocasiones, desde que existe una lucha real por el poder en México, y ante la falta de una segunda vuelta, la elección presidencial en el país termina siendo una carrera de dos candidatos: uno que representa el cambio y otro, la continuidad.
Acción Nacional se equivocará si permite que su primaria derive en una lucha de lodo. Y el ganador de esa contienda se equivocará si quiere ubicarse en la casilla del cambio. Lo único que garantiza al PAN la posibilidad de mantenerse en Los Pinos es ser fiel a su programa —es decir, no tratar de parecerse al PRI, porque entre el original y la mala copia, la gente siempre optará por el primero— y no tomar una distancia tan grande de las decisiones que, para bien o para mal, han caracterizado al gobierno de Calderón.
El PAN no tiene margen de error. En 2012, todo juega a favor del cambio y en contra de la continuidad. Por decirlo en términos beisboleros, en la novena entrada el cambio batea en la parte baja, va perdiendo por una sola carrera y tiene las bases llenas y sin out. El pitcher abridor ya dio lo que podía dar, debe irse al dugout, y del bullpen tendrá que salir un auténtico bombero para sacar los tres outs por ponche.
El relevista del PAN tendrá que explicar a los votantes por qué es deseable la continuidad. Tendrá que comunicar lo que el actual gobierno ha sido incapaz de explicar con claridad: cuál es el propósito de la guerra contra el crimen organizado. Cuando la mayoría de los mexicanos cree que el problema es la estrategia del gobierno y no la delincuencia, es que el gobierno, comenzando por el Ejecutivo, no ha logrado convencer a la población de que su plan es el correcto.
Si Acción Nacional piensa que no le debe esa explicación a los mexicanos, se estará equivocando gravemente. Si cree que andar buscando hijos fuera del matrimonio a su potencial opositor, a fin de exhibirlo, basta para retener la Presidencia, me permito dudarlo. Tampoco creo que lo logre con apostar a los recuerdos que los mexicanos tienen del régimen priista porque éstos son, en todo caso, mixtos.
El juego de la guerra sucia ya se dio en 2006 y nos llevó a una peligrosa polarización de la que México no ha salido aún. No creo que el electorado —particularmente uno que está integrado por 15 millones de ciudadanos nacidos después de 1985, sin memoria de aquel autoritarismo pernicioso— se trague tan fácil el cuento del padre desobligado o del lobo feroz que viene a comerse las ovejas.
¿Quién es el mejor relevista del PAN? Difícil saberlo. Lo que miden actualmente las encuestas puede ser un referente equívoco. El PAN sin duda necesitará un buen polemista, sin miedo a defender las posiciones del actual gobierno y con capacidad de explicarlas mejor de lo que éste ha hecho. Eso no quiere decir que no deba tener su estilo propio, pero si intenta ser el candidato del cambio, ahí están mejor ubicados Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, cuyo principal ofrecimiento será, justamente, un cambio de rumbo en la actual estrategia contra el crimen organizado.
Aunque en principio parezca difícil la tarea, el candidato de la continuidad tendrá algo su favor: ninguno de los impugnadores de la estrategia oficial —que sin duda ha sido marcada por la tragedia de cerca de 40 mil muertes— ha logrado esbozar un plan alternativo creíble.
Algunos han hablado de sacar a las Fuerzas Armadas de la lucha contra el crimen organizado, pero nada más, y falta ver si esa medida, por sí sola, podría devolver la paz al país y garantizar el orden. Es más, la estrategia planteada en un artículo para un sitio web del Financial Times, Peña Nieto no propone un golpe de timón. Y si hemos de creer en el reporte que envió al Departamento de Estado el entonces embajador de EU, Tony Garza, y que fue filtrado a WikiLeaks, en 2006 el candidato presidencial López Obrador estaba a favor de una mayor intervención del Ejército en la lucha contra el narco (Excélsior, 15/IV/2011).
Lo ha dicho muy bien Cuauhtémoc Cárdenas: quien aspire a gobernar el país —y, yo agrego, especialmente aquel que quiera portar la bandera del cambio— deberá mostrar claramente cómo piensa acabar con la violencia y la criminalidad.
Unos precandidatos muy poco panistas
Puede jugar a favor o en contra de quienes buscan la nominación del PAN en 2012, pero es un hecho incontrovertible: los precandidatos no son panistas de abolengo.
De los siete aspirantes mencionados , solamente uno rebasa los 12 años que tenía Vicente Fox como militante del PAN cuando contendió por Los Pinos en 2000, y ni siquiera el más veterano de ellos alcanza 70% del tiempo que llevaba Calderón en el partido al momento de ser candidato.
Entre los siete aspirantes —Ernesto Cordero, Santiago Creel, Heriberto Félix, Emilio González, Javier Lozano, Alonso Lujambio y Josefina Vázquez Mota— apenas logran juntar 43 años de militancia, y el PAN tiene 71 de existir.
El que más tiempo tiene como miembro es el gobernador jalisciense Emilio González, con 18 años. Pero uno de los mencionados, el secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix, ni siquiera milita en el partido, aunque eso no lo hace sentir menos, pues dicen sus cercanos que se sintió aludido por el mensaje del presidente Calderón, cuando éste dijo, el mes pasado, que el PAN podría postular a un ciudadano.
NOTA: Esta columna volverá a publicarse el domingo 1 de mayo.