Producto hecho en México: Andrés Manuel López Obrador
A sus 64 años, el polémico tabasqueño busca por tercera ocasión la Presidencia de la República; politólogo, exjefe de gobierno de la Ciudad de México, fundador de Morena, amante del beisbol, reitera su planteamiento de un cambio verdadero en el país escuchando a quienes están “a ras de tierra”
CIUDAD DE MÉXICO.
Ni Donald Trump ni Hugo Chávez; “es un producto hecho en México”. Ésta es la más reciente definición que el político mexicano ha hecho sobre sí para despejar cualquier duda o resquicio de lo que sus adversarios propagaron en su contra durante la campaña presidencial del 2006, al calificarlo como “un peligro para México” y que hoy, los ecos de esa guerra sucia quieren revivir para bajarlo en el ranking electoral.
Nacido un 13 de noviembre de 1953, en el seno de una familia de comerciantes, sin mucho éxito en los negocios, y que gracias a una beca del gobierno de su estado logró licenciarse en la UNAM como politólogo, está en su tercer intento por alcanzar la Presidencia de la República.
Para ello, el hombre de Macuspana, Tabasco —agradecido “con el creador y con la ciencia” por sobrevivir a un infarto en diciembre de 2013 y fundar, dos años más tarde a Morena, uno de los partidos más jóvenes de México—, sabe que la disciplina es fundamental para cristalizar sus objetivos de vida.
Es así que desde hace cuatro años corre cinco kilómetros diarios, no se desvela, no bebe alcohol, escribe y lee de manera permanente y no se permite ingerir nada frío.
Sin embargo, en público y en privado frente a la barbacoa, los tlacoyos, el puchero, las gorditas de chicharrón, el café que se pueda antes de las seis de la tarde y los dulces de Gota de Miel —hechura de San Luis Potosí— nada ha podido hacer: sucumbe a las debilidades culinarias sin oposición alguna.
Las debilidades del tabasqueño —acostumbrado a marcar su agenda— se acentúan si hay de por medio un jugo de piña a la orilla del camino, para calmar el calor y la humedad de aquellos lugares “donde nunca se para nadie, sólo usted”, como frecuentemente le reconocen los lugareños, sean simpatizantes o no de su movimiento.
El alto total de la camioneta Suburban blanca donde viaja conducida por Rojas, el señor al volante, marca la pauta para enviar el mensaje de que es hora de relajarse, de estar en playera de algodón, de hacerle caso a la vejiga y de retirarse por un rato los anteojos que le acompañan en el asiento de copiloto donde siempre viaja, a ras de tierra.
Claro, aunque el hombre que divide opiniones entre la derecha y la izquierda, y que en la bolsa de su camisa nunca falta un peine de carey “pa’ salir peinado en la foto”, pone límites cuando de comida se trata, pues sólo come pollo o huevo si son de rancho.
Como padre de familia sabe del duelo de la viudez al perder a su primera esposa, Rocío Beltrán, a principios de 2003, a causa de un paro cardiaco y la cual lo dejó, cuando aún era jefe de Gobierno de la Ciudad de México, a cargo de sus tres hijos: José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo.
Al pasar los años, los tres varones, que continuamente rechazan ser “los nuevos juniors del poder”, se han convertido en los seres de mayor confianza para el precandidato de izquierda, pues son los ojos y los oídos de su padre al interior del partido que fundó y mismo que se prepara para un relevo generacional, sea cual sea el resultado de las urnas el 1 de julio.
Mención aparte es la de El Jueche, Jesús Ernesto, el hijo menor de López Obrador, quien apenas alcanzará los 11 años y se ubica como el más rebelde de sus hijos, pues su deporte favorito no es el béisbol, como su padre quisiera, y tampoco le va a Los Pumas, sino al América.
Son ese pequeño, junto con Beatriz Gutiérrez Müller, su madre y actual esposa de López Obrador, quienes de vez en cuando le orquestan “motines emocionales” al tabasqueño por las ausencias en casa, originadas a partir de los permanentes recorridos que efectúa a lo largo del país con el propósito de “llevar a cabo la cuarta transformación de México”, de manera pacífica y sin romper un solo vidrio.
Ni mesiánico ni antirreligioso
En el terreno de la disputa electoral, el puntero en las encuestas y nombrado en 2004 el segundo mejor alcalde del mundo vuelve a ser blanco de ataques políticos lanzados por sus adversarios del PRI y del PAN, quienes presagian que si López Obrador gana la Presidencia de la República “México sería como Venezuela” y el populismo y la demagogia harían retroceder al país entero a manos de “un mesiánico”.
Es entonces que el hombre de 64 años, con la experiencia de dos campañas presidenciales en su haber y alejado de “lo políticamente correcto” —como es su estilo— refuta uno a uno de los adjetivos y sentencias que se dicen sobre su forma de ser.
Frente a las críticas de sus adversarios que lo califican de mesiánico, antirreligioso e intolerante frente a la pregunta incómoda de los periodistas, la respuesta de Andrés Manuel López Obrador a sus adversarios es la misma de siempre: “Mientras ellos se reúnen en restaurantes, en hoteles de lujo para tomarse la foto y pactar cargos, yo voy al encuentro con la gente, a ras de tierra” para propiciar un cambio y escuchar los problemas que enfrentan.
Ésa es la razón que lo ha llevado a visitar en más de una ocasión los dos mil 400 municipios de México, desde hace 20 años, en giras de tres, cuatro, cinco o hasta seis días, sin escoltas y durmiendo ya sea en un hotel sencillo que se localice en el lugar, o bien, en alguna habitación con todos los servicios, pocas veces de cinco estrellas.
Es en esos momentos y recorridos donde las selfies, los autógrafos, los abrazos, el tener tú a tú al político, escuchar a los ancianos, dirigirse a los que ni estudian ni trabajan, comer entre ellos, cargar a los bebés entre sus brazos, solidarizarse con las luchas magisteriales e identificar a los líderes regionales llevan a López Obrador a construir y mantener una estructura sólida de promoción de su movimiento y de defensa del voto en las zonas más marginadas del país.
Por supuesto, todo lo anterior con la ayuda y participación de la estructura partidaria de Morena en los estados, donde se ha encargado de formar a los futuros líderes y dirigentes de su legado partidario como “representantes del cambio verdadero”.
Así es la personalidad de López Obrador, líder indiscutible, quien para demostrar que también es un político moderno, fue capaz de abandonar la guayabera y los zapatos cómodos que regularmente le acompañan en las giras y vestirse de etiqueta para compartir una reunión con empresarios, petroleros y banqueros en algún centro de negocios de Nueva York, Washington o Chicago.
De viajar incluso a Europa a invitación de su amigo Jeremy Corbyn, líder del partido laborista en Londres, Inglaterra para conocer el parlamento inglés así como de aceptar las invitaciones para visitar a los presidentes de Chile, Ecuador y El Salvador, como lo hizo en septiembre pasado.
El primer círculo
En los más de 40 años de trayectoria política, Andrés Manuel López Obrador ha tejido una larga red de amigos, empresarios, académicos, artistas, escritores y políticos que respaldan sus propuestas.
Sean militantes o no de Morena, son los personajes en los que más confía el aspirante presidencial por su capacidad, trayectoria y resultados.
Actualmente, el empresario Alfonso Romo Garza junto con el exsecretario de gobernación, Esteban Moctezuma Barragán, son los coordinadores del proyecto alternativo de nación 2018-2024 que impulsa López Obrador.
Ambos personajes, quienes en otro tiempo trabajaron por separado para proyectos panistas y priistas, son hoy los conductos que han llevado a López Obrador a sectores donde antes no había accedido, principalmente a gremios empresariales que “guardaban dudas” sobre el proyecto lopezobradorista y que hoy gracias su labor de convencimiento, respaldan.
César Yáñez, secretario de comunicación de Morena, es, sin duda, desde hace más de 15 años, una de las personas que más conoce al tabasqueño por el alto nivel de convivencia que mantiene con él.
Sea de noche o de día, Yáñez Centeno siempre está cerca del dirigente de Morena. Él fue de los únicos que viajó con el aspirante presidencial a su gira por Chile, Ecuador y El Salvador, junto con el empresario Alfonso Romo.
Horacio Duarte, representante de Morena ante el INE, es otra pieza clave en el grupo de colaboradores más cercanos del exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, pues además de representar a su partido ante el órgano electoral es el canal que abrió Morena para explorar las posibilidades de alianza con otros partidos en el 2018.
Yeidckol Polevnsky, secretaria general de Morena, también se cuenta en la lista de destacados colaboradores de López Obrador al encargarse —entre otras responsabilidades— de organizar los recorridos que llevará a cabo el dirigente nacional de Morena cada semana.
Es reconocida por su capacidad para operar y negociar y se le ubica para ser quien quede al mando del partido cuando López Obrador deje la dirigencia de Morena para dedicarse a sus aspiraciones presidenciales.
Las escritoras Elena Poniatowska y Laura Esquivel, así como la presidenta del Consejo de Morena, Bertha Luján, y el diplomático Héctor Vasconcelos completan el grupo de colaboradores y amigos en los que López Obrador ha depositado su confianza para, por tercera y última ocasión, disputar la Presidencia de la República.
ASUNTOS POLÉMICOS
En el actual proceso electoral, López Obrador ha polemizado con su dicho sobre una presunta amnistía a criminales.
En los últimos días ha insistido en la cancelación del nuevo aeropuerto capitalino, que ha condensado posiciones a favor y en contra.
Las frases de cajón de AMLO
A lo largo de su lucha política por lograr lo que llama “un cambio verdadero”, López Obrador ha acuñado frases que se han posicionado sin duda alguna entre los mexicanos.
Se trate de pejefans o de antilopezobradoristas, la autoría de la expresión es identificada por la colectividad en el norte, centro y sur del país. Incluso, entre la comunidad de paisanos avecindados en los Estados Unidos.
Al pronunciarlas, López Obrador corrobora que ésa es la fórmula exacta de empatar con la clase mayoritaria en México, la clase pobre, quienes al escucharlas, invariablemente ríen y aplauden.
También son expresiones que eligió desde hace tiempo para definirse y distinguirse como político y ser humano ante los mexicanos.
Por el bien de México, primero los pobres




