Nueva Basílica de Guadalupe: la obra arquitectónica que revolucionó la fe guadalupana

Proyectada por Pedro Ramírez Vázquez para albergar a miles de peregrinos y evitar el colapso del antiguo templo barroco, la estructura cumple 50 años como un referente de la arquitectura moderna mundial

Más de medio millón de feligreses abarrotaron la explanada de la Villa de Guadalupe durante la jornada inaugural, en una muestra de fervor que saturó los accesos al nuevo santuario.
Más de medio millón de feligreses abarrotaron la explanada de la Villa de Guadalupe durante la jornada inaugural, en una muestra de fervor que saturó los accesos al nuevo santuario.Archivo Histórico/Excélsior

A mediados del siglo XX, el continuo hundimiento del antiguo templo barroco del Tepeyac y el vertiginoso incremento de peregrinos hicieron urgente la proyección de un nuevo santuario. El encargo recayó en el renombrado arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez con la premisa de erigir una estructura moderna capaz de responder a la masividad de la fe mariana. La construcción dio inicio en 1974 sobre una cimentación de 344 pilotes de control colocados en el suelo lacustre de la Ciudad de México, marcando una hazaña de la ingeniería civil de la época para garantizar la estabilidad del recinto.

El proyecto de Ramírez Vázquez reinventó la arquitectura sacra al concebir una nave de planta circular de 100 metros de diámetro sin columnas internas, lo que permite a los fieles observar el presbiterio y la imagen de la Virgen de Guadalupe desde cualquier ángulo. La icónica cubierta cónica, revestida de láminas de cobre cuyo tono verdoso evoca el manto virgen, se alza hasta los 42 metros de altura sostenida por un mástil central de concreto. Esta solución no sólo evitó los problemas de visibilidad e iluminación, sino que integró una banda transportadora subterránea para agilizar el flujo de visitantes bajo la imagen sagrada sin interrumpir las ceremonias litúrgicas.

La obra culminó e inauguró oficialmente sus puertas el 12 de octubre de 1976, fecha en que la venerada tilma de San Juan Diego fue trasladada solemnemente desde el templo antiguo hacia su nuevo altar. Con capacidad para albergar a más de 10 mil personas en el interior y hasta 50 mil al abrir sus puertas hacia el atrio, la Nueva Basílica de Santa María de Guadalupe se consolidó desde su apertura como un hito del modernismo arquitectónico mundial y el epicentro espiritual indiscutible del continente.

El 12 de octubre de 1976, la tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe fue trasladada en procesión desde el antiguo templo barroco hacia el nuevo altar mayor.
El 12 de octubre de 1976, la tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe fue trasladada en procesión desde el antiguo templo barroco hacia el nuevo altar mayor.Archivo Histórico/Excélsior

Culto centenario en el cerro del Tepeyac

Durante el periodo mesoamericano, el cerro del Tepeyac se caracterizó por el culto a Tonantzin, que significa “nuestra venerable madre”, relacionada con la fertilidad, la tierra y la maternidad divina.

De acuerdo con la tradición guadalupana, ya en el periodo de dominio castellano sobre Tenochtitlan, se presentó uno de los acontecimientos más importantes para el proceso de evangelización de los pobladores indígenas.

Entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, la Virgen de Guadalupe se presentó ante Juan Diego, un campesino chichimeca, mientras se encontraba en las inmediaciones del Tepeyac, pidiéndole construir un templo dedicado a ella en ese sitio.

Al llevar la prueba de lo ocurrido al entonces obispo de la Ciudad de México, fray Juan de Zumárraga, la imagen de María de Guadalupe se mostró representada en la tilma del joven campesino.

En ese sentido, poco tiempo después de las apariciones, entre 1531 y 1533, se construyó la primera ermita dedicada a Santa María de Guadalupe, erigida en la punta del cerro y que sufrió diversas modificaciones con el paso del tiempo.

En 1556, el segundo arzobispo de México, fray Alonso de Montúfar, impulsó la ampliación de la ermita. Para inicios del siglo XVII, el crecimiento de la devoción del culto guadalupano trajo consigo la necesidad de erigir un templo mayor, cuya primera piedra se colocó en 1609.

Un siglo después, los arquitectos Pedro de Arrieta y José Durán se encargaron de levantar uno de los santuarios más importantes del guadalupanismo, hoy conocido como Templo Expiatorio a Cristo Rey o Antigua Basílica de Guadalupe.

Bajo decreto episcopal del 6 de marzo de 1749, el mismo santuario adquirió el nivel de Insigne y Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe. En ese momento nació el cabildo de canónigos, aunque no se consideró catedral al no fungir como sede de un obispo, lo cual fue confirmado por el papa Benedicto XIV en 1750.

Proyección y financiamiento de una mole moderna

Luego de ser sometida a varias remodelaciones arquitectónicas, la Colegiata pasó a convertirse en la Basílica de Santa María de Guadalupe el 24 de mayo de 1904.

El constante hundimiento de la antigua construcción generó problemas en su estructura, aunado al aumento del número de peregrinos que cada año asistían a venerar la tilma de Juan Diego. Por lo que, desde principios del siglo XX, se consideró la idea de construir un nuevo templo dedicado a la Virgen del Tepeyac.

En 1974 se anunció la construcción de una nueva Basílica dedicada a la advocación de la Virgen de Guadalupe que sustituiría a la antigua Basílica de 1709. Con un costo de 150 millones de pesos de la época, la obra proyectada por los arquitectos Pedro Ramírez, José Luis Benlliure, Alejandro Schoenhofer, fray Gabriel Chávez de la Mora y Javier García Lascurain modernizó el complejo de la Villa de Guadalupe.

Diseñada para recibir hasta 50 mil personas con sus puertas abiertas al atrio, la Nueva Basílica se vio colmada por filas interminables de peregrinos que buscaron presenciar la llegada de la imagen sagrada a su nueva casa.
Diseñada para recibir hasta 50 mil personas con sus puertas abiertas al atrio, la Nueva Basílica se vio colmada por filas interminables de peregrinos que buscaron presenciar la llegada de la imagen sagrada a su nueva casa.Archivo Histórico/Excélsior

Para financiar el proyecto se recurrió a donativos y aportaciones populares. “Para recaudar los 150 millones de pesos se creó un comité que recorrerá el país. En las diócesis se harán campañas para este objeto y se venderán bonos con valor de cinco pesos”, puede leerse en la edición de Excélsior del 11 de diciembre de 1974.

En un inicio se habló de una obra austera sin la necesidad de “lujos innecesarios”; sin embargo, el proyecto final terminó costando 200 millones de pesos. El planteamiento del grupo de arquitectos mexicanos buscó garantizar la seguridad de los 10 mil asistentes iniciales que es capaz de recibir en su interior el recinto mariano.

Es lógico que el nuevo templo se haga para una demanda popular evidente, de interés nacional, con el innegable culto a la Virgen de Guadalupe. Con mayor razón cuando el actual recinto cada vez está más próximo a la catástrofe. Dentro de ese criterio la solución arquitectónica, naturalmente, ya no corresponde al viejo criterio ostentoso y apabullante de las extraordinarias catedrales que hemos heredado. Es un nuevo concepto arquitectónico que corresponde a nuevos conceptos religiosos”, dijo Pedro Ramírez Vázquez a Excélsior durante la presentación del proyecto el 12 de diciembre de 1974.

Un nuevo renacer y la colocación de la primera piedra

El 12 de diciembre de 1974 se colocó la primera piedra que significó el banderazo de salida para el inicio de los trabajos constructivos del nuevo santuario. El acto marcó también el arranque oficial de la colecta entre los feligreses para alcanzar la meta presupuestada.

El entonces cardenal primado de México, Miguel Darío Miranda, en compañía del abad de la Basílica, Guillermo Schulenburg, y el arquitecto Ramírez Vázquez, ante cientos de fieles, celebró una misa antes de bendecir la roca de casi 100 kilos de peso, misma que fue colocada en el sitio donde estaría ubicado el altar principal por el albañil Albino Jaim, quien tenía cuarenta años trabajando en el antiguo templo.

Al finalizar la ceremonia, Ramírez Vázquez resaltó que “es una obra cien por ciento mexicana y contemporánea”, y mostrará la idiosincrasia plástica y religiosa “de los actuales mexicanos”.

El traslado de la Guadalupana y la consagración

Desde el 8 de septiembre de 1976 se anunció la inauguración y consagración del nuevo recinto mariano ubicado dentro del mismo perímetro de la Villa de Guadalupe, al norte de la Ciudad de México.

Durante la presentación organizada por el Centro de Estudios Guadalupanos, se estimó una afluencia mensual de 700 mil visitantes durante los primeros años de funcionamiento del santuario.

Desde la apertura de la nueva Basílica, la fe se mantiene incesante.
Desde la apertura de la nueva Basílica, la fe se mantiene incesante.Archivo Histórico/Excélsior

Estuvieron presentes el arzobispo de Los Ángeles, un grupo de sacerdotes procedente de Cuba, entre otros enviados especiales de la Iglesia católica provenientes de diferentes partes del mundo.

Casi 700 miembros del cuerpo policiaco resguardaron las calles aledañas a la Basílica en medio de un amplio operativo de seguridad. Por otro lado, los tres días previos a la inauguración y consagración de la recién construida sede guadalupana se dedicaron a ofrecer oraciones especiales en favor de la nueva casa de la Virgen María.

Monseñor Schulenburg, en compañía del delegado apostólico del Vaticano, Pío Laghi, el cardenal primado de México, Miguel Darío Miranda, el arzobispo mexicano y una amplia comitiva de eclesiásticos provenientes de diferentes partes del mundo, llevaron a cabo la consagración de la Basílica de Guadalupe.

La tarde lluviosa del 11 de octubre de 1976, el abad de la Basílica de Guadalupe recibió la llave simbólica para abrir por primera vez el nuevo templo dedicado a la Virgen de Guadalupe, ante una multitud que esperaba ver las puertas abiertas del templo mariano que todavía olía a cemento y materiales constructivos. Al entrar, se llevó a cabo la bendición del altar mayor.

Al día siguiente, el martes 12 de octubre, se efectuó el traslado de la tilma de Juan Diego del antiguo edificio a la nueva Basílica.

Entre el tumulto, un hombre murió de un paro cardíaco al ver la imagen de la guadalupana; otras personas resultaron lastimadas entre otros feligreses que tuvieron que ser atendidos en los puestos de emergencia.

De acuerdo con los reportes periodísticos contenidos en el Archivo Histórico de Excélsior, más de medio millón de personas se dieron cita al evento desde las primeras horas de la mañana. El reloj marcaba las 10:40 horas cuando se escuchó una estruendosa ovación por parte de los asistentes.

Más de medio millón de feligreses abarrotaron la explanada de la Villa de Guadalupe durante la jornada inaugural, en una muestra de fervor que saturó los accesos al nuevo santuario.
De las proyecciones iniciales de 700 mil visitantes mensuales en 1976, la devoción en la Nueva Basílica de Guadalupe ha crecido exponencialmente hasta congregar a más de 12 millones de peregrinos tan sólo en las festividades de cada diciembre.Archivo Histórico/Excélsior

Ocho integrantes de los servicios religiosos salieron cargando consigo el ayate de Juan Diego. El revuelo de las campanas resonó al unísono entre la agitación de los peregrinos que se arremolinaron ante el fervor de presenciar de cerca la tilma original con la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El cortejo encabezado por el Arzobispo Primado de México advanced entre el tumulto. Tras 17 minutos de trayecto, la imagen entró al santuario donde reposaría de manera permanente. Fue recibida por el abad Schulenburg. Los vítores y los aplausos se dejaron escuchar; entre vivas y oraciones, la Virgen Morena se postró en su nicho.

A través de un video que se transmitió en varias pantallas gigantes desde El Vaticano, el papa Pablo VI envió un mensaje a México en el que pidió por la unión de todos los católicos mexicanos.

Finalmente, el 12 de diciembre de 1976 se cantaron las primeras Mañanitas en la nueva Basílica, una obra que revitalizó el paisaje de la Villa de Guadalupe y refrescó la devoción hacia un guadalupanismo multitudinario y moderno que persiste hasta la actualidad.