Se oponen al bisturí y apelan a la conciencia; exige no practicar en conejos
Lucía de los Ángeles Ambriz pide que le sea permitido aprender a operar en simuladores o con otras herramientas que no impliquen el maltrato animal
CIUDAD DE MÉXICO.
A diferencia de la enseñanza que se imparte a los aspirantes a médicos en más de 200 universidades de Estados Unidos y Canadá, incluidas Harvad y Yale (las mejores del mundo), en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante las prácticas quirúrgicas, se obliga a los estudiantes inscritos en la clase de Introducción a la Cirugía, de la Facultad de Medicina, a abrir con bisturí o anestesiar a conejos, aunque los jóvenes se nieguen a hacer esta práctica argumentando su objeción de conciencia.
Cada semestre, más de 200 conejos vivos son sometidos a cortes con bisturí para que alumnos de segundo año aprendan habilidades quirúrgicas básicas. En una de estas intervenciones, de las cuales Excélsior tiene video, un grupo de alumnos abrió por la mitad la cavidad abdominal del animal y se observa cómo el dedo índice de un pasante de servicio social aprieta sobre el estómago expuesto.
Hace dos meses, Lucía de los Ángeles Ambriz Tejada, una de las estudiantes con mejor promedio de la Facultad de Medicina, llegó hasta la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) a interponer la queja número 49958/2017, tras haber sido obligada a realizar prácticas quirúrgicas en conejos vivos, violando su derecho a la objeción de conciencia y por diversas anomalías documentadas en los quirófanos, como procedimientos sin anestesia.
Yo siempre me he interesado mucho por el cuidado de los animales y no estoy de acuerdo en que tengamos que someter a un conejo al estrés de una o varias cirugías y a toda la manipulación que conlleva. El animal no está enfermo, no va a ser para su beneficio, además existen alternativas para aprender”, comentó Lucía, de 21 años, quien por miedo a que su promedio de 9.57 saliera afectado, si desobedecía, terminó colocando a su coneja Nikté en la plancha quirúrgica y anestesiándola para que sus compañeros pudieran abrirla.
La historia de Lucía y Nikté comenzó en el primer semestre de 2015, cuando a la estudiante le pidieron en la Facultad de Medicina ir a una granja a comprar un conejo para su clase de Introducción a la Cirugía.
La aprendiz pasó por alto las principales recomendaciones de sus profesores: “no se encariñen con los animales y no les pongan nombre”. Antes de entregarla al bioterio (lugar donde mantienen los animales de laboratorio) de la Facultad de Medicina, Lucía ya había decidido que su coneja se llamaría Nikté y, tras estar en contacto todo un semestre y evadir varias veces las prácticas quirúrgicas porque la fortuna había estado de su lado y las áreas de quirófano habían sido clausuradas, la pregunta era, ¿cómo no intentar proteger a este conejo?
Lucía ya había hecho varios intentos, buscó al jefe de Departamento de Cirugía, Jesús Tapia Jurado, quien siempre estuvo ausente; no logró que la recibiera.
Cuando la fecha de cirugía de Nikté se volvió impostergable, Lucía se acercó al doctor José Luis Jiménez, jefe de Enseñanza, para pedirle que le permitiera practicar con alguna otra alternativa, que no fuera a través del sufrimiento del conejo y para argumentarle su objeción de conciencia.
Lo que yo le explicaba es que había otras alternativas. Podíamos aprender a usar el bisturí, a suturar y a quitar puntos (principales objetivos de la materia), con unos maniquíes que tiene el propio Departamento de Cirugía.
También existen varios simuladores de foami, material que, de acuerdo con investigaciones científicas, es bueno para aprender a suturar. Realmente los procedimientos quirúrgicos que podemos realizar como estudiantes de segundo año de medicina son muy elementales”, dijo Lucía.
Luego de este argumento de la estudiante, el doctor Jiménez le dijo que no podía respetar su derecho a la objeción de conciencia porque la cirugía con el conejo era indispensable para la evaluación académica y lo único que podría ofrecerle era que no participara como cirujana en su equipo, pero tendría que tomar otro papel, como por ejemplo, el de anestesióloga.
No me dieron alternativas o trabajaba con el conejo o trabajaba con el conejo. Yo tuve que tomar el papel de anestesióloga porque si no lo hacía, me afectaría en mi calificación”, lamentó.
Sin embargo, en el quirófano, al estar frente a Nikté, Lucía sólo podía pensar en lo mala persona que se sentía por someterla a esta práctica. En varias ocasiones creyó que podía provocarle la muerte por algún tipo de negligencia de su parte en la aplicación de la anestesia.
Lo único que tenía para monitorear sus signos vitales durante la cirugía era el estetoscopio que llevaba de mi casa, con lo que era imposible saber si lo estaba anestesiando bien o mal. Estábamos, seguramente, operando en peores condiciones que en Siria”.
El episodio que Lucía vivió se describió de la siguiente manera en su queja ante la CNDH: “con el proceder del jefe de Enseñanza (doctor Jiménez) no solamente se le violentó ese derecho (de objeción de conciencia), sino que se le generaron conflictos sicológicos respecto a la continuación de su carrera y el sentirse como una mala persona por haber traicionado sus principios so pena de ser reprobada en la materia… en conjunto a un sinnúmero de comentarios respecto a ser la rara del grupo de la facultad por tener una opinión diferente sobre las prácticas con animales vivos, sujetos a un trato indigno y cruel”.
Lucía no sólo ha escuchado comentarios ofensivos de sus compañeros que le han sugerido que ella se ponga como modelo en el quirófano: “Y cuando no podamos hacer prácticas con los estúpidos conejos, ojalá se postulen ustedes para la cirugía”, le escribieron en redes sociales.
También los mismos profesores, como la doctora Marcia Hiriat, directora del Instituto de Fisiología Celular, le ha dicho directamente que si no le parece la intervención en animales, la medicina no es lo suyo.
DERECHO HISTÓRICO
La estudiante ha sido recriminada por exigir un derecho que se dio por primera vez en el mundo, durante la Alemania nazi, hace casi un siglo, cuando en 1933 se prohibió la vivisección (disección practicada en un animal vivo, con el propósito de hacer estudios o investigaciones científicas).
Sin importar los ataques ni la nula respuesta por parte de sus profesores, Lucía continuó su lucha para evitar que a ella o a cualquiera de sus compañeros los obliguen a experimentar en animales y entregó su petición por escrito al doctor José Luis Jiménez, firmada junto con otros 47 estudiantes: “Venimos a solicitar que se autorice, a los alumnos de la materia de Introducción a la cirugía, a no realizar las prácticas con animales cuando así lo soliciten, proporcionando a su vez opciones alternativas para su aprendizaje y respectiva evaluación, sin demérito o desventaja a su calificación”.
En este oficio, entregado el 30 de abril de 2015, Lucía, además, exponía la objeción de conciencia, que consiste en —dentro de los justos límites— no obligar a las personas a actuar en contra de ésta.
Este derecho y argumento estaba estipulado desde hace 16 años en el artículo 46, de la propia Ley de Protección de los Animales del Distrito Federal.
Ningún alumno(a) podrá ser obligado(a) a experimentar con animales contra su voluntad, y el profesor(a) correspondiente deberá proporcionar prácticas alternativas para otorgar calificación aprobatoria. Quien obligue a un alumno(a) a realizar estas prácticas contra su voluntad podrá ser denunciado en los términos de la presente Ley”.
Pero en la Facultad de Medicina hacen caso omiso.
SIN RESPUESTAS
Excélsior solicitó una entrevista con el doctor José Luis Jiménez, médico al que Lucía pidió personalmente y por escrito no experimentar con animales, pero no respondió.
En los últimos dos años, Lucía ha tocado todas las puertas a su alcance para que se respete el derecho a la objeción de conciencia de ella y todos los alumnos de la Facultad de Medicina de la UNAM que estén en contra de la experimentación en animales.
La estudiante se ha reunido dos veces con el Consejo Técnico de la UNAM; creó el Colectivo Antiviviseccionista por la Educación Sin Crueldad; publicó una carta, a través de redes sociales, dirigida a diferentes grupos de Ciudad Universitaria para explicar la situación; se alió con las asociaciones: Instituto para la Protección de los Derechos Humanos (Inprodh) y el Movimiento Consciencia; Fundación Internacional por el Reconocimiento de la Consciencia y los Derechos Animales; lanzó una petición en change.org para exigir que se suspendieran los experimentos en animales y ya no se obligara a los alumnos a realizar estas prácticas en la Facultad de Medicina, la cual obtuvo 22 mil 570 firmas; además de interponer, el 20 de junio de este año, una queja ante la CNDH.
Hasta ahora, todo el trabajo que Lucía ha hecho en memoria de Nikté, quien murió hace poco, parecería en vano porque las prácticas con animales en la Facultad de Medicina continúan y los alumnos todavía son obligados a experimentar con conejos.
El propósito de esta alumna es que antes de graduarse de pregrado en 2019, la UNAM respete la objeción de conciencia de los estudiantes que, como ella, rechazan aprender medicina a través del sufrimiento de seres vivos.
ACCIONES
- Reuniones Consejo Técnico de la UNAM.
- Creación del Colectivo Antiviviseccionista por la Educación Sin Crueldad
- Publicación de una carta, a través de redes sociales, dirigida a diferentes grupos de Ciudad Universitaria para explicar la situación.
- Fusión con las asociaciones: Instituto para la Protección de los Derechos Humanos (INPRODH) y el Movimiento Conciencia; Fundación Internacional por el Reconocimiento de la Conciencia y los Derechos Animales.
- Petición en change.org para exigir que se suspendieran los experimentos en animales y ya no se obligara a los alumnos a realizar estas prácticas en la Facultad de Medicina
- Interponer, el 20 de junio de este año, una queja ante la CNDH.







