La totoaba los enreda; fallan protocolos en decomisos

Desaparecidos 319 buches de Totoaba decomisados en dos años, valuados en cientos de millones de pesos en el mercado negro

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SAN FELIPE, Baja California.

Conocidos como piratas ambientales por sus acciones directas contra la caza de ballenas en la Antártida y el Pacífico Norte, los pastores del mar, Sea Shepherd, van por el mundo combatiendo la pesca furtiva y la destrucción de los ecosistemas.

Hace dos años, los integrantes de esta organización no gubernamental, fundada en 1977, llegaron a México, al Golfo de California o Mar de Cortés, bautizado por el reconocido oceanógrafo francés, Jaques Cousteau, como el Acuario del Mundo, -por su gran riqueza biológica-, para tratar de salvar a la vaquita marina de la extinción, especie endémica, de la que hoy quedan menos de 30 ejemplares.

La Operación Milagro puesta en marcha justo en la axila de la Península de Baja California, al noroeste del país, entre los estados de Baja California y Sonora, consiste en sacar del mar las redes en las que muere ahogado este pequeño y tímido cetaceo, de la familia de las marsopas, que pocas veces se deja ver.

A bordo del guardacostas americano Farley Mowat y el barco japones Sam Simon, alrededor de 60 voluntarios, activistas y científicos de 11 nacionalidades, retiran las artes de pesca prohibidas, de al menos 10 pulgadas de luz de malla, que son colocadas para capturar de manera ilegal al pez Totoaba.

Raffaella Tolicetti, manager del Barco Sam Simon, llamado así en honor al fallecido escritor, filántropo animalista y co-creador de la serie televisiva de Los Simpson, explicó que navegan despacio a tres nudos (5.5 kilómetros por hora), arrastrando un par de ganchos en el agua para tratar de encontrar redes.

La Totoaba, en veda desde el 1 de agosto de 1975, es conocida como la “cocaína del mar”, porque su vejiga natatoria o buche, que le ayuda a regular la flotación, tiene un alto valor en el mercado negro de China, donde un kilogramo ya seco cuesta más de un millón de pesos, por sus supuestas propiedades medicinales.

Se trata de una actividad ilícita muy lucractiva que está atrayendo al crimen organizado y que vuelve muy peligrosa la labor de los ambientalistas, que tampoco son bien vistos por las cooperativas de pescadores, que fueron obligadas a retirar sus pangas del mar a cambio de una compensación económica.

En altamar, la jornada nunca termina, siempre hay trabajo que hacer. Destruir las redes ilegales para que no vuelvan a causar daño, patrullar día y noche con el fin de reportar cualquier actividad sospechosa y esperar a que caigan más redes totoaberas.

Miércoles 12 de abril

La tarde parece transcurrir en calma; la tripulación del Sam Simon luce relajada, algunos toman el sol, otros preparan la cena y unos más platican en cubierta, hasta que unas boyas en el agua anuncian la aparición de la red número 207, de esta nueva etapa de la campaña que inició el 15 de diciembre de 2016.

17:00 horas

Todos a sus posiciones. La capitana Oona Layolle avisa por radio a los enlaces de la Secretaría de Marina (Semar) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) del hallazgo, a quienes los mantiene informados paso a paso de lo que va ocurriendo en el mar.

Comienzan las maniobras para bajar una de las lanchas rápidas. De inmediato tres activistas navegan hacia el punto y amarran una cuerda para que el barco comience a jalar la línea; lentamente emerge una punta de la trampa.

18:00 horas

Vuela el dron para ir documentando lo encontrado. La red de 250 metros de largo se corta en dos, y lo demás se hace a mano en el agua con fuerza, habilidad y pasión. Lo primero es liberar a las especies que aún se encuentran con vida. Peces, rayas y cangrejos son rescatados pacientemente, cortando las cuerdas con un cuchillo.

18:30 horas

Aparece el primer pez Totoaba muerto, enmallado, minutos después el segundo, luego el tercero y el cuarto, que es el más grande de todos, de aproximadamente 1.65 metros de largo, el de mayor tamaño sacado hasta ahora por el Sam Simon.

19:30 horas

La luz empieza a escasear, los tripulantes de la lancha entregan a sus compañeros del barco la red de color café, y las totoabas. El cansancio es evidente en el equipo, después de dos horas y media de un severo desgaste físico.

20:00 horas

Toda la tripulación del Sam Simon observa con tristeza los cuatro ejemplares de Totoaba, que son medidos y fotografíados para el registro.

21:00 Horas

Cuatro horas después del aviso aparecen la Semar y la Profepa en una embarcación tipo Defender. En esta ocasión, además de las totoabas, se llevan la red al Puerto de San Felipe.

Al día siguiente, el comunicado oficial informa: Aseguran Profepa y Semar red totoabera con cuatro ejemplares enmallados en el Alto Golfo de California.

Siguiendo el rastro de las totoabas

¿A dónde van a parar las codiciadas totobas aseguradas?, ¿Qué pasa con las artes de pesca incautadas?


Semanas antes de viajar a Baja California, el subprocurador de Recursos Naturales de la Profepa, Ignacio Millán Tovar ofreció en entrevista, mostrarnos los 319 buches de Totoaba, decomisados en los últimos dos años, con un valor de cientos de millones de pesos en el mercado negro.

Mucho de estos buches están preservados, los tenemos congelados; en otras ocasiones, como bien sabes, son buches que están en calidad de secos y no pasa nada, se pueden estar almacenando”, destacó.

El biólogo nos invitó además a visitar el predio ubicado en el Puerto de San Felipe, donde se resguardan 903 redes totoaberas y 182 embarcaciones menores aseguradas en dos años por realizar pesca furtiva.

Esto es algo que tú lo puedes ver ahí y si lo consideras conveniente y te interesa, en cualquier momento podemos establecer que tú mismo vayas a ver y constates las redes que están ahí; no sólo redes, hay embarcaciones”, señaló.

Al descender del barco Sam Simon, solicitamos por los canales oficiales de Comunicación Social, concretar la oferta de la Profepa, y de paso conocer dónde quedaron las últimas cuatro totoabas aseguradas y la red que los integrantes de Sea Shepherd sacaron del Alto Golfo de California.

Por más que insistimos, la respuesta nunca llegó; en su lugar, un comunicado de prensa, daba a conocer:

Las cuatro totoabas se encontraban en un avanzado estado de descomposición, “por lo que una vez en tierra firme se procedió a la destrucción inmediata del producto”.

Pero el video y las fotografías difundidas por correo electrónico sólo muestran a una persona cortando en partes tres buches de Totoaba.

¿Dónde quedó el cuarto ejemplar?

Acudimos al terreno frente al muelle de San Felipe, donde llega todo lo asegurado; desde afuera pudimos observar a través de la malla de alambre unas cuantas embarcaciones, pocas redes. Un número muy lejano a lo mencionado por Ignacio Millán Tovar.

Un olor nauseabundo atrapó nuestra atención; moscas por todos lados y de repente, la cuarta Totoaba, ya sin buche, abandonada sobre el terreno. Era el ejemplar de mayor tamaño entregado por la organización ambientalista, encima de otros cadáveres más viejos.

Sunshine Rodríguez Peña, presidente de la Federación de Cooperativas Ribereñas del Puerto de San Felipe, manifestó que en el sector no les consta que todas las totoabas decomisadas sean destruídas.

“Según las están quemando, según ellos se hace un protocolo y las destruyen”, manifestó.

El subprocurador de Recursos Naturales de la Profepa explicó, en su momento, que una vez que hubiera una resolución administrativa o judicial, se daría un destino final a los buches de Totoaba que mantenían bajo resguardo, y adelantó que buscarían destruirlos por medio de un proceso de incineración, que cumpliera con la normatividad ambiental.

Ante la situación de emergencia que se vive en el hábitat de la vaquita marina, que sigue muriendo por la pesca incidental, es necesario establecer claramente, ¿Dónde quedaron los 319 buches de Totoaba asegurados en dos años?, ¿Dónde están las 903 redes y 182 pangas arrancadas a los pescadores ilegales?

En caso de que la Profepa argumente que algo de lo incautado ya fue destruido, valdría la pena conocer, ¿Quién ordenó el procedimiento?, ¿Quién lo certifica? y ¿Dónde está la bitácora oficial o el acta notarial?

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