El otomí también se aprende en la colonia Roma

Cada ciclo escolar, la primaria Alberto Correa atiende a un promedio de cien niños hñähñu, la mayoría provenientes de Amealco, Querétaro

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CIUDAD DE MÉXICO.

Un promedio de cien niños indígenas, mayoritariamente de la etnia hñähñu (otomí), son atendidos cada ciclo escolar en el turno vespertino de la primaria Alberto Correa, de la colonia Roma en la Ciudad de México, al menos desde 2003; el plantel está ubicado a unos pasos de la fuente de La Cibeles, a dos cuadras del Metro Insurgentes.

En el presente periodo lectivo, 105 alumnos toman clases por la tarde, 63 de los cuales son otomíes provenientes del municipio de Amealco, Querétaro, a los que se suman dos huicholes, y a quienes se les brinda educación bajo los conceptos de inclusión, equidad y respeto a la diversidad cultural, según la directora, Yenetzi Yaneli Jiménez Pineda.

Se trata de menores migrantes que en su mayoría trabajan en la venta de artesanías, dulces y otros productos, que limpian parabrisas y hasta piden limosna en la colonia Roma y los alrededores, en el corredor cultural y turístico que alcanza hasta Chapultepec.

Al buscar un escape en el día a día de su dura realidad, les llaman la atención las clases de natación en la descuidada alberca de la primaria. Algunos menores acuden a la escuela casi por esa única razón.

La Ciudad de México concentra a 439 mil personas indígenas, muchas de ellas inmigrantes, según el XIII Censo General de Población y Vivienda; de éstos, 12 mil 623 son hablantes de otomí, la tercera lengua más común de la capital del país, de acuerdo con el Inegi.

EDUCACIÓN INTERCULTURAL

En 2002, la SEP identificó la presencia de 300 alumnos otomíes en las escuelas primarias del entonces Distrito Federal. Nacieron así tres proyectos formales en el sexenio de Vicente Fox cuyo objetivo era recuperar y desarrollar la lengua otomí: en el municipio de Temoaya, Estado de México; en la Huasteca veracruzana y en la primaria Alberto Correa, turno vespertino, bajo un modelo de educación intercultural bilingüe.

El proyecto fue asignado a la Coordinación General de Educación Intercultural Bilingüe de la SEP de Reyes Tamez Guerra; en 2003 se asignó el diseño y aplicación del modelo a investigadores de la Universidad Pedagógica Nacional, a cargo de Nicanor Rebolledo, de origen otomí. La estrategia, sin embargo, murió con la llegada de Felipe Calderón a Los Pinos.

Sin salirse de los programas oficiales, el plan abarcaba aspectos lingüísticos, el uso de la tecnología y la enseñanza oral y escrita de la lengua hñähñu.

Para preservar el otomí, el holandés Ewald Hekking Sloof, lingüista de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro, quien participó en el proyecto de rescate de esa lengua, realizó un Diccionario de Gramática del hñähñu queretano.

Ninguno de esos materiales didácticos sobrevive en la primaria Alberto Correa, cuyos directivos, sin embargo, presumen libros de cuentos y adivinanzas en lenguas mixteca, náhuatl y otomí y otros materiales bilingües.

Si bien el proyecto de rescate del otomí murió al salir Fox, los hñähñu provenientes de Amealco, sobre todo de la comunidad de Santiago Mexquititlán, siguen mandando a sus niños cada año a la Alberto Correa.

Según Óscar Gutiérrez Santos, subdirector académico del plantel, a veces los profesores tienen que ir a buscar a los niños a la Romita o las calles Guanajuato y Zacatecas, entre otros predios donde habitan, para convencer a los padres de que en el plantel hay profesores capacitados que pueden preparar a sus hijos para un futuro mejor.

Acusan fracaso del proyecto

El programa bilingüe para enseñar hñähñu y español en el país, a partir de un proyecto piloto en la primaria Alberto Correa en 2003, quedó en el olvido por falta de interés de la SEP, que lo dejó sin recursos, acusó el doctor Nicanor Rebolledo, de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), creador de la iniciativa.

Simplemente no les interesó atender los problemas fundamentales. Por derecho, los niños indígenas deben recibir una educación de calidad”, apuntó uno de los impulsores de la mejoría de las condiciones de aprendizaje y de vida de los otomíes.

El proyecto impulsaba que desde el primer año de primaria los alumnos aprendieran a leer, debido a que antes de 2003 los niños lo hacían hasta el cuarto grado, ante las barreras que implica llegar a la ciudad sin hablar el español.

En la Alberto Correa los niños recibían clases de egresados de Educación Indígena de la UPN que hablaban hñähñu, además del español, lo cual favoreció su desarrollo.

Ahora, de acuerdo con Rebolledo, únicamente reciben clases de profesores monolingües del español, lo que limita su aprendizaje.

Los niños se enfrentan a barreras lingüísticas y socioeconómicas, porque los niños trabajan vendiendo artesanías, andan de vagos en la calle. No están habituados a hacer tareas. Lo poco que aprenden es en el salón de clases”, lamentó Rebolledo.

Explicó que algunos también piden limosna, por lo que son discriminados, y muchos de ellos dejan la escuela antes del sexto grado.

Los alumnos deben trabajar para llevar ingresos a casa y después de largas jornadas, no hacen tareas. Por eso sólo van al turno vespertino.

El estudio Escolarización interrumpida, un caso de migración y bilingüismo indígena en la Ciudad de México, hecho en el primer año del proyecto, reflejó que los menores no tenían aspiraciones académicas, y sentían desconfianza en la escuela; pensaban que, por más empeño que pusieran, jamás lograrían traspasar las barreras discriminatorias. Al otro año, 72% de niños de sexto año soñaban con estudiar medicina, arquitectura, ingeniería, leyes o ser maestros.

El proyecto iba a replicarse en 260 escuelas que concentran a los indígenas de la CDMX, pero el dinero se acabó.

- Ximena Mejía

En NL crece el interés   por el idioma coreano

La llegada de empresas coreanas a Nuevo León disparó la demanda de clases de ese idioma. La cultura coreana y su lengua viven un boom en el estado, como lo prueba la gran cantidad de alumnos inscritos en el Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

Tenemos alumnos en clases de coreano que son estudiantes de preparatoria; incluso alumnos de 10 a 13 años, y en adelante”, expuso Claudia Hernández, coordinadora de Extensión y Difusión del CEA, quien dijo que esta demanda ha sido “una locura” inesperada.

La mayoría de estudiantes son trabajadores de KIA, Hyundai y otras empresas coreanas que se han establecido en la zona. También de empresas mexicanas que capacitan a su personal para tener negociaciones con las empresas que están llegando a Nuevo León.

En agosto de 2014, el Centro de Estudios Asiáticos de la UANL empezó a impartir clases de coreano; empezamos con alrededor de 150 alumnos; a la fecha tenemos más de mil 200 alumnos”.

Dijo que muchos de ellos ya van en niveles avanzados y pueden sostener conversaciones en coreano y “como tenemos una metodología respaldada por el gobierno coreano, muchos se han ganado becas para estudiar maestrías”.

Hemos notado que ha crecido el interés en este idioma. Muchas de las tiendas en Apodaca, donde se han instalado las empresas coreanas, ya hasta tienen sus precios y los nombres de las verduras en coreano; es impresionante”, apuntó.

Otro fenómeno es la gran cantidad de alumnos de origen asiático que ingresan a escuelas de paga en la localidad.

El American Institute of Monterrey, el Instituto San Roberto y el Colegio Inglés reportan una gran cantidad de estudiantes originarios de Corea. Virginia Ballesteros Ruiz, del American Institute of Monterrey, confirmó que con la llegada de empresas coreanas creció la demanda. Hoy tienen 50 alumnos de origen coreano.

DESDEÑAN EL JAPONÉS

En contraste, y a pesar de que hay casi tres mil 500 japoneses viviendo en Guanajuato, la oferta educativa bicultural es prácticamente nula en la entidad. Los hijos de ejecutivos y profesionistas llegados del país asiático deben ingresar a escuelas donde desdeñan el japonés.

Sólo en Irapuato viven más de mil japoneses que trabajan en empresas automotrices como Mazda y Honda, y otros que brindan servicios o materia prima a las grandes transnacionales.

En Irapuato sólo hay dos colegios particulares donde los niños pueden practicar español y japonés. Se trata del Instituto Alexander Bain y del Colegio Kipling, cuyas colegiaturas rondan los cuatro mil pesos mensuales.

Ante las carencias, la comunidad japonesa de Irapuato educa a sus niños. Todos los sábados se congregan a estudiar su lengua, historia y tradiciones.

Salamanca, pese a la cantidad de empresas japonesas que alberga, carece de centros educativos que impartan el idioma, y lo mismo ocurre en Celaya.

En León, la oferta educativa bicultural con Japón es muy pobre; y apenas hay colegios que enseñan el inglés.

-Aracely Garza y Andrés Guardiola

Como en casa, escuelas de Amealco enseñan hñähñu

Con poco material didáctico, cuyo propósito es rescatar la lengua hñähñu, la Unidad de Servicios para la Educación Básica de Querétaro (Usebeq) atiende a mil 844 alumnos de educación básica indígena, principalmente en Amealco de Bonfil y Tolimán. En el primero hay 51 escuelas y en Tolimán hay 104 planteles.

En un municipio donde los índices de deserción escolar en niños otomíes alcanzan 28%, en promedio, principalmente porque los menores deben comenzar a trabajar desde muy temprana edad, el profesor Zacarías Pérez Domínguez, de Amealco, explica que la lengua se enseña “por bloques, según el nivel de los alumnos; en el caso de primer año se enseña de manera oral, platicando todo lo que está alrededor, por ejemplo, estamos trabajando con la naturaleza y la sociedad. La actividad la haremos en lengua indígena, en otomí, para que los niños vayan adquiriendo esa habilidad en el hablar”.

En otros grados escolares plasman el conocimiento ya con la escritura. “En lo particular me nació, porque es parte de mi cultura, le he dado cierto valor, tenemos que recuperar y rescatar, pero sobre todo valorar esta cultura. Es lo que me motiva a enseñar esta parte de la lengua, que viene en la currícula de primaria”.

Los viernes, el profesor les pide a los menores asistir con la vestimenta tradicional, para fomentar la identidad con su comunidad, salvo en días con mucho frío.

Enseñar el dialecto es un poco complicado, “y no quiere decir que esté en el olvido; ellos lo hablan poco, pero se habla y se escucha, combinado; con esto se trabaja en fortalecer y recuperar la lengua. Los papás de todos estos chiquillos son jóvenes, por lo mismo hablan poco, pero al estar con familiares, escuchan a los abuelos y los chiquillos hablan. Aunque hay pocos que lo hablan al cien por ciento”.

Destaca que falta material didáctico para impartir clases en otras lenguas. “Considero que no son suficientes, nos hace falta más material para trabajar con los alumnos, sobre todo con elementos de su entorno. Sí hay material, pero nos falta para desarrollar”.

Angélica Nicolás Franco, directora de la primaria Vicente Guerrero, enclavada en una comunidad alejada de la cabecera municipal de Amealco, ya en los límites con el Estado de México, narra que es complicado convencer a los padres de la importancia de enseñarles el dialecto y no el inglés.

La educación indígena va directamente al rescate de usos y costumbres de las comunidades indígenas, y hay una ventaja muy grande, que más de 90% son hablantes de la misma lengua, es un punto importante para trabajar con ellos.

Nos hemos enfrentado a varias situaciones, de que los papás se oponen porque dicen que ya aprenden la lengua materna en casa; se les hace hincapié de que es el rescate de las tradiciones y costumbres, que no se pierdan, al igual que la vestimenta”, dijo a Excélsior.

QUIERE SER VETERINARIA

En Amealco se concentra la mayoría de comunidades indígenas de Querétaro y, por su cercanía con Hidalgo y el Edomex, la mayor cantidad de hablantes otomíes.

En este municipio, donde los principales problemas son alcoholismo, migración y violencia intrafamiliar, surgen estudiantes indígenas con aspiraciones. Aquí, donde es común que las mujeres se casen a los 15 años, Vanesa Arellano Simón, alumna de sexto año, ve su futuro con optimismo, pues quiere ser veterinaria, porque “me gustan mucho los animales, y me da tristeza cuando están abandonados, eso es lo que quiero ser de grande”.

Dice que en su casa se habla el hñähñu y que la educación que recibe en su escuela le da “mucho orgullo”, porque recibe una tradición y cultura.

Algunas palabras escritas en el dialecto no las entiende, pero ya cuando las pronuncian, sí. “Mi familia me enseñó a decir corre, ven, nthästhi, me decían así; pues mi familia me está apoyando para aprender el lenguaje”.

Asegura que sus materias favoritas son español, matemáticas, ciencias naturales y geografía, “pero en estos seis años he aprendido muchas cosas; cómo se hace un reportaje, gráficas, mis tablas de multiplicar, aunque no me las he aprendido todas, pero voy del 1 al 7. Los maestros apoyan mucho a los niños, porque hay unos que van en quinto, pero no aprenden, y ellos casi no salen a recreo, porque se quedan a estudiar más”.

- Jorge Vázquez, corresponsal