Anaconda verde, monstruo amenazado
Oculta en la selva amazónica, la eunectes murinus es una especie en peligro que para algunos es la representación de una deidad, mientras para otros es un peligro que acecha a los habitantes de la región sudamericana
ZACAMBÚ, Perú.
Motivo de leyendas, temida, implacable, así se le describe en relatos e incluso películas. Y aunque todo ello es verdad, la anaconda es también ya una especie amenazada con la extinción.
Dada su fama, esta gran serpiente constrictora es perseguida y exterminada por campesinos, cazadores y simples aficionados que desconocen su importancia para el hábitat amazónico, e incluso su connotación religiosa.
La aventura comienza en Leticia, la capital del departamento colombiano de Amazonas, desde donde a través de la organización Kurupira, el visitante puede aspirar a conocer los alrededores lejos de la frivolidad del turismo común.
Para iniciar el viaje, uno se embarca en el puerto de Leticia, navegando el Amazonas río arriba, y llegar así a uno de sus afluentes, el río Javarí. El viaje pasa por un pedazo de territorio brasileño, llegando al Perú.
La travesía no es corta. El caudal parece interminable. Pero poco a poco, toda esa inmensidad se reduce a ríos más y más pequeños. Hasta donde el calor es insoportable, tanto como la calma y el silencio. Entonces el navegar es alucinante.
Tras horas de recorrido, finalmente se llega a la comunidad rural 3 de Noviembre, en la Reserva Ecológica de Zacambú, en la selva peruana.
El responsable del lugar, Arturo Torres, acompañado de cuatro monos “churucos”, subraya la importancia de conservar especies como la anaconda, a pesar de su fama salvaje. Y es que según el biólogo peruano, las anacondas están cerca de la extinción.
Estos animales se están extinguiendo, se los están acabando, no los perdonan. En esta reserva los estamos cuidando”.
Y entonces el titular de la reserva ecológica abrió la puerta de un tipo de cabaña, construida con tablas de madera entre el fango y las hierbas. Ahí yacen tres enormes serpientes de entre cuatro y 10 metros de largo, con pesos en torno a los 50 kilos.
“Princesa” es una anaconda verde que vive en la reserva. Aparentemente es pacífica, pero pocos visitantes se atreven a levantarla y acariciarla.
Al final es un animal que siente, entonces solamente no hay que tenerle miedo. Sólo hay que respetarla”, ilustró el biólogo que habita desde hace años en esa aldea amazónica.
Se calcula que puede tener cerca de 40 años de edad, y aunque no llegan a vivir más de 50 años, los oriundos de la zona aseguran que las anacondas pueden vivir más de 100 años, como algunas tortugas.
No hay nada que temer. Ya comieron”, argumentó Arturo Torres; y es que, de lo contrario, las anacondas buscarían de cualquier forma su alimento.
De acuerdo con el especialista, una anaconda posee 110 muelas que usa cada 15 días, porque en la reserva ecológica se le alimenta con gallinas muertas de tres kilos de peso, totalmente desplumadas.
Pero en caso de que una anaconda tenga hambre y busque comida, puede ser verdaderamente peligrosa.
UNA ASESINA ATERRADORA
El proceso para que una anaconda envuelva a su presa resulta insólita y aterradora.
La serpiente muerde a su víctima en cualquier parte del cuerpo, y en el caso de los humanos, un enorme miedo provoca enfocar toda la atención en la cabeza del animal que aprieta con fuerza su quijada.
Arturo Torres explicó que la anaconda usa su cola para poner en shock a su víctima, ya que como la punta del extremo de su cuerpo es prácticamente de hueso, la utiliza como puñal, encajándola en cualquier cavidad: Cavidades oculares, oídos, boca, nariz o incluso en el ano o la vagina, según sea el caso.
Imaginen el horror. Y la víctima entra en shock por la sorpresa del ataque doble y por el dolor que le produce. Luego entonces la anaconda te envuelve con un abrazo sofocante”.
¿Cómo zafarte de la muerte ante el ataque de una anaconda?”, cuestionó Arturo Torres. “Pues si a la víctima aún le queda lucidez, debe morderla. Al morderla la va a soltar”.
Según el biólogo, las sales que acumulamos los humanos en dientes y encías provocan un ardor insoportable en la anaconda, la cual soltará a su víctima.
Cuestionado sobre las anacondas negras, el científico peruano recordó que apenas hace una semana, uno de los ejemplares se había sumado a las demás, pero desapareció.
Acá dicen que las anacondas negras son mágicas, dicen que vuelan o que desaparecen. Lo que sí puedo decir es que ésas son más agresivas, no son como las amarillas o las verdes, ésas son peligrosas.
Lo que no puedo explicar es cómo se pueden escapar del albergue, parece que vuelan”.
LA YACUMAMA
La anaconda es también un animal mítico. Así como los mayas daban poderes al jaguar, en la selva amazónica los pobladores le otorgan una condición divina a la gran serpiente, una calidad de poder.
Por ejemplo, los jíbaros, conocidos como cazadores de cabezas, nunca molestan a las anacondas, ya que es una de las formas en las que la deidad Yacu-Máman se desliza por la selva y los pantanos, y si se le molesta, puede enviarles enormes calamidades, tales como inundaciones y extensas sequías.
Y es que la también llamada Yacumama es una serpiente negra e inmensa, es tan larga que no se logra ver el final, y tan ancha que en su vientre puede alojar a una vaca. Se dice que éste tipo de anaconda gigante es sumamente agresiva e inteligente. Derriba presas con chorros de agua que lanza de sus fauces y deja surcos enormes a su paso.
La tribu de los huitoto, quienes habitan en las cercanías de Leticia, Colombia, y comparten territorio con Brasil y Perú, suelen esculpir en enormes troncos de ceiba cuerpos de anacondas, a manera de tótems, dándoles incluso formas femeninas.
Uno de estos grandes tótems yacen en la malaca —gran choza—, ubicada en el interior de la selva, en el kilómetro 6.5 de la carretera a Leticia.
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