Uno de 4 reos de cárceles del DF y Edomex vio violencia en casa

Analistas refieren que existe un incremento en sentencias por secuestro, homicidio doloso y robo con violencia; llaman a evaluar el sistema penitenciario en favor de la reinserción a la sociedad

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CIUDAD DE MÉXICO, 23 de febrero.- Un estudio del CIDE indica que 25% de reclusos en la Ciudad de México y el  Estado de México se fue de su casa antes de los 15 años debido a violencia intrafamiliar, 25% vivió la presencia de un adulto preso en el hogar de su niñez, 40% reportó un consumo excesivo de alcohol por parte de sus padres, mientras 10% reportó el uso de drogas ilegales en el hogar de su niñez.

“La edad media al momento de su detención, tanto en hombres como entre mujeres, rondaba los 30 años. No obstante, para el caso de ambos sexos la mayoría (una tercera y una cuarta parte, respectivamente) fue detenida con menos de 25 años”, indica.

La mayoría de la población carcelaria en la Ciudad de México y el Estado de México es joven, tiene un nivel de escolaridad “no precisamente bajo” y antes de su detención tenía empleo, así lo revela el estudio Delito y Cárcel en México, deterioro social y desempeño institucional, publicado por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) con base en la Encuesta a la Población en Reclusión del centro del país.

Además, 40% había estado preso previamente o había estado internado en alguna institución para menores, señala el estudio autoría de Marcelo Bergman, Gustavo Fondevila, Carlos Vilalta y Elena Azaola.

La mayoría de los presos del centro del país (70.9%) tiene entre siete y nueve años de escolaridad, es decir, entre primaria completa y estudios de secundaria.

“El nivel de escolaridad de los reclusos no es bajo en el contexto nacional. La mayoría poseía una escolaridad similar a la media nacional, es decir, entre siete y nueve años de escolaridad, aunque sí es ligeramente inferior a la de la población en el Distrito Federal (10.5 años) y la del Estado de México (nueve años)”, señala la información.

En cuanto al empleo, 91.4 por ciento trabajaba un mes antes de ser detenido y la mitad de éstos lo hacían por cuenta propia, de acuerdo con el documento realizado con base en la Encuesta a la Población en Reclusión de los años 2002, 2005, 2009 y 2013.

“Entre aquellos que tenían un trabajo observamos que la ocupación más frecuente, casi la mitad, era el autoempleo o trabajo por cuenta propia (no manual), seguido de los empleados privados y los ocupados en trabajos manuales, como obrero, albañil, campesino o jornalero. También se encuentra la minoría de reclusos que trabajaban en el gobierno un mes antes de ser detenidos”, refiere.

David Lee, autor del libro Manual de Seguridad, en un análisis difundido en internet de este documento, asegura que hay un incremento en sentencias por secuestro, homicidio doloso y robo con violencia.

“A pesar de que se observa un incremento significativo en la proporción de sentenciados por secuestro, homicidio doloso y robo con violencia, poco más de 60% está preso por robos, de los cuales, la mitad son por montos de 11 mil pesos o menos y, una cuarta parte, de dos mil pesos o menos”, detalla.

“El 50% de los presos por delitos contra la salud, comerciaron drogas por montos inferiores a dos mil 400 pesos y 25% por menos de 270 pesos”, afirma el analista.

En el caso del Distrito Federal, prácticamente 50% de la población carcelaria es reincidente.

“La mitad de los reclusos reportó haber sido golpeado para forzarlo a declarar o para cambiar su declaración, en tanto que se reportan evidencias de que otros han obtenido su libertad mediante pagos o gracias a influencias”, indica Lee.

Para David Lee, es necesario revisar la manera en que trabaja el sistema penitenciario mexicano.

“Es preciso reflexionar si vale la pena el continuar invirtiendo en el sistema penitenciario, o bien, ahora de cara ante la Reforma Penal del país, explorar e invertir en nuevos modelos alternativos que, más que buscar culpables a algunos, planteen junto con programas de prevención de violencia y delincuencia, encontrar las soluciones para el problema de inseguridad que enfrentamos todos”, expone en un artículo publicado en su página de internet.

El analista de temas de seguridad explica que, hace una década, la población carcelaria en México se había duplicado, no obstante, el crecimiento se debió más que a un incremento en el número de aprehensiones, al endurecimiento de las penas que fueron más severas y largas. Es decir, a pesar de que el delito creció, no se observó un incremento significativo en el número de sentencias.

“Los programas de readaptación —y ahora de reinserción social— han sido precarios y, hoy, la sobrepoblación en las cárceles constituye una circunstancia negativa donde, aunado a las condiciones inhumanas en las que permanecen los reclusos, controlados por presos poderosos y pandillas”, explica, “la corrupción forma parte del día a día al que se enfrentan los internos y sus familiares, en su mayoría pobres y marginados”.

Para David Lee, el funcionamiento del sistema de cárceles es obsoleto, pues “la pobreza no sólo forma parte de los reclusos, sino del desempeño institucional”, lo que merece un profundo análisis y evaluación para determinar su viabilidad y subsistencia hacia el futuro.

Recuerda que en los últimos años se han estado realizando una serie de estudios en Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, México y Perú, como parte del proyecto internacional de la investigación Poblaciones Carcelarias en Latinoamérica. A dicho esfuerzo pertenece este estudio que “tiene como objetivo estudiar científica y empíricamente los factores de riesgo criminal entre poblaciones carcelarias de la región y el funcionamiento de las instituciones encargadas de su reclusión”, se lee en la introducción del documento.

El estudio Delito y Cárcel en México detalla otros procesos que afectan a la población carcelaria como el abandono del hogar, consumo de drogas, la corrupción institucional, la comprensión de las audiencias dentro del proceso penal y el uso de dinero para la agilización de trámites y la corrupción del sistema carcelario, entre otros.

“Sobre la importancia del dinero y las influencias para evitar la cárcel; se observa que la amplia mayoría de los reclusos (alrededor de siete de cada diez) es de la opinión de que son importantes para evitar la cárcel. Esta percepción apenas ha variado desde 2002 hasta 2013. De hecho, el porcentaje de 2013 es superior al de 2002 y nunca a lo largo de toda la serie histórica el porcentaje ha sido inferior al inicial.”

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