Excélsior, testigo de la historia

Durante más de nueve décadas, El Periódico de la Vida Nacional ha registrado los hechos más relevantes que han marcado el paso del mundo

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Uno de los hechos más relevantes que marcaron la década de los 60 del siglo pasado fue el asesinato del presidente estadunidense John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963. Foto: Archivo Excélsior
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CIUDAD DE MÉXICO, 18 de marzo.- El primer encabezado de Excélsior aquel 18 de marzo de 1917 proclamaba Vientos Republicanos Soplan sobre el Imperio Moscovita.

Era la Primera Guerra Mundial y la crisis rusa significó su salida del conflicto y el inicio de una accidentada historia a lo largo del siglo XX.

Hoy, 98 años después, Rusia recorrió un largo y sangriento camino: la deposición de los zares, la Revolución de Octubre, la proclamación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la disolución de la URSS y la secesión de varios países hasta llegar a lo que algunos quieren ver como la “Guerra Fría 2.0”.

En cierta forma la historia de Rusia siguió paralela a la del siglo XX y de la misma forma que Excélsior consignó esos “vientos republicanos”, siguió paso a paso los aconteceres internacionales del siglo pasado.

De hecho, no fue raro que Excélsior cubriera y adelantara noticias internacionales a través de sus propios reporteros.

La muerte del dictador haitiano Papa Doc, François Duvalier, el 21 de abril de 1971, fue reportada por Excélsior y la cobertura del golpe de Estado en Chile, el 11 de septiembre de 1973, hizo historia.

Pero el compromiso con la información internacional es una constante de Excélsior desde su aparición.

La segunda y tercera décadas del siglo XX fueron marcadas por la afirmación del poder comunista en Rusia y la muerte de los zares; la derrota de Alemania y sus aliados en la Primera Guerra Mundial y el subsecuente reparto de África y Oriente Medio entre Francia y Gran Bretaña, así como el surgimiento de Estados Unidos como la potencia predominante de ese siglo.

En los 30 y los 40, hechos como la aparición de Adolfo Hitler y la Guerra Civil española, como la vida y desvanecimiento de la Liga de las Naciones; el inicio de la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi y soviética a Polonia y luego la Blitzkrieg alemana sobre Francia, la Batalla de Inglaterra y el bombardeo japonés contra Pearl Harbor. Y así, hasta el brutal nacimiento de la era atómica con los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, y la rendición de Japón en 1945.

Esa década fue también la de la victoria de los comunistas encabezados por Mao Ze Dong en China y el surgimiento del “bloque socialista”, simbolizado por el mote de telón de acero que le impuso Winston Churchill en 1946, cuando el vencedor de la II Guerra Mundial era ya exprimer ministro británico.

El inicio de la Guerra Fría coincidió con la transición a los 50, que fueron la Guerra de Corea en sus inicios y el 4 de octubre de 1957 el inicio de la Era Espacial con el lanzamiento del Sputnik soviético, el primer satélite artificial que orbitó la tierra y que dio inicio a la carrera espacial. Fue el triunfo de los barbudos que encabezaba Fidel Castro en Cuba sobre la dictadura de Fulgencio Batista y el subsecuente fracaso, apenas iniciados los 60, de la invasión anticastrista de Bahía de Cochinos.      

Los 60 presenciaron la construcción del Muro de Berlín, que representó la división y la animosidad acarreadas por la Guerra Fría y era una valla dedicada menos a evitar la entrada de extraños que a limitar la salida de los alemanes entonces orientales.

Fue el marco del asesinato del presidente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 y el inicio de la intervención estadunidense en Vietnam. Fue también la invasión soviética a Checoslovaquia, el 20 de agosto de 1968, para poner fin a su experimento de liberalización política.

Fue una década coronada con la llegada del estadunidense Neil Armstrong a la Luna, el 20 de julio de 1969.

Y mientras el hombre llegaba al satélite de la Tierra, Excélsior cubría al mismo tiempo la guerra del futbol, entre Honduras y El Salvador.

Los 70 fueron significados por las inquietudes sociales en el mundo y el golpe de Estado militar en Chile, contra el presidente socialista Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, con el patrocinio abierto de empresas estadunidenses; fue significado también por el escándalo de Watergate, que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon el 9 de agosto de 1974.

Los 80 fueron la era de Ronald Reagan y en gran medida de Mijail Gorbachov, el reformista primer ministro soviético que se vio obligado a presidir la disolución de lo que entonces se calificaba como el “Imperio Soviético” simbolizado en el derribamiento del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Los 90 fueron el tiempo de la invasión de Kuwait por el Irak de Saddam Hussein y la intervención estadunidense para “liberar” al rico emirato.

Fue también la reconstitución europea tras la disolución formal de la URSS a fines de 1991 y la caída del “telón de acero”, así como el momento más alto del predominio estadunidense en el mundo, tras la disolución formal de la URSS a fines de 1991.

Fue el  momento en que la Comunidad Económica Europea creada en los 60 para competir con Estados Unidos y la URSS se convierte en la Unión Europea, mediante el Tratado de Maastricht del 1 de noviembre de 1993.

Pero es también la era del “país indispensable” y los escándalos de faldas del presidente Bill Clinton; fue el momento en que la República Popular China decidió salir al mundo y convertirse en una potencia económica.

El siglo XXI comienza con el atentado terrorista contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, el 11 de septiembre de 2001, que lleva a la intervención estadunidense en Afganistán, el segundo conflicto contra Irak y una guerra contra el terrorismo islámico que se libraba aún en 2015 con una variedad de actores en Siria, Irak y África del norte.

Los costos de la guerra fueron uno de los factores en los problemas económicos que frenaron a Estados Unidos en 2007-2008 y llevaron a una crisis económica mundial con enormes alcances geopolíticos, especialmente resentidos en la década siguiente.

En 2008, Estados Undos eligió a su primer presidente negro, Barack Obama, en lo que se esperaba iniciara una era “postracial” en ese país, pero quedó más bien en una etapa de cuasi-inmovilidad política.