España lucha contra el ébola

Ayer llegó el misionero Miguel Pajares, quien se contagió con el virus en Liberia

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Un avión del ejército español trasladó al sacerdote ibérico Miguel Pajares, de 75 años, infectado con el virus del ébola. Foto: AP
Un avión del ejército español trasladó al sacerdote ibérico Miguel Pajares, de 75 años, infectado con el virus del ébola. Foto: AP
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El misionero Miguel Pajares, quien se contagió de ébola en Liberia, fue trasladado ayer a Madrid. En el avión también viajó la monja Juliana Bonoha. Foto: AP
El misionero Miguel Pajares, quien se contagió de ébola en Liberia, fue trasladado ayer a Madrid. En el avión también viajó la monja Juliana Bonoha. Foto: AP
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El misionero Miguel Pajares y la religiosa Juliana Bonoha fueron llevados al hospital Carlos III de Madrid, donde fueron aislados. Foto: AFP
El misionero Miguel Pajares y la religiosa Juliana Bonoha fueron llevados al hospital Carlos III de Madrid, donde fueron aislados. Foto: AFP
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MADRID, 8 de agosto.— Muecas estupefactas, un sacerdote transportado en lo que algunos presentes llamaron “ataúd de plástico” y un hospital que hasta las 10 de la noche de ayer, de acuerdo con algunos trabajadores, no estaba listo.

Así recibió Madrid, ayer, el primer caso de ébola que llega al país. De este modo, arribó a España Miguel Pajares, sacerdote español, proveniente de Monrovia; ubicado en uno de los países afectados por el ébola, Liberia. Aterrizó pasadas las 8:00 de la mañana y a las 9:30 alcanzó la puerta del centro que, tras muchas dudas, lo atendería: el Hospital Carlos III de Madrid.

Tardaron 25 minutos en llevarlo a la sexta planta del hospital, la cual lo albergará hasta que  “el virus o el religioso venza, pues el ébola no tiene cura hoy y sólo se aplicarán cuidados paliativos”, explicó Manuel Torres, un enfermero que aseguró le “tocará atender a Pajares”. A la par, recordaba unos preparativos que se hicieron “tarde y mal”.

Una vez en el hospital, el misionero se mantiene aislado y únicamente las 12 personas del equipo médico están en contacto con él. Incluso sus familiares tendrán contacto restringido y, por el momento, sólo podrán ver a Pajares y a la burbuja de presión que lo rodea durante toda su estancia, por un sistema de televisión que está en su recámara.

El sacerdote llegó a su cuarto en un “ataúd de plástico” que, de acuerdo con los presentes, “erizaba el vello” y provocaba la sensación de que se asistía a la “crónica de una muerte anunciada”.

Esa llegada fue posible gracias al desalojo del hospital, en el que estaban internadas varias decenas de pacientes que fueron trasladados o recibieron un alta voluntaria o prematura. Esta medida provocó que durante la mañana de ayer se vieran caras estupefactas de familiares de internos o de pacientes despistados.

Una de las escenas más duras de la jornada fue una madre que seguía su rutina de cada día entre las 11 y el mediodía: ver a su hijo con demencia que estaba internado en la tercera planta del Carlos III. Sin embargo, ayer encontró el rostro de un agente de seguridad que le dijo que no sabían ni quién era, ni dónde estaba su hijo.

Al pasear por los pasillos del hospital Carlos III tampoco faltaron personas contrariadas por la llegada. Y, por ejemplo, Rosario, vecina de la zona, aseguró que “no abría la puerta porque estaba hasta tapiando las ventanas”.

Otras escenas menos alarmistas y más críticas eran las de aquellos que como Juan, un jubilado de 71 años, arremetían contra la llegada del sacerdote y apoyaban su crítica de que “nos morimos por una lista de espera y traen a un muerto en avión”.

Otros, como Ana, creen que se ha hecho “lo que Dios manda”.

El gobierno español aseguró que el riesgo de este traslado y del tratamiento es “muy bajo” y que se tomarán nuevas medidas contra el ébola cuando la Organización Mundial de la Salud dé la orden.

Con esta decisión parece diluirse la posibilidad de que el suero aplicado a los dos estadunidenses enfermos de ébola se aplique a Pajares, pues la OMS debatirá la próxima semana su viabilidad ética y el modo de aplicación de estos tratamientos experimentales.

Ante la preocupación manifestada por la prensa española, la directora general de Salud Pública, Mercedes Vinuesa, se limitó a recordar que “no hay vuelos directos con los países afectados por el ébola”.

Estado de emergencia por epidemia de ébola

La presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, decretó estado de emergencia durante 90 días por estimar que la epidemia de ébola “exige medidas extraordinarias para la supervivencia del Estado”.

Tras recordar las medidas adoptadas desde hace dos semanas en el país para frenar el contagio, incluyendo el descanso de 30 días para los funcionarios no esenciales, el cierre de escuelas y desinfección de los lugares públicos, Sirleaf deploró que “la amenaza siga en

aumento”.

La ignorancia, la pobreza y prácticas culturales y religiosas bien ancladas siguen exacerbando la propagación de la enfermedad, en particular en provincias”, subrayó, en referencia sobre todo a los contactos con cadáveres en ritos funerarios y al abandono de cuerpos en las calles.

Tras declarar el estado de emergencia, soldados liberianos impidieron viajar a la capital a la gente de zonas rurales afectadas por el brote. Uno de esos poblados, Klay, se encuentra a apenas 40 kilómetros de Monrovia.

La Presidenta también advirtió que se podrían suspender algunas libertades cívicas en caso de necesidad.

Por su parte, el gobierno de Sierra Leona ordenó el cierre “inmediato” de clínicas privadas que carecen de personal sanitario cualificado, discotecas y videoclubes.

La directiva va dirigida especialmente a pequeñas clínicas privadas que suponen un alto riesgo para la contención del virus, ya que carecen de personal sanitario cualificado.

Además, el ejército de Sierra Leona lanzó la “Operación Pulpo” para tratar de mantener aislados a los enfermos de ébola.

Este brote de ébola sin precedentes ya causó 932 muertos en África occidental en los últimos cuatro meses.

Trasladan a enfermo a España

El misionero español Miguel Pajares, infectado con ébola en Liberia, llegó ayer a Madrid, convirtiéndose en el primer paciente en ser repatriado a Europa con este virus.

En el avión, que llegó a la base aérea de Torrejón de Ardoz, en las afueras de Madrid, viajó también la monja española Juliana Bonoha, que atendía a Pajares y quien dio negativo en los test del ébola, informó el Ministerio de Defensa.

Los dos viajaron en unas cápsulas aislantes, en las que fueron trasladados en dos ambulancias escoltadas por policías al hospital madrileño Carlos III, especializado en enfermedades tropicales.

El cura está en una situación estable”, mientras la monja “está en muy buen estado general”, afirmó el gerente del hospital Carlos III, Rafael Santamaría.

Prevén llegada del virus a EU

La importación del ébola a Estados Unidos es “inevitable” debido a la globalización de la aviación comercial, dijo ayer Tom Frieden, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

Sin embargo, aseguró que es muy improbable que un brote se convierta en epidemia en el país, “porque tenemos instalaciones para poner en cuarentena a estos pacientes”.

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