Migración de osos polares; el viaje de la supervivencia
Excélsior te cuenta el andar de los osos polares o Nanuk, que se han visto obligados a migrar hacia el Ártico en busca de mejores condiciones climáticas
CIUDAD DE MÉXICO, 17 de noviembre.- En el primer frío de otoño, enormes bestias blancas y peludas inician su andar, a veces juguetonas y otras con paso lento —como si tuvieran flojera—, para llegar a su destino: las aguas congeladas del Ártico. Son los osos polares, también llamados Nanuk en el norte de Canadá, que cada vez más están “amenazados” por los efectos del cambio climático.
Cada año, cientos de ejemplares se reúnen en la Bahía de Hudson, cerca de Churchill “la capital mundial del oso polar” (Manitoba, Canadá), para iniciar la caza de su alimento principal: la foca.
Hoy es posible ser testigo de esta migración anual y en tiempo real, vía internet, gracias al proyecto Polar Bear Cam, fundado por explore.org, el brazo multimedia de la Fundación Annenberg, en colaboración con la organización Polar Bears International (PBI) y Frontiers North Adventures, operador turístico autorizado en el Parque Nacional de Wapusk. Los cibernautas pueden usar una nueva tecnología que les permite capturar imágenes de estos animales, iconos del Ártico, y así ayudar a los científicos en su estudio.
El compartir la belleza de los osos polares y del Ártico con la gente, e inspirarla a tomar acciones para salvarlos de la amenaza del calentamiento global, como el reducir la contaminación por emisión de gases de efecto invernadero, es el objetivo de Polar Bear Cam, comenta Krista Wright, directora ejecutiva de Polar Bear International.
En declive
Científicos estiman que en el mundo hay 23 mil osos blancos en 19 poblaciones. De éstas, ocho disminuyen, tres son estables, una va en aumento y siete no tienen datos suficientes. En comparación, en 2005, cinco bajaron, cinco se mantuvieron estables, dos fueron en aumento y siete tenían datos insuficientes. Pero la población occidental de la Bahía de Hudson, que es la que muestran las cámaras, es una de las más vulnerables, señala la directiva de PBI.
“Estos osos viven en hielo marino estacional, donde éste se derrite cada verano en la Bahía de Hudson y se ven obligados a adentrarse a tierra durante un periodo prolongado de ayuno hasta que el hielo se vuelva a formar.”
Los osos polares están en ayuno, en un estado conocido como hibernación itinerante, luchan por conservar su energía y la reserva de grasa es lo único que los mantiene vivos y con la fuerza suficiente para lanzarse a las aguas congeladas a la caza de focas, su alimento fundamental.
Esta especie se enfrenta a temperaturas extremas, es capaz de soportar 30 grados bajo cero.
Debido a los efectos del cambio climático, que ha ocasionado el deshielo del Ártico, Krista Wright destaca que el periodo de tiempo que pasan los osos blancos fuera del hielo marino ha ido en aumento, en promedio, un día por año, por los últimos 30 años.
“Los osos polares dependen del hielo marino para cazar su presa principal: la foca. Cuando se ven obligados a entrar en tierra y no pueden cazar focas, deben vivir de sus reservas de grasa hasta que el hielo se forme nuevamente. Pero no debe ser un periodo tan largo para que puedan ayunar. Los periodos libres de hielo, que son más largos, han provocado la caída de la población de alrededor de mil 200 en 1980 a 900 hoy en día, en Churchill.”
El doctor Steven C. Amstrum, científico en jefe de PBI y jefe de investigaciones sobre los osos polares de Alaska, ha documentado en sus investigaciones que, cuando los osos no pueden llegar al hielo del mar —generalmente no han comido—, pueden perder alrededor de dos libras de peso al día (907 gramos, aproximadamente) y la duración de estos periodos sin hielo marino no sólo ha crecido sino que seguirá en aumento debido al nivel de las emisiones de gases de efecto invernadero que existen actualmente.
A esta información se añade que, como cada vez son más imprevisibles los patrones del hielo marino, los investigadores en clima, biólogos y otros científicos consideran que esta población de menos de mil osos polares de Churchill vive sus últimas décadas de existencia.
Wright alerta que dejar que muera esta especie (Ursus maritimus, su nombre científico) implica “perder un ecosistema increíblemente hermoso”, pero más allá de eso, si se permite que el calentamiento global continúe sin combatirlo, sin dar la lucha, también significaría una amenaza a las condiciones de la Tierra, las que han permitido prosperar a la humanidad.
“Ya estamos viendo fenómenos meteorológicos extremos, de las sequías a las inundaciones por tormentas monstruosas, anunciadas tiempo atrás, como parte del cambio climático. Esto seguirá intensificándose, amenazando nuestros suministros de alimentos y de agua, inundando las zonas de baja altitud, y causando otros daños.”
No se nos debe olvidar que todavía queda tiempo para salvar a los osos polares y a la vida tal y como lo conocemos en la Tierra, apunta la directora de Polar Bears International, pero se debe actuar rápidamente para reducir en gran medida la contaminación por emisión de gases de efecto invernadero.
“Debemos reducir nuestra huella de carbono y alentar a nuestros amigos y familiares a hacer lo mismo. Nosotros también tenemos que votar con nuestras carteras y alentar las prácticas de negocios verdes. Y, por último, debemos hablar y dejarle claro a nuestros funcionarios electos que queremos acciones para reducir la contaminación por emisión de gases de efecto invernadero.
“Depende de cada uno de nosotros involucrarnos, no importa en qué lugar del mundo vivamos. Los retos de la campaña de Polar Bear International SOS! Save Our Sea Ice (Salvemos Nuestro Hielo Marino) es un buen lugar para comenzar.”
Un viaje en tiempo real
Éste es el tercer año del proyecto de Polar Bear Cam, el cual permite ver en tiempo real a través de internet (live streaming) el periodo de migración del oso polar, que inicia a finales de octubre y finaliza al término de noviembre, cuando llega a las costas de la Bahía de Hudson.
Krista Wright explica que hay cinco diferentes cámaras montadas en lugares distintos: una cámara va en un itinerante Tundra Buggy (que es un gran vehículo rodante en el cual se transporta a turistas); dos cámaras más están ubicadas en la cabaña Tundra Buggy; otra en Cabo Churchill y una más con vista al Río Churchill. Para que esto sea posible, agrega, trabajan ocho operadores de cámaras en ubicaciones remotas.
A través del sitio https://explore.org e, incluso, a través de su app para dispositivos móviles tanto científicos como cibernautas de cualquier parte del mundo pueden observar los patrones de comportamiento de los osos polares.
En la parte superior derecha de la pantalla está habilitado un icono en forma de cámara fotográfica con la cual se pueden capturar imágenes que pueden compartirse a través de las redes sociales y que se archivan para ayudar a los científicos en su estudio.
En esta travesía por la tundra canadiense, es posible observar a un par de osos adultos, que juguetean y muestran su lucha uno en contra del otro.
Krista Wright explica que los científicos consideran que son simulacros para verdaderas batallas por las hembras cuando llegue la temporada de apareamiento, en la primavera.
Los jóvenes, machos y hembras, así como las hembras con sus cachorros (generalmente paren dos oseznos) se mantienen alejados de los machos mayores, pues se sabe que éstos atacan y matan a los pequeños.
Sin embargo, el oso polar es un gigante solitario.
Una vez que la migración ha avanzado y estos gigantes blancos han llegado a la costa de la Bahía de Hudson, de acuerdo con los científicos, existe un orden jerárquico de reunión: los machos adultos, los machos jóvenes, las hembras y las madres con sus crías.
Gracias a los esfuerzos conjuntos de explore.org, PBI y Frontiers North Adventures, los científicos monitorean el tamaño y la condición de los Nanuk que se reúnen para la migración, además de llevar un registro detallado de la edad y del sexo.
La observación, agrega Wright, ha permitido saber que cada vez hay menos madres con sus crías, pues se ha documentado que en los últimos años han nacido menos cachorros debido a temporadas más largas libres de hielo, y todo indica que la tendencia será irreversible.





