Excélsior contó el golpe de Estado desde Chile
El 'Periódico de la Vida Nacional' fue el único diario mexicano que tuvo un enviado durante la rebelión del ejército contra Salvador Allende; a continuación le presentamos los titulares de esos días
CIUDAD DE MÉXICO, 10 de septiembre.- La noticia sobre el golpe de Estado en Chile, la muerte del presidente Salvador Allende y la incredulidad del mundo entero por ambos hechos ocuparon por completo la portada de Excélsior la mañana del 12 de septiembre de 1973.
La información, enviada por el periodista Manuel Mejido, no dejó de fluir desde el país austral hacia México, y de las planas de El Periódico de la Vida Nacional al mundo los días en que ocurrió la ofensiva militar. Mejido fue el único reportero que cubrió esta noticia desde Chile para un medio de comunicación mexicano.
Además, Mejido fue el único reportero que logró enviar información al mundo desde Chile, debido a que los medios de comunicación fueron bloqueados.
Fue gracias a un afortunado enlace telefónico desde la embajada de México que Mejido pudo dictar su información a un reportero de Argentina, que a su vez la envió a Excélsior y a otros medios en el mundo a través de la agencia de noticias Télam.
El primer encabezado sobre el tema anunciaba la negativa de dimitir de Salvador Allende, así como su posterior suicidio tras la ofensiva de las fuerzas armadas contra su gobierno socialista el 11 de septiembre de 1973.
La información detallaba que luego de bombardear el Palacio de La Moneda en Santiago de Chile, la junta militar anticomunista se hizo del poder e impuso el Estado de sitio, además de girar órdenes de arresto para la viuda y la hermana de Allende, Hortensia Bussi y Laura Allende, respectivamente, así como para cientos de militantes izquierdistas.
La reacción de los mexicanos en aquel entonces fue contundente y el rotativo dio a conocer la del presidente Luis Echeverría, quien expresó su solidaridad al pueblo chileno, así como la orden al embajador de México en Chile para que brindara asilo diplomático a los familiares de Allende si así lo solicitaban.
En aquellos días en que la información viajaba con lentitud y en que todo era confusión en la ciudad de Santiago, el enviado de Excélsior pudo entrevistarse con el embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, quien le relató que una llamada que cancelaba una reunión en la Cancillería a tempranas horas de la mañana del día del golpe lo alertó sobre un posible conflicto.
El embajador, con siete funcionarios del gobierno de México se encontraba en el hotel Carrera a escasos 60 metros del Palacio de La Moneda”, se podía leer en la nota de ocho columnas en la edición del jueves 13 de septiembre.
En el centro de la convulsión se dio a conocer de los asaltos armados a la población chilena, en especial a obreros y estudiantes, los ataques con artillería pesada a fábricas y los combates en el Estadio Nacional y la Universidad Católica de Chile. Al mismo tiempo que miles de jóvenes mexicanos e integrantes del Partido Socialista bloqueaban la avenida Juárez, en la Ciudad de México, en demanda al gobierno mexicano de no establecer relaciones con la junta militar.
Ese día, el general Augusto Pinochet ya había sido nombrado presidente de la República.
La pericia de Mejido le valió obtener una entrevista exclusiva con Hortensia Bussi, la viuda de Allende, que fue publicada por Excélsior el 15 de septiembre y más tarde se reprodujo en diversos diarios alrededor del mundo.
Bussi aseguró entonces que no abandonaría su patria ni pediría asilo a algún país, y contó detalles de la última vez que vio a su marido con vida: Mejido comenzó la entrevista preguntando: “¿Dónde fue enterrado el presidente Allende?”
Bussi respondió: “ahora hablaré, y con todo detalle”. Y así, sin derramar lágrimas, la viuda habló del último momento que supo de su compañero de vida.
“El martes, a las 7:40 horas, recibí un llamado telefónico que me despertó. Era Salvador. Me dijo: Te hablo desde La Moneda. La situación se ha tornado grave: se sublevó la marina. Yo voy a quedarme aquí. Tú permanece en Tomás Moro”, contó Bussi.
Aunque la cobertura que realizó del conflicto chileno se cuenta entre los grandes logros de Mejido, el reportero ha tenido una prolífica carrera en el periodismo por 57 años, incontables encuentros con grandes figuras del siglo XX y ocho libros en los que aborda su experiencia como reportero y su visión del México contemporáneo.
Aplauden y critican la economía de Pinochet
Tras el golpe militar de 1973, la dictadura de Augusto Pinochet impuso en Chile un aplaudido y también criticado modelo neoliberal que permaneció tras el retorno a la democracia, expandiendo con fuerza la economía, pero provocando hondas desigualdades sociales.
La economía, en medio de la estabilidad democrática, elevó de hecho a 21 mil 500 dólares el Producto Interno Bruto per capita, pero sin evitar que la mitad de los hogares viva aún con sólo mil dólares mensuales, según cifras oficiales.
Chile, históricamente uno de los países más pobres de América Latina, es hoy una de sus naciones más pujantes en el promedio macroeconómico, con tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y China, entre otras naciones.
La estrategia de desarrollo neoliberal, que borró todo vestigio del proyecto socialista impulsado por el depuesto presidente Salvador Allende, fue labrada eso sí con reticencias de sectores militares nacionalistas que desconfiaban en un inicio del capital externo.
Pero finalmente, el proyecto fue asumido por empresarios y líderes políticos de casi toda la derecha. “Le cambió el ‘pelo’ (status) al país”, dijo incluso días atrás el diputado Iván Moreira, público defensor de la obra de Pinochet.
Pero, en ese proceso, uno de los hechos más inesperados fue la defensa y profundización que hicieron del modelo de desarrollo neoliberal los opositores a Pinochet, una vez que llegaron al poder en 1990, en un mundo marcado por la caída del Muro de Berlín.
De hecho, el centroizquierda, en el poder ininterrumpidamente entre 1990 y 2010, privatizó el suministro de agua y electricidad, así como la gestión de cárceles y carreteras. También entregó a la banca el “negocio” de financiar la educación universitaria.
Además, los otrora detractores del régimen tampoco frenaron las crecientes concentraciones oligopólicas en diversos sectores económicos como las comunicaciones, las farmacias o la empresa forestal.
Líderes sindicales, que reprochan las consecuencias de esa concentración, sostienen que un factor clave en ese proceso fue la desmovilización del mundo sindical.
“Hubo 367 líderes sindicales ejecutados o desaparecidos”, contextualizó la presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores, la profesora Bárbara Figueroa.
Asesinó en el extranjero
La dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) no sólo torturó, asesinó e hizo desparecer a opositores en Chile. El largo brazo de la policía secreta de su régimen también eliminó en el extranjero a militares y políticos que le incomodaban
La temida Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), que disponía de inagotables recursos, fue el responsable de los asesinatos del ex comandante en jefe del Ejército general Carlos Prats González, en Buenos Aires, y del ex canciller Orlando Letelier, en Washington, entre otros atentados.
En ambos casos, el método utilizado por la DINA de Contreras fue casi calcado: agentes del régimen que hacen el seguimiento y el estudio de los hábitos de las víctimas y la colocación posterior de bombas de alto poder explosivo en sus automóviles.
El del general Carlos Prats, cuyo coche estalló en llamas en una calle de Buenos Aires el 30 de septiembre de 1974, fue uno de los primeros crímenes de la dictadura fuera de las fronteras de Chile. En el atentado falleció también su esposa, Sofía Cuthbert.
Tras el crimen de Prats, la policía secreta del régimen extendió sus redes hasta Estados Unidos.
En el corazón de
Washington, en la calle de las embajadas, estallaba una bomba que desintegró el automóvil y acabó con la vida del ex canciller de Allende, el economista Orlando Letelier, el 21 de septiembre de 1976.
El jefe de la DINA, Manuel Contreras, todavía afirma que la CIA asesinó a Letelier para desacreditar al régimen.



