Dos paisajes de Velasco regresan a México; estrellas de Morton subastas
Tras décadas en colecciones de Nueva York, se rematarán en el país dos óleos poco conocidos del maestro del paisaje del siglo XIX
Los óleos Valle de México desde el Tepeyac (ca. 1890) y Castillo de Chapultepec (ca. 1888), del pintor José María Velasco (1840-1912), el maestro del paisaje del siglo XIX, regresan a México tras permanecer décadas en Nueva York, gracias a un coleccionista que los adquirió en una subasta de Sotheby’s el pasado 19 de enero, y ahora la Casa Morton los rematará en el país el 25 de abril, a las 17:00 horas.
Los mexicanos podrán admirar por primera vez estos cuadros en la exposición Territorio y presencia. Paisaje y retrato en pinceles de dos continentes, que se exhibirá, previa al remate, a partir de hoy y hasta el próximo jueves en la sede de Morton (Monte Athos 179, Lomas de Chapultepec).
Con un precio de salida de 4 millones 400 mil pesos, Valle de México desde el Tepeyac mide 32 x 48 centímetros y procede de la neoyorquina Galería Ramis Barquet; y Castillo de Chapultepec, cuya puja arrancará con 3 millones 850 mil pesos, mide 26 x 36 centímetros y proviene de la Galería SMG.
Las dos pinturas, confeccionadas sobre cartón preparado, cuentan con el dictamen de María Elena Altamirano Piolle, especialista en la obra de Velasco; y son las estrellas de la subasta que reúne 330 lotes, entre obras de arte, objetos antiguos, arte religioso y mobiliario.
“Son verdaderas piezas de museo. Se calcula que existen 250 óleos de Velasco y más de la mitad, unos 150, están en el Museo Nacional de Arte. Su regreso al país es una buena noticia para nuestro patrimonio. Es un gran logro porque ya no pueden salir. Existe ahora la posibilidad de que vuelvan a venderse, pero permanecerán ya en manos de mexicanos”, explicó Sofía Hernández, gerente del Departamento de Antigüedades de Casa Morton.
Previo al recorrido por la exposición, la promotora de arte destacó que son muy escasos los Velasco que se encuentran en colecciones privadas. “Y que tengamos dos óleos, porque es más común encontrar bocetos o dibujos en el mercado y las colecciones particulares, es bastante raro. No sabemos cuándo salieron las piezas del país, pero
probablemente deban ser varias décadas”.
Agregó que “José María Velasco dominaba magistralmente la técnica del realismo, logrando una precisión casi fotográfica en la representación de los detalles naturales. Sus obras no sólo celebran la belleza del entorno natural, sino que también reflejan su profundo amor y respeto por la tierra mexicana”.
Respecto al lugar que ocupan los cuadros mencionados en la totalidad de la obra de Velasco, añadió que en la producción del paisajista existen tres grandes épocas. “La primera, cuando todavía era estudiante; la segunda, cuando ya se va formando y es maestro de la Academia de San Carlos; y la tercera, la última década de su vida, la que se
considera su esplendor.
“Estas obras se sitúan aproximadamente entre la segunda y la tercera etapas. No están fechadas, pero Altamirano las ha ubicado hacia finales del XIX y principios del siglo XX. Algo interesante es que a Velasco le interesaba ir al lugar y revisar cómo se veía el mismo espacio desde un ángulo distinto, y a una hora diferente del día, con una luz distinta”, indicó.
Hernández detalló que “los dos paisajes documentan un México distante y distinto, cuyo aspecto prevalece solamente inerte entre las pinceladas de quien lo presenció”.
En esta subasta se presenta una amplia variedad de retratos, entre los que destaca Retrato de dama (1834), del pintor francés Édouard Pingret, especialista en capturar los rostros de la aristocracia mexicana y europea. Y resaltan además Jugadores, del pintor costumbrista Manuel Serrano, en el que recrea a un grupo de jugadores de cartas dentro de un entorno rural; y Convento de San Francisco (ca. 1858), de Salvador Murillo.
“Murillo era compañero de Velasco. Ambos fueron alumnos de Eugenio Landesio. Así que había algo de competencia entre ellos. Por eso es interesante conocer la obra de ambos.
“Y Serrano se aleja de esa dinámica de la academia. Es más bien un pintor autodidacta, pero fundamental para la historia del arte del siglo XIX mexicano”, concluyó Hernández.
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