René Avilés Fabila; promotor de Elena Garro

El autor de Tantadel fue aliado de la autora de Un hogar sólido en una lucha por la libertad de expresión, dice Rosas Lopátegui en este tributo póstumo

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CIUDAD DE MÉXICO.

La muerte de una persona admirada siempre es un hecho lamentable, no importa cuando llegue. Sin embargo, se vuelve más dolorosa cuando esa persona fue un ser combativo que luchó en contra del  establishment y sus colaboradores. En esta línea, defendió a una escritora vilipendiada desde 1968 debido a su posición crítica ante la corrupción y las injusticias sociales. Éste es el caso de René Avilés Fabila y de Elena Garro. Los dos, aliados en su contienda por la libertad de expresión y el cuestionamiento de los sistemas totalitarios en todas sus vertientes, sean políticas, económicas o culturales.

René falleció el domingo pasado, durante los festejos del centenario del natalicio de la autora de Los recuerdos del porvenir, Testimonios sobre Mariana, Y Matarazo no llamó..., entre otras obras emblemáticas. Sincero partidario de la grandeza de la polígrafa, Avilés Fabila ya había participado en varios actos y con diversas publicaciones para celebrar los 100 años de su amiga y correligionaria.

Recuerdo que en la década de los ochenta, Gustavo Sainz y René Avilés Fabila fueron algunos de los pocos promotores de la obra de Garro cuando nadie se atrevía a mencionar su nombre. Por esto, René formó parte de nuestro Coloquio Internacional en Homenaje a Elena Garro en el 90 aniversario de su nacimiento, al lado de María Luisa La China Mendoza, en las instalaciones de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En ese 2006, el doctor Enrique Doger Guerrero, alcalde de la capital poblana, nos nombró Visitantes Distinguidos por promover la vida y la obra de Elena Garro. Al año siguiente, con el mismo entusiasmo, se unió a la mesa magistral del Coloquio Internacional Homenaje a Elena Garro por el 50 Aniversario de su Dramaturgia. Aquel 17 de junio de 2007, Avilés Fabila estuvo acompañado por Víctor Hugo Rascón Banda, La China Mendoza, Estela Leñero, Silvia Molina y quien esto escribe, en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes. En este mismo recinto se presentó Yo quiero que haya mundo... Elena Garro 50 años de dramaturgia, con prólogo de Rascón Banda, el 22 de junio de 2008. Enzia Verduchi, directora de la Coordinación Nacional de Literatura, moderó a los ponentes, a René Avilés Fabila, La China Mendoza, Estela Leñero y a la autora. Rascón Banda ya no pudo acompañarnos por su delicado estado de salud (falleció unas semanas después).

Cada vez que René Avilés Fabila hablaba de Elena Garro, lo hacía con esa voz que pone en tela de juicio y deconstruye la historia oficial. Los dos formaron parte del mismo ejército de combatientes, de quienes se quedaron al margen del poder y, aun así, a contracorriente, lograron escribir una obra fundamental en nuestra literatura. La difusión de su legado queda a cargo de cada generación y ninguna de ellas debe de olvidar, pues con el pasado se construye la Historia. He aquí algunas frases del autor de Tantadel sobre Elena, quien al hablar de su colega, hablaba de sí mismo:

“El periodismo que hizo Elena Garro, sus artículos y entrevistas, son los materiales que hicieron de Elena una mujer odiada y temida. México es un país que no tolera la claridad y ella escribía un tipo de periodismo combativo, directo, lejos del lenguaje críptico que ha encumbrado a muchos otros. Elena optó por un periodismo que la reflejara con precisión, decidida a no ceder en su intención de cambiar el sistema; pretendía devolverle a los indios lo perdido, criticar a los poderosos, enfrentar a los intelectuales, sus pares, sin importar el costo. Pero Elena Garro no estaba preparada para el mundo rudo de la política, se había educado para el arte, para escribir soberbias obras de teatro, cuentos de una asombrosa belleza y novelas de rotunda inteligencia. Octavio Paz, independientemente de su talento y capacidad poética, era un hombre enamorado del poder, lo vemos desde sus primeros pasos, lo combate para tenerlo, mientras que Elena lo detesta, ve en el Estado la fuente de muchos males (...) El país parece mantener una idea distinta de la que Elena vio y quiso mostrar. Hemos convertido en héroes a simples mortales que sólo tuvieron el acierto de encontrarse allí en el momento adecuado y a la hora correcta, que no es poca cosa, pero que con el paso del tiempo se derrumbaron. No es lo mismo, decía con buen humor Juan de la Cabada, el mejor amigo de Elena, ser revolucionario un día que toda la vida. De aquellos que encabezaron el 68, sólo Revueltas supo vivir con dignidad y al margen del poder, inalterablemente crítico del capitalismo y de las izquierdas ilusorias.”

Elena Garro vivió intensamente su tiempo y su tiempo la decepcionó, vislumbró entonces el futuro como algo aún más sombrío y quizá siniestro, por ello prefirió pensar en el pasado, en ser la memoria y en ser la memoria que de ella se tenga, como en Los recuerdos del porvenir.” (René Avilés Fabila).