Tepeticpac, aquí se unen los rumbos
Esta zona enclavada en el centro de la República Mexicana —cuyos vestigios de 300 edificios, grandes murallas y paredes que serpentean evidencian el ambiente bélico que se vivía entre los cuatro señoríos de la región— representa el axis mundi (eje del mundo) de la cultura tlaxcalteca, según expertos del INAH.
TLAXCALA, Tlax. 8 de noviembre.— Dos torres vigía de siete metros de altura, “que evidencian el ambiente bélico que existía entre los señoríos tlaxcaltecas”, vestigios de grandes murallas y muros que serpentean e identifican al sitio arqueológico de Tepeticpac.
Esta zona, que cuenta con alrededor de 150 terrazas y en la que a la fecha se han registrado 89 de sus 300 edificios, tanto de tipo habitacional como cívico-administrativo y religioso, representa el axis mundi (eje del mundo) de la cultura tlaxcalteca, afirma Ramón Santacruz Cano.
El arqueólogo del Centro INAH Tlaxcala explica, tras ofrecer un recorrido por la urbe prehispánica que se localiza en la cima de los cerros Cuauhtzi, El Fuerte y Tlaxistlan, a más de dos mil 450 metros de altura, que este fue uno de los cuatro principales señoríos de la entidad e incluso “podría ser el pueblo original o uno de los primeros”.
A nivel ideológico, todas las culturas tienen un pueblo de origen. Los mexicas poseen a Tenochtitlán, y los tlaxcaltecas a Tepeticpac. Y, en ese sentido mitológico, se cuenta que cuando los pueblos migran del norte, salen de Chicomóztoc, hay un Dios tutelar que los guía: con los mexicas fue Huitzilopochtli, con los tlaxcaltecas Camastli (Dios de la caza, la guerra y el fuego). Él le dice a este pueblo que salga de Chicomóztoc y que camine hacia adelante, ‘de donde serán dueños y señores’”, detalla.
El investigador narra que desde 2009, cuando el INAH empezó a trabajar en este asentamiento, ubicado en Santiago Tepeticpac, municipio de Totolac, se tenía la hipótesis de que podría ser el axis mundi. “La idea expresa un punto de conexión entre el cielo y la tierra, en el que convergen todos los rumbos de una brújula”.
El lugar, cuya zona nuclear abarca 98 hectáreas, es uno de los cuatro “altepemeh” (unidades territoriales), donde se desarrollaron las culturas que dieron origen a la Tlaxcala actual, junto con Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuixtlán.
“Tepeticpac tiene dos momentos de ocupación. Uno que se da en el epiclásico, entre el 700 y el 900 de nuestra era, y el otro en el posclásico tardío, del 1300 al 1519, cuando llegaron migrantes chichimecas que invadieron territorios del centro de Tlaxcala y establecieron su liderazgo”, explica.
Desde 2010, tras la realización de un mapeo, los arqueólogos Santacruz y Aurelio López Corral realizan trabajos de prospección, excavación y restauración en este sitio, así como el diagnóstico del estado de conservación e intervención de plazas, terrazas y estructuras del conjunto La Palma, localizado en la parte alta.
“Hemos detectado dos torres vigía, una de ellas se está reconstruyendo. Esto nos habla del ambiente bélico que existía en el siglo XVI, cuando los grupos asentados en Tlaxcala tenían una constante disputa por los territorios, que apenas se estaban definiendo.
“Las torres tenían una función de vigía, pues desde Tepeticpac se ve bien Cholula, y la parte sur de Puebla. Traían esa ideología, pero también eran pueblos bastante aculturizados; es decir, tenían especialistas, sabios, gente de gobierno, era una sociedad pluriestratificada”, cuenta Santacruz.
Sistemas de terrazas
López Corral agrega que Tepeticpac es un sitio adaptado a la topografía de la región, por lo que se construyeron sistemas de terrazas en las que se levantaron diversos tipos de edificios.
“Los materiales utilizados por los antiguos pobladores son tobas calcáreas, que son rocas de tepetate con mayor consistencia y, en algunos casos, basaltos para la construcción de sistemas de muros altos”, dice.
Aclara que estos muros requieren de un trabajo muy especializado, toda vez que no son rectos, sino que en ocasiones serpentean y algunos tienen subestructuras más tempranas.
“Las rocas se unen con cal, arena y tepetate. Algunos muros alcanzan más de cinco metros. Una estimación nos indica que en la parte alta llegaron a vivir unos 500 o 600 habitantes que formaban parte de la élite, de la clase gobernante, y en la baja o hacia los costados hubo una ocupación mayor”, indica.
El investigador añade que se han encontrado parte de una escalinata, fragmentos de unos 20 o 25 tipos de cerámicas, incluyendo vajillas policromas, el talud de un edificio y otros elementos arquitectónicos, cuyo material es similar al de Cacaxtla.
“Podríamos pensar que hubo alguna relación entre ambos sitios, o que quizá era el mismo grupo cultural, pero aún no lo sabemos con certeza”, apunta.
Por su parte, Santacruz destaca que están haciendo temporadas de campo anual, cada una implica de seis a siete meses de trabajo. “De estos siete meses, tardamos cuatro en campo y el resto en gabinete. Hacemos exploraciones para determinar con precisión la cronología del sitio y establecer la filiación cultural del grupo que vivió ahí; y en el trabajo de gabinete clasificamos y analizamos el material”.
Advierte que no liberan los edificios sólo por liberarlos. “Hacemos un diagnóstico que nos indica qué estructuras tienen problemas de conservación y cuáles pueden colapsarse en cierto tiempo. A partir de ahí se toma la decisión de cuáles ir liberando”.
Los especialistas piensan que en unos seis años se podrá abrir la zona al público, luego de crear la infraestructura básica para que la gente pueda subir al sitio. El INAH invierte al año en Tepeticpac alrededor de dos millones de pesos para investigación y conservación.
El sitio, saqueado desde hace 20 años
El arqueólogo Ramón Santacruz admite que a principios de la década de los 90 del siglo pasado se llevaron a cabo en Tepeticpac prácticas de saqueo que “casi destruyeron dos edificios” del conjunto La Palma.
“Esto respondió a que la gente pensaba que en ese lugar había tesoros. Esto los motivó a ir a saquear. Lo más probable es que se destruyeron contextos arqueológicos importantes, como ofrendas. Pero no lo podemos saber con certeza”, dice.
Explica que cuando ellos llegaron a trabajar a la zona echaron a andar un programa de concientización con la comunidad, que consistió en pláticas de los arqueólogos revalorando ese patrimonio prehispánico.
“Comenzamos hace dos años. La respuesta ha sido buena. Hacemos visitas al sitio y labores de conservación. La comunidad está más consciente de la importancia de conservarlo, y el difícil acceso ayuda, pero debemos estar siempre alerta”, señala.
Tepeticpac siempre ha sido una comunidad con alta población y un punto de encuentro vital para los tlaxcaltecas. “Se trata de un lugar importante al punto de que cuando fue la Conquista española muchos de los pueblos aledaños vinieron a refugiarse en estas colinas, y desde aquí vieron llegar a Hernán Cortés. A unos cuantos kilómetros de aquí estaba un mercado que conjugaba a diario a cerca de 30 mil personas”, especificó el titular de Conaculta, Rafael Tovar.
—Virginia Bautista



