La vigencia del danzón

El puerto de Veracruz albergó durante cuatro días el espectacular X Encuentro Nacional de Danzoneras, con la participación de 17 orquestas

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Fotos: José Edgar Castillo/Cortesía
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PUERTO DE VERACRUZ, 7 de septiembre.— Cuatro días con las 17 danzoneras más importantes del país. Cuatro días para bailar mañana, tarde y noche. Y también  cuatro días para discutir y discernir hacia dónde va el danzón, cómo debe enseñarse y cuáles son sus reglas inquebrantables al bailarlo.

Los danzoneros gozan de la mejor salud posible y, aunque algunos todavía opinen que es un baile de “viejitos” o de “tugurios”, bastaría con asomarse tan sólo un poco al espectacular X Encuentro Nacional de Danzoneras convocado por el Centro Nacional para la Investigación y Difusión del Danzón (CNIDDAC), con el apoyo de Conaculta, y el gobierno de Veracruz, entre otras instituciones, para darse cuenta de que tanto la música  como el baile empiezan a convertirse —si es que no lo son ya— en una de las manifestaciones híbridas más importantes de la cultura popular en todo el país.

La idea del encuentro, que se realizó en este puerto del 28 al 31 de agosto, fue resaltar la importancia de los músicos dentro del danzón, así como incentivar la creación musical y mostrar el trabajo que realizan las orquestas.  Dentro de ese marco se llevó a cabo el Primer Coloquio de Evolución del Danzón, en el Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC), en el cual representantes de todo el país expusieron sus puntos de vista del danzón como baile.

Para la ocasión se dieron cita 17 orquestas de danzón, entre las que destacaron Acerina, La Playa, Dimas, Santa Luna y su nueva danzonera, Veracruz, Yucatán, Tres Generaciones, Chamaco Aguilar, Sierra Madre, Actopan, Infantil de Oaxaca, Casquera, Alma del trópico, Felipe Urbán, La charanga del puerto, Alma de Veracruz y la Orquesta de Música Popular Memo Salamanca.

En el danzón, como en una simbiosis, música y baile van aparejados. El danzón se escucha mejor si se baila y además hay un público atento que desde su silla atisba con asombro los nuevos pasos o giros que surgen al calor de Cecilia, Nereidas, La Conquistadora, Masacre, La Barca, Ráscame aquí que me pica, El tercer frente y todas las piezas que se transforman para ofrecer nuevos retos al público.

Para Hipólito González Peña, timbalista estrella de Acerina, el timbal es el instrumento que le da su verdadero color al danzón:

“Desde el inicio, antes de que hicieran las orquestas de viento, usaban el timbal, así lo explica el gran  historiador cubano Fernando de Ortiz. Pero el danzón ha cambiado mucho, muchísimo desde su origen. Fahílde, padre del danzón y autor de Las alturas del Simpson, lo dividió en dos tiempos: el estribillo y la melodía. Posteriormente otros músicos superaron a Fahílde y lo hicieron de tres partes y para la última echaron mano del son montuno.”

—Algunos de los danzoneros afirman que usted les pone trampas con el timbal.

—(Enojado) ¡Qué va! Los bailadores tienen una terminología muy propia. Mire, le llaman danzón lírico a ciertas piezas, cuando el término correcto sería empírico. Ellos han hecho sus normas, pero tiene su estructura. Hacen remates y lo que ellos hacen no necesiariamente coincide con lo que hacemos nosotros. Su terminología y la nuestra no coincide.

“Lo que pasa es que para saber bailar bien danzón se tiene que entender la música. En el danzón un compás de 4/4  tiene dos tiempos débiles y dos fuertes. Terminar una frase en un tiempo débil no es una trampa. Somos músicos serios y no echaríamos a perder un danzón con una cosa así.

“Nosotros somos herederos de los teatros musicales de Yucatán. Acerina mete más metales y conserva el timbal. Su arreglista Ponce Reyes había estudiado con Julián Carrillo, que nada más y nada menos es el creador del sonido 13. Así que yo pienso que Ponce investigaba y hacía sus experimentos que siguen vigentes.”

Ejecutante con alrededor de 50 años de experiencia, González Peña se inició cantando en la escuela de música sacra de Tultepec. Estudió la carrera de percusionista en el Conservatorio Nacional de Música y posteriormente aprendió también a tocar la bateria.

“Mire, regresando a lo de las trampas, si usted ha escuchado a la orquesta La Playa y baila danzón, de antemano sabe que ellos sólo hacen una vez el montuno del final. En Acerina, por tradición, siempre repetimos el montuno. Cuando quiera venga al salón donde tocamos y le enseño con partitura en mano cómo es la cosa.”

Los que bailan

Conferencias, talleres, mesas redondas y hasta discusiones subidas de temperatura fueron parte del Primer Coloquio “Evolución del Danzón en México”.

Con invitados de Baja California Norte, Ciudad de México, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, el coloquio estuvo meneado frente a la discusión de cómo academizar el danzón, cuántas metodologías existen y en qué consisten. Cómo organizar eventos con el danzón como eje temático, las implicaciones de los concursos, reglas que deben de seguir los jurados. Análisis de las nuevas tendencias del danzón como baile de salón.

Además, se destacó la búsqueda de nuevos recursos escénicos para los que llevan a cabo el danzón coreográfico y se puso sobre la mesa la problemática de comercializar o no, el danzón.

En el encuentro destacó la presencia de profesionales de alto rango del danzón como Dolores Moreno, Arturo Ugalde, Arturo Sánchez El Capullo. Armando Sanchéz El Suavecito, Miguel Ángel Vázquez, Fredy Salazar, Fernando Gasca, Maru Mosqueda, Irving Medel, Anaid Chávez, Miguel Ángel Cisneros y Carlos Mizuno, entre otros.

Durante cuatro días hubo danzón popular en La Plaza de Armas y el parque Zamora. El callejón Toña la Negra, ubicado en el legendario barrio de la Huaca, parecía un enclave cubano con casas de colores y la gente sacando las sillas de su casa para estar más a gusto en “la gozadera”.De forma paralela se llevaron a cabo tres bailes en el salón Reinas, del Club de Leones de Veracruz.

Para Miguel Ángel Zamudio, fundador del CNIDDAC y responsable de haberle dado empuje al movimiento danzonero en todo el país, el encuentro de danzoneras “sirve también como un espacio de intercambio y convivencia entre músicos y bailarines y aficionados al danzón, quienes a través de la socialización y la convivencia contribuyen a preservar esta tradición”.

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