“Es difícil que Victoriano Huerta sea redimido”: Miguel Enríquez
En el centenario de su derrocamiento, que se cumple hoy, el general y expresidente de México que mandó asesinar a Madero y a Pino Suárez en 1913, aún posee una carga histórica en su contra
CIUDAD DE MÉXICO, 15 de julio.- Victoriano Huerta (1850-1916) murió fuera de México. Está enterrado en el exilio, en una tumba olvidada, polvorienta, del Panteón Evergreen, en El Paso, Texas (EU).
Huerta, quien obtuvo el grado de general brigadier y llegó a ser presidente de México, es una de esas figuras políticas con tal adversidad y sin ningún hecho que lo encamine a la redención histórica: la manera en que aniquilaba a sus enemigos le valió el mote de El Chacal.
Hoy, hace 100 años, José Victoriano Huerta Márquez fue extirpado de la silla presidencial de la que se apoderó a sangre, fuego y traición durante 17 meses, entre el 19 de febrero de 1913 y el 15 de julio de 1914. Su objetivo era superar a su ídolo, su jefe, el general Porfirio Díaz.
“Es muy difícil que Huerta sea redimido. Tiene una enorme carga histórica en contra; siempre se le va a señalar por haber mandado a asesinar a Francisco I. Madero, a Belisario Domínguez, personajes muy, muy buenos de nuestra historia”, afirma en entrevista el museógrafo del Museo de la Revolución Mexicana, Miguel Enríquez.
El 19 de febrero de 1913, Huerta capitalizó el plan de los generales Félix Díaz (sobrino del ex presidente Díaz), Manuel Mondragón, Aureliano Blanquet y Bernardo Reyes, para derrocar al presidente Francisco I. Madero. Huerta hizo creer al mandatario que estaba al margen de la conspiración, que le era leal, y el chihuahuense le creyó.
Los conspiradores, con la ayuda del embajador de Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, tenían el plan de que el sobrino de Porfirio Díaz llegara a la Presidencia, pero Huerta se les adelantó.
Ese 19 de febrero, el canciller Pedro Lascuráin le pidió a Madero y a Pino Suárez que firmaran sus renuncias. En un mendrugo de papel y con lápiz, los mandatarios renunciaron. Lascuráin se convirtió en Presidente y nombró a Huerta secretario de Gobernación. Cuarenta y cinco minutos después Lascuráin es ex presidente de México, y Huerta Jefe del Ejecutivo.
Con el control del gobierno, Huerta protestó en la Cámara de Diputados. Cuatro días después, Madero y Pino Suárez no son conducidos ante el procurador, como debía ser, ni a la prisión, sino a la muerte, que ordenó Huerta.
Tierra de alacranes
Huerta nació en Colotlán, que en huichol –pueblo al que perteneció este general jalisciense– quiere decir “tierra de alacranes”. Murió el 13 de enero de 1916, en El Paso, Texas, lugar en el que montó un cuartel general, desde donde planeaba invadir México para regresar al poder.
Desde su autoexilio, Huerta anduvo a salto de mata. Salió el 15 de julio de hace cien años de la Ciudad de México hacia Puerto México (hoy Coatzacoalcos); cinco días después, el 20 de julio abordó el vapor alemán Dresden, con destino a Jamaica, y empezó su viaje sin retorno.
En Kingston, el usurpador se trepó al barco de vapor Patia, de la United Fruit Company, con destino a Bristol, Inglaterra. Llegó a Londres, desde donde viajó a Barcelona. Se trasladó a Madrid en busca de apoyos, que no tuvo. Y se fue a vivir a Barcelona.
Hasta tierras catalanas llegó el capitán alemán Franz von Rintelen. Este militar, al servicio del gobierno alemán, conocía las ambiciones de Huerta. Y, como Alemania sabía que Estados Unidos intervendría en la Primera Guerra Mundial, quería tener un aliado en el continente americano y qué mejor que el vecino del sur de la Unión Americana.
A nombre del káiser Guillermo II, Von Rintelen le ofreció apoyo financiero para su retorno a México. Con el compromiso alemán, Huerta viajó a Nueva York y de ahí a El Paso, Texas, desde donde pretendía asaltar el poder.
Los primeros 16 años de muerto, los restos de Huerta estuvieron en otro panteón texano, el Concordia, a unos tres kilómetros del Evergreen.
Huerta fue un hombre fiel a las órdenes de presidente Porfirio Díaz, aunque su protector había sido Bernardo Reyes. Fue enviado por Díaz a varias misiones, entre ellas la llamada Guerra de Castas, en Yucatán; reprimió a los yaquis en Sonora; en 1910 intentó aniquilar al general Emiliano Zapata en Morelos.
Fue Huerta quien escoltó a Porfirio Díaz en la travesía por ferrocarril desde la Ciudad de México hasta el puerto de Veracruz, donde el general abordó el Ypiranga, que lo llevó al exilio en París, el 31 de mayo de 1911.
El Ypiranga los une
El Ypiranga, un buque de vapor alemán, también entrelaza la vida de Huerta y Díaz. Ese buque, de 8 mil 103 toneladas, que navegó hasta 1950 y que en sus 42 años de existencia surcó los mares con su nombre original, Ypiranga, y luego con otros tres distintos: Assyria 3, Colonial y Bisco 9, es protagonista de la historia de México en dos momentos: 1911, el exilio de Díaz, y 1914, cuando trajo a México un cargamento de armas encargadas por Huerta, que estaba en Nueva York, pero que prácticamente le dieron la vuelta al mundo para poderlas traer a México.
Con esas armas, Huerta buscaba combatir a los constitucionalistas y a los rebeldes, como Emiliano Zapata y Francisco Villa y buscar perpetuarse en el poder.
Fue el viaje número 26 en la ruta Hamburgo-Veracruz, cuando el Ypiranga estuvo por segunda vez en aguas mexicanas. La lucha revolucionaria estaba en su apogeo cuando este barco cargaba 100 mil balas calibre 30; 4 mil cajas de cartuchos de 7 milímetros; 250 cajas de cartuchos calibre 44; 500 cajas de carabinas, mil cajas de carabinas 14/30, y 20 ametralladoras. Todo ello pesaba 500 toneladas y su costo era de 607 mil dólares, según Michael C. Meyer, en su libro The arms of the Ypiranga.
De acuerdo al texto de Martha Strauss Neuman, La mano extranjera en el gobierno y exilio de Victoriano Huerta, 1913-1915, en septiembre de 1913 Huerta se embarcó en una situación que provocaría la intervención norteamericana siete meses después y precipitaría su caída del poder. Su cómplice en esta empresa fue León Raast, vicecónsul ruso en la Ciudad de México.
El diplomático soviético –dice Strauss en su texto– aceptó dirigir y coordinar el contrabando de armas desde Estados Unidos; sus instrucciones originales especificaban el pago y transporte de un cargamento ya almacenado en Nueva York, que había sido negociado por Abraham Ratner, otro agente huertista. Pero antes de cumplir su misión, Raast recibió un telegrama de Huerta para que aumentara la cifra del cargamento.
El transporte del armamento corrió a cargo de la Gans Steamship Line. Gans, presidente de la compañía, aceptó consignarlo a Raast en Odessa, Rusia, ya que no correría el riesgo de enviarlo directamente a México.
Armas
Huerta solicitó, a través de sus agentes, armamento a Estados Unidos para apoyar sus planes.


