El Blue Monday en México y la resaca emocional de un país endeudado
El Blue Monday no es ciencia, pero el cansancio, la cuesta de enero y la presión sí lo son. En México, el “día más triste del año” se vuelve un espejo social: no se trata de un lunes, sino de una temporada emocional donde el cuerpo paga lo que el calendario exige.

Enero no empieza. Enero embiste.
No es solo el regreso a la rutina ni el calendario cayendo como una persiana metálica sobre la cara. No es únicamente el frío en la mañana y la luz que parece llegar tarde. Es, sobre todo, una sensación colectiva difícil de nombrar: una mezcla de cansancio, deuda y presión que se instala en el cuerpo como si fuera parte del clima.
Ese malestar ha encontrado un nombre internacional: Blue Monday, la etiqueta con la que se nombra —cada tercer lunes de enero— al “día más triste del año”. La fórmula, sin embargo, no tiene respaldo científico serio. El concepto nació del marketing, y aun así se volvió útil: no por exactitud académica, sino porque describe una experiencia real.

En México, el Blue Monday es menos un diagnóstico emocional que un espejo social. Lo que duele no es un lunes en sí: lo que duele es la cuenta, el regreso, la expectativa. Es el recuerdo reciente de diciembre —fiesta, familia, gasto— chocando contra enero —cobro, tráfico, pendientes, recorte— como si fueran dos países distintos compartiendo el mismo cuerpo.

Porque el cuerpo lo registra todo: la presión económica, el desvelo acumulado, la ansiedad del inicio, la sensación de que el año apenas comenzó y ya llegó con exigencias.

Y entonces aparece esa frase que suena a meme, pero es verdad: no estás triste, estás en enero.

En redes, esta conversación se traduce en humor: frases que funcionan como confesión colectiva (“Enero dura 84 días”), ironías (“Mi motivación se fue con el aguinaldo”), resignación (“Ya me cansé y ni empecé”).

La risa no es frivolidad. La risa es supervivencia emocional. Es el idioma con el que millones convierten la presión en algo compartible: si no lo puedo resolver, al menos lo puedo nombrar.

Bajo la etiqueta del Blue Monday conviven, además, formas distintas de desgaste: el cansancio físico, el estrés laboral, la saturación informativa, la deuda doméstica, la presión de productividad. Una tormenta perfecta donde el problema no es “ser débil”, sino estar viviendo demasiado en modo exigencia.

Quizá por eso el Blue Monday pega tanto: porque no necesita ser ciencia para ser experiencia. Y en México, la experiencia de enero no se siente como una semana del calendario, sino como un mes que pide pruebas de resistencia.
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