Crónica desde Alemania: ¿Es la burocracia igual aquí y en México?

Mientras espero en una sala del Ausländerbehörde, oficina encargada de dar visas a los extranjeros, espero a que prolonguen mi visa de estudiante y así es el proceso

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BERLÍN.

Escribo esto mientras espero para prolongar mi visa de estudiante. Estoy sentado al interior de una sala en el Ausländerbehörde, el término que usan los alemanes para la oficina encargada de dar visas a los extranjeros.

Llevo casi cinco horas de espera desde que llegué a apartar mi lugar a las 05:45 de la mañana, la mayoría de los estudiantes, hambrientos y desvelados que estaban durmiendo (y que llegaron antes que un servidor) ya se fueron a disfrutar de algo mejor. Por ahora sólo quedamos algunas almas solitarias que por falta de suerte, ignorancia, o desidia, han tenido que aventurarse a hacer este trámite dantesco sin previa cita (algo que es muy común debido al número de estudiantes que llegan a Berlín todos los días y que no alcanzan una reservación en meses). Algunos más precavidos, claro, pudieron reservar un lugar por internet con mucha anticipación y obtener su permiso de residencia temporal en un par de horas. Por lo pronto para nosotros, habrá que esperar a que el café de máquina haga un mínimo efecto y matar el tiempo en la mejor forma posible.

Digo todo esto en tono irónico; la verdad es que los alemanes son demasiado generosos, especialmente con la gente joven. Si uno viene a estudiar aquí se da cuenta rápidamente que la burocracia germana está en la lista de los peores padecimientos para cualquier millennials (quizás a la par de no tener una conexión a internet, ¡y peor tantito cuando hay que pelear con las dos al mismo tiempo!). Pero a pesar de todo, debo decir no hay nadie que haya conocido hasta ahora que haya muerto sacando uno de estos trámites.  Y es que siendo muy honestos, cuando uno considera que la educación superior es gratuita en gran parte de este país, que los estudiantes gozan de una cantidad bárbara de rebajas, descuentos y subsidios (además de transporte público gratuito dentro de la capital), quejarse por el papeleo que uno debe de hacer para disfrutar de todas estas facilidades es cinismo puro; y más cuando tantos estudiantes extranjeros le sacan provecho a las universidades alemanas, que por cierto corren a cargo–o por lo menos en parte–de los contribuyentes alemanes.

En defensa de los quejosos debo admitir que muchos de estos trámites pueden ser una auténtica pesadilla, que muchas veces requiere sacar demasiados documentos, hacer múltiples viajes, desvelarse y escuchar una que otra historia de terror. Aquí, contrario a lo que uno ve frecuentemente en los Estados Unidos, muchas veces faltan señalizaciones y traducciones “for dummies” para que hasta el más desubicado sepa dónde, cómo y cuándo tiene que hacer lo que tenga que hacer. Algunos papeles son repetitivos y poco claros, pero tal y como pasa con los políticos, no conozco a nadie que hable bien de los burócratas en su país. Cualquier burocracia tiene lugar para mejoras, y todas operan (o eso dirán) con muy poco presupuesto para cumplir su objetivos, incluso en culturas que resaltan por su eficiencia.

Sin embargo, lo que llama la atención es que el sistema funciona con todo y sus defectos; y creo que la clave es la poca corrupción que hay en la burocracia alemana. Aquí, en las (ya) 6 horas que llevo esperando se le ha tratado a toda persona por igual y todos han salido con o sin su trámite dependiendo de haber cumplido los requerimientos para la visa o no. Las oficinas para entrevistas personales están abiertas y todo el proceso parece ser bastante transparente, hasta ahora puedo decir que no he visto el menor indicio de corrupción en esta oficina, por lo menos no  entre los trabajadores y los aplicantes, cosa que en otros países es parte medular del sistema.

Un sinfín de estudios han probado que la corrupción es uno de los mayores lastres para el crecimiento económico, y con esto no sugiero que todos los trámites en México o en países en vías de desarrollo requieran forzosamente de una “ayudadita” o moche para proceder. Claro que hay algunas dependencias o ministerios que permiten hacer trámites transparentes en nuestro país, pero lamentablemente la norma que impera ahora es que la corrupción es omnipresente y que sigue costando mucho a México y a América Latina. El estado de derecho, la justicia y la transparencia son elementos clave para cualquier nación que aspire al desarrollo. La burocracia alemana está llena de defectos, pero la poca tolerancia a la corrupción en el sector público me parece algo digno de aplauso; bien haríamos los mexicanos en exigirle lo mismo a nuestras instituciones.

gak