¡Rifadas! De ellas son las manos detrás del barro rojo de Oaxaca
Orgullosas de sus tradiciones, Emerenciana y un grupo de mujeres de su comunidad formaron la asociación Mujeres Emprendedoras de Tlapazola, A.C
CIUDAD DE MÉXICO
Cazuelas, vasos, jarros, platos y más utensilios de cocina hechos de barro rojo son tradicionales de las cocinas mexicanas. Detrás de ellos están las manos de mujeres como Emerenciana Aquino Martínez, originaria de San Marcos Tlapazola, una comunidad zapoteca cercana al Valle de Tlacolula en Oaxaca.
“Las artesanías de barro rojo nosotras las hacemos a pura mano y el barro rojo lo extraemos debajo de la tierra, en el cerro. Para llegar ahí tenemos que caminar como tres horas aproximadamente”, comenta Emerenciana.
Van a pie porque en el cerro no hay caminos ni siquiera para que pasen los animales, menos un transporte.
“Tenemos que sacar el barro y traerlo en la espalda”, agrega.
Las artesanías de barro rojo son un trabajo ancestral, heredado de generación en generación. Emerenciana cuenta que desde los 12 años ella se dedica al barro, pero aprendió desde muy niña, le enseñó su mamá, quien aprendió de su abuela.
“La parte que más me gusta es cuando estoy moldeando una pieza, en mis manos lo que yo siento es mucho amor, la verdad, porque yo amo mucho mi trabajo. Cuando alguien se lleva una de mis piezas se lleva la mayor parte de mi vida, al barro yo le dedico mi cariño y mi respeto”, comenta.
Sobre la técnica, otro de los puntos que hace especial a estas artesanías es el horno en el que se cuecen las piezas.
“Es un horno movible, nosotras mismas lo armamos en el suelo. Ponemos leña, luego una especie de parrilla y luego las piezas. Encima ponemos mucha leña para que las piezas lleguen a los cien grados”, explica la artesana.
Aunque para algunos citadinos y sobre todo para los turistas, sus piezas tienen un uso meramente ornamental, para ellas son artículos de uso diario en la cocina.
“Las ocupamos para poner el frijol, para hacer una comida, para el agua. Preferimos el barro porque saben más ricas las comidas”, asegura Emerenciana.
Para el pueblo de San Marcos Tlapazola el barro rojo es uno de sus dos tesoros, el otro es su lengua.
“La verdad el zapoteco es lo más hermoso que tenemos, es una riqueza saber hablar zapoteco y un poco en español. Es una herencia de nuestros antepasados y en San Marcos no se ha perdido ni la vestimenta, desde niña ya tienes tu mandil, tu vestido y tu rebozo”, señala.
Orgullosas de sus tradiciones, Emerenciana y un grupo de mujeres de su comunidad formaron la asociación Mujeres Emprendedoras de Tlapazola, A.C., que cada julio hacen una feria de barro rojo en su pueblo y durante todo el año buscan ser invitadas a ferias de artesanías para que las personas conozcan su trabajo.
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