Entre las nubes: La Torre Latinoamericana, vigía sexagenaria
Esa área donde hoy se erige siempre majestuosa la Torre Latinoamericana, eran durante la época prehispánica los terrenos donde Moctezuma resguardaba animales en cautiverio que servían como alimento para otras criaturas
La Torre Latinoamericana es una de las superestructuras más sólidas alrededor del planeta. Su inauguración en 1956 representó un hito en la historia de la arquitectura mexicana.
Lo que hoy es el predio que conforman las esquinas de Francisco I. Madero y el Eje Central Lázaro Cárdenas, lugar que alberga la Torre Latinoamericana, uno de los edificios de mayor altura y tradición del paisaje urbano del Centro Histórico de la Ciudad de México, eran durante la época prehispánica los terrenos donde Moctezuma resguardaba animales en cautiverio que servían como alimento para otras criaturas, en especial se conservaban aves de diferentes especies.

En 1524, durante el proceso de conquista de los castellanos en territorios mesoamericanos, el predio en cuestión formó parte de las propiedades de Hernán Cortés. Allí se construyó el Convento de San Francisco, recinto que sirvió como uno de los ejes primordiales de la evangelización en la Nueva España.
Posteriormente, una construcción de dos pisos en la zona albergó oficinas, tiendas y hasta boticas. A finales del siglo XIX, allí se instaló el consulado de Estados Unidos, entre otras empresas de renombre de la época. Ya en 1906, la recién fundada compañía de seguros La Latinoamericana se estableció en el amplio edificio de dos pisos, predio que adquirió en 1930 para más tarde instaurar su sede principal en el sitio.

Tras poco más de 40 años de vida, la empresa al mando de Miguel S. Macedo y José A. Escandón, planteó la construcción de un edificio corporativo de grandes proporciones que diera identidad a su organización mediante un santuario a la modernidad. Los trabajos de construcción de la obra iniciaron en 1948.
El proyecto estuvo a cargo del ingeniero Adolfo Zeevaert y su hermano Leonardo, mientras que el diseño corrió a cargo del arquitecto Augusto Álvarez, quien concibió un inmueble innovador en estética con base en materiales como el acero, cristal y aluminio para el aspecto de las cuatro fachadas.

Augusto Álvarez.
El tridente creativo logró plasmar sus ideas en un edificio de gran altura de 44 pisos con una antena que representan un poco más de 181 metros de altura soportados por 361 pilotes en forma de punta enterrados a 34 metros de profundidad sobre terreno firme del manto acuífero de la ciudad.

Leonardo Zeevaert
Tres sótanos bajo suelo sobre los que emerge una superestructura de acero proveniente de la empresa McClintic-Marshall, de Estados Unidos, misma donde se fabricó el acero para la construcción del emblemático rascacielos Empire State Building. Todo eso constituyó una tecnología antisísmica no vista hasta ese momento que ha mantenido en pie la estructura de la Torre Latinoamericana después de resistir a la intensa actividad sísmica de la zona.

Finalmente, el rascacielos más grande construido fuera de Estados Unidos fue inaugurado el 30 de abril de 1956. Las páginas de Excélsior definieron a la Torre Latino como “El primer edificio dinámico en el mundo” o “Una construcción del nuevo mundo”. Poco más de 25 mil toneladas de peso tiene la gran edificación que surgió para redefinir el centro de la ciudad.

Una de las construcciones más vanguardistas del país, cuyo diseño cúbico en la parte posterior sostiene una torre elevada que remata con una antena al final de la edificación. La obra sobresalió por el uso de materiales y por el avanzado sistema antisísmico implementado debido a la debilidad del suelo del primer cuadro de la capital.

Hoy en día la Torre Latinoamericana cuenta con un sistema de elevadores renovado, se han remodelado algunas zonas en su interior y cuenta con un restaurante, cafetería, así como el mirador en la parte alta. Muchos de sus pisos son ocupados como oficinas y corporativos de diferentes compañías.
En la década de los noventa fue declarada Patrimonio Monumental de México, por lo que, sus trabajos de remodelación han tenido que ser supervisados. Además, la fachada no puede someterse a cambios profundos debido a su carácter de histórica para la ciudad.

Elevadoristas, turistas, ejecutivos y trabajadores han dado vida a la imponente mole de acero que sobresale entre el paisaje urbano y arbolado de una de las ciudades más grandes del mundo.

UN CARRILLÓN
Unos meses después de la inauguración oficial de la edificación, se instaló un carrillón con la finalidad de que este emitiera melodías en determinados momentos de día para acompañar la marcación de la hora del reloj de La Torre Latino.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
El conjunto de campanas fue dado a conocer en un evento al que asistieron diferentes personalidades, entre ellos los hermanos Zeevaert, el jefe de publicidad de El Periódico de la Vida Nacional, autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, entre otras personalidades.
“En el primer cuadro de nuestra ciudad, el igual que en las demás grandes capitales del mundo, podrá disfrutarse desde ahora con la musicalidad de las “Campanas Carrillónicas”, que han sido instaladas en el imponente edificio de la Latino Americana, de la esquina de Madero y San Juan de Letrán”, publicó Excélsior.
INCIDENTES
Tres años antes de su inauguración, la Torre Latino sufrió un incendio en los últimos pisos ocasionado por un cortocircuito. Los trabajadores trataron de detener el fuego desde las alturas. Por su parte, los bomberos desde la parte baja hicieron todo lo posible por alcanzar las llamas.
Después de algunas horas de trabajo, el incendio se extinguió. Para ese momento un numeroso grupo de personas ya se habían dado cita atraídos por las llamas que salían del piso 41 dela construcción. Pero esa no habría de ser el único inconveniente que el inmueble ha superado.
A un año de su inauguración un sismo de 7.7 grados azotó a la Ciudad de México. El movimiento telúrico ocasionó graves afectaciones en calles y avenidas, sobre todo de la zona centro. El daño más importante fue la caída que sufrió el monumento de la ‘Victoria alada’, mejor conocido como Ángel de la Independencia, al fracturarse y caer. La escultura tuvo que ser replicada y sustituida un año después. La Torre Latino superó su primera prueba telúrica al no presentar daños en su estructura
Otro terremoto, 8.1 de intensidad, se presentó en 1985. Para el asombro de propios y extraños, el edificio más admirado de todos logró mantenerse firme. Las imágenes de la época muestran a La Latino asomarse desde todo lo alto ante los edificios derruidos en los alrededores.
Recientemente los sismos de 2017 volvieron a poner a prueba la ingeniería del rascacielos. Nuevamente la estructura no presentó problemas para resistir los embates de los fuertes movimientos de las profundidades de la Tierra. Su sistema antisísmico la convierte en uno de los edificios más seguros a pesar de la peligrosa zona en la que está situada.
UNA VISITA DE ALTURA
Excélsior recorrió el interior del emblemático monumento arquitectónico. La guía de ventas y relaciones públicas, Verónica Jaimes, acompañó el recorrido por los lugares más representativos del histórico edificio.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
En el sótano 2, se concentran las plantas de bombeo hidráulico y sistemas eléctricos, ahí trabaja el técnico electricista, Noé Balderas Tenorio, con 29 años dedicándose a la labor de mantenimiento de los equipos que abastecen de agua y electricidad a todos los pisos de la torre para que esta se mantenga en funcionamiento.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
“Aquí se cuida el sistema hidráulico, estar al pendiente de todo el sistema de bombeo, le damos constantemente mantenimiento a las bombas y a las plantas de emergencia. Son tres sistemas de bombeo”, mencionó el trabajador. Además, dijo que su trabajo le ha dejado mucha satisfacción, “estar aquí dentro de la torre que es un edificio ícono de la ciudad, me siento orgulloso de estar aquí”, concluyó Tenorio.
El sótano 1 se utiliza como lugar de desechos y otros usos de higiene necesarios para el sustento del día a día del coloso de acero. Mientras que, el 3, está destinado a bodegas que contienen distintos artículos de operación de la torre.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
Los tres pisos subterráneos han sido sometidos a restructuración y remodelación de equipos a lo largo de los años de vida del complejo; aún pueden verse los vestigios de antiguos aparatos como las calderas que durante mucho tiempo sirvieron para dar vida al sexagenario edificio.
EL MIRADOR

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
Ubicado en el piso 44, el mirador es uno de los espacios más visitados de la Torre Latinoamericana. Desde ese punto se puede apreciar prácticamente toda la ciudad. Los visitantes pueden disfrutar de un una vista panorámica completa al aire libre de los lugares más alejados de la capital.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
“La vista es increíble, hoy que es un día despejado todo es mejor. En las mañanas pueden verse los volcanes, aparte se ve el aeropuerto, la basílica. A mí me gusta mucho esta vista”, expresó Jaimes.
A lo largo de más de sesenta años el mirador ha recibido a miles de personas de todas las nacionalidades que se acercan a admirar el paisaje arbolado de la Ciudad de México desde casi 180 metros de altura.
Como parte de los atractivos que ofrece la torre a sus visitantes está la contemplación de amaneceres en el mirador desde las 6 de la mañana, además, clases de yoga, entre otras actividades.
LOS MUSEOS
En el piso 38 se encuentra el museo de sitio en el que se puede conocer parte de la historia de la capital desde la época prehispánica hasta la construcción del edificio. Reproducciones de mapas, fotos, esculturas, una réplica de la torre y antiguos equipos que han pertenecido a la emblemática construcción, relatan la historia escultórica y arquitectónica del Centro Histórico.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
En la exposición se pueden apreciar los objetos prehispánicos originales que se hallaron durante las excavaciones, una colección de piezas que se han conservado para exhibirse en las exposiciones que están abiertas al público incluidas en su entrada a la torre. Otra pieza sobresaliente es el antiguo carrillón que puede verse al final de la última sala.

Fotografía: Juan Carlos Quiñones.
Por otro lado, el museo del Bicentenario, ubicado en el piso 36, muestra los aspectos generales de la historia de México, especialmente de los periodos de Independencia, porfiriato y Revolución de 1910. El guía Moisés Ríos brindó el recorrido a Excélsior, en el que se conoció la colección de réplicas de documentos históricos a lo largo de 200 años de historia del país.
Entre los objetos más sobresalientes se encuentra una espada, misma que se presume perteneció a Agustín de Iturbide, además de una serie de monedas conmemorativas, tarjetas, cuadros e indumentarias de época, entre otras reproducciones de piezas representativas. Ríos y Jaimes acompañaron el recorrido en todo momento con una amplia explicación de los contenidos de cada exposición.
La celebración del 66 aniversario de la inauguración del edificio más entrañable de la capital se llevará a cabo durante todo el día de hoy, habrá pastel, mañanitas y actividades infantiles, todo incluido en el acceso regular.
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